Popeye

Julio López, 4 de septiembre de 2018

El personaje de cómic y dibujos animados Popeye el Marino fue creado como un intento de las autoridades de hacer descender las cada vez más comunes anemias de hierro infantil. Pero, desgraciadamente, a pesar del notable éxito en el crecimiento del consumo de espinacas que el personaje logró, es falso que las espinacas sean ricas en hierro. La idea de que Popeye comiera espinacas para adquirir una fuerza extraordinaria proviene de un error propagado por el doctor alemán Erich von Wolf, quien al calcular en 1870 la proporción de hierro en las espinacas, quitó sin darse cuenta una coma decimal, multiplicando así por diez el valor real que pasó de 4 a 40 miligramos por cada 100 gramos. El error fue corregido en 1937 por el profesor Schupan, que descubrió que su valor real era solo un poco superior al promedio, pero a esas alturas, la idea ya estaba demasiado instalada en la sociedad.

Como ven, lo de cambiar de sitio la coma de los billetes en bolívares no es una cosa que se haya sacado del bigote el prestidigitador Nicolás Maduro, y lo que sí parece es que el truco va a tener menos recorrido que el del musculoso Popeye.

Leyendo los periódicos del sábado por la mañana, parecía que el editor había querido dar un curso de geografía desglosando todos los males del mundo actual. En Nicaragua, los Ortega no quieren dejar pasar a los enviados de la ONU. En Guatemala, su presidente Jimmy Morales expulsa a la Comisión Internacional contra la Impunidad de las Naciones Unidas. En Venezuela no les dejan vivir dentro del país, y empiezan a machacarles en cuanto intentan escapar a los países fronterizos. En Brasil, acercándose a las elecciones, el líder en las encuestas, Lula da Silva, no va a poder presentarse y, curiosamente, las encuestas se dan totalmente la vuelta si el que se presenta es el siguiente de la lista. En Argentina, los tipos ya están en el 60% y el peso ha pasado de 16 pesos por dólar a 37 en lo que va de año. Como ven, las cosas no pueden ir mejor por Latinoamérica.

En Europa, el panorama no es muy distinto, y dentro de la guerra comercial abierta, incluso se magnifican las cosas (New York Times del fin de semana abriendo con el auge de la extrema derecha en Alemania). La deuda italiana otra vez en el 3.20% por las dudas de cumplimiento de la senda del gasto dentro de las directrices de Bruselas, la lira turca hundiéndose, y el motor de la economía española, el turismo, que empieza a reflejar estancamiento. El escenario no puede dejar de ser de lo más bronco.

Sólo Estados Unidos parece escapar a esta vorágine, con un crecimiento por encima del 4%, con fortaleza del dólar y sin que los tipos de interés parezca que se vayan a ir de forma permanente por encima del 3%.

Si aparte de la lectura obligada de los periódicos, uno tiene el valor de comprarse el último libro de Harari (21 lecciones para el siglo XXI), empieza a leerse los dos primeros capítulos, y a la vez ve el partido del Atleti en Vigo, la depresión alcanza su clímax. Pero bueno, no queda otra que levantarse e intentar poner negro sobre blanco lo que creemos que está pasando en el mundo e intentar pensar qué podemos hacer para “defendernos”. Vamos a tratar de resumir lo que ha pasado en agosto y lo que estamos viendo ahora.

En los mercados financieros, el resumen se puede hacer utilizando una canción de ABBA, “USA takes it all”. Todo el dinero se está yendo a Estados Unidos. La bolsa americana ha conseguido nuevos máximos, mientras que el dinero ha huido de los países emergentes primero, y de Europa a continuación. Se le pueden poner muchos peros a esa subida (está concentrada nuevamente en los valores más grandes, está motivada por las recompras de acciones y basado en un one-off que es la bajada de impuestos) pero la realidad es así de tozuda. Todo el mundo tacha de paleto y neandertal al presidente americano, pero “sus técnicas de negociación” están surtiendo efecto, y está logrando que todos los países que mantienen un superávit comercial con Estados Unidos estén cediendo, y seguramente terminemos por ver en la misma situación a los que por el momento se le resisten (Europa y China). Mientras que la bolsa americana ha subido casi un 3%, el mismo movimiento, pero en negativo, lo hemos tenido en la bolsa europea. Los bancos y el sector automovilístico han encabezado los descensos, y la caída más significativa la hemos tenido en la química alemana Bayer, que se ha dejado un 15% después de que su recién adquirida empresa de fertilizantes americana Monsanto, fuera encontrada culpable de utilizar fertilizantes con efectos secundarios cancerígenos. Casualidad que el veredicto se produzca cuando el accionariado ha cambiado de nacionalidad, y en plena guerra comercial… ¿existen o no las meigas?

