Dostoievski

Julio López, 17 de enero de 2019

Dostoievski estuvo a punto de ser fusilado cuando tenía veintiocho años y había escrito solo dos novelas, hoy olvidadas. El autor de Crimen y Castigo fue arrestado en San Petersburgo junto a otros cinco revolucionarios en 1849. Todos fueron condenados a muerte por fusilamiento. El 22 de diciembre todo estaba preparado para la ejecución. Tres de los detenidos ya estaban atados a los postes cuando llegó un indulto del zar. La pena fue sustituida por una condena de cuatro años a trabajos forzados en Siberia.

Mientras vemos si llega el indulto a los mercados, en su lucha todavía irresoluta sobre si estamos en un mero rebote (como creo yo) o si lo de finales del año pasado fue una nueva posibilidad de haber comprado barato y que el movimiento continúe hasta el infinito y más allá, quiero alejarme un poco de la vorágine y hacerles partícipes de unas cuantas cosas leídas, que me han llamado la atención.

Lo primero, un artículo publicado en la Revista de Harvard sobre la negatividad de la búsqueda sin pensar mucho más que en la eficiencia. Según el articulista, una excesiva concentración en la eficiencia puede producir efectos negativos y la extensión de negocios super eficientes crea el potencial para desórdenes sociales. Esto sucede porque la recompensa proveniente de la eficiencia es mayor y más desigual que la mejora de eficiencia, creando un gran grado de especialización y un gran poder de mercado para los competidores más eficientes (no tenemos que irnos más lejos que ayer, cuando Netflix se puede permitir subir los precios un 18% después de haber acumulado clientes por su gran calidad de producto, pero también por sus precios de enganche bajos). Una vez reducidos los competidores, vemos la cara oculta de los cuasi-monopolios que “no pretendían ganar dinero, sino hacernos la vida mucho más feliz”. El ambiente de negocio resultante es extremadamente peligroso, con grandes retornos para un pequeño porcentaje de las compañías y de la gente, algo que a medio plazo es insostenible. Como defensa contra este movimiento, el articulista habla de dar más importancia al concepto de resistencia, porque, aunque reduzca las ganancias a corto plazo, dará un ambiente más estable a largo plazo. El mercado sigue una distribución de