El susto principal lo estamos viendo en los países emergentes, y el problema está sobre todo en aquellos que tienen fuertes déficits y la cobertura con deuda de esos déficits en dólares. Son países que han estado basando su crecimiento en incrementos del gasto público financiados con deuda (modelo Podemos) y dándole a la maquinita de imprimir moneda como si no hubiera un mañana. Estas políticas en estos países tienen como factor común depreciaciones de su moneda y subida de la inflación y, como consecuencia última, el empobrecimiento de su población. Otro factor común es la presencia de un líder omnipotente y omnipresente que hace las cosas “perfectamente” pero debe enfrentarse a conspiraciones judeo-masónicas exteriores que impiden alcanzar el Nirvana esperado. Si un inversor extranjero hubiese confiado en Nicolás Maduro cuando llegó al poder y hubiera cambiado un millón de dólares a moneda venezolana, hoy sería sumamente feliz en el paraíso bolivariano, pero en su cuenta corriente habría un equivalente a 3.5 dólares americanos (cálculos reales). Algunos parecen olvidar que cuando se pide un préstamo, los malvados prestamistas quieren recuperar luego su dinero. La deuda en dólares de los países emergentes es de 3.7 trillones de dólares americanos. Cualquier revalorización del dólar acompañada de subida de tipos es una cuenta atrás para que la bomba estalle, en un momento en que los Estados Unidos han dejado ya de pensar en colaborar con el resto del mundo, y ven a todo el mundo como enemigo.

Si miramos los países que han encabezado los derrumbes en agosto tenemos a Turquía y a Argentina. Son precisamente los dos países con mayor déficit por cuenta corriente (más del 20% del PIB) y los que más recurren a la deuda externa. La película en la que se narra lo que pasa en estos países cuando dejan de entrar capitales o empiezan a salir es un remake que ya hemos visto otras veces. Morgan Stanley emitía la semana pasada un informe en el que trataba de poner en cifras las necesidades de financiación de los países emergentes. Lo denominaba ratio de cobertura externa, y se calculaba dividiendo las reservas de divisa de un país por las necesidades de fondos externos a 12 meses (déficit corriente + deuda externa con vencimiento en ese plazo + amortizaciones de deuda a largo plazo). Viene a expresar cuándo se le agota el dinero sin “rescates internacionales” a cada uno de los países, y las cifras son espectaculares. Turquía, Ucrania, y Argentina no llegan a 6 meses. Pero tenemos países dentro de Europa como Polonia y Rumania que no llegan al año.

El siguiente enano que sigue creciendo en Europa es Italia. Los comentarios del ministro de economía de que el déficit se les puede ir por encima del 3% ha vuelto a castigar a la deuda italiana, y la rentabilidad a 10 años se ha vuelto a acercar al 3.2%. Las salidas de capital de Italia han ascendido a 76.000 millones de euros entre mayo y junio. Dicho esto, las encuestas cada vez le dan más apoyo al partido de Salvini. La tendencia en el mundo es cada vez más la autoflagelación. Dadas las tentaciones del gobierno español para imitar alguna de las políticas de gasto italiana, seguiríamos poniendo en cuarentena cualquier intento de comprar deuda española, a la espera de ver cómo se resuelve el otoño caliente que se nos presenta con el tema catalán y los primeros síntomas de desaceleración, que estamos viendo en los datos macro españoles.

Por lo menos mi suegra sigue de vacaciones en Galicia. Dios aprieta, pero no ahoga.

Buena semana,

Julio López Díaz, 04 de septiembre de 2018

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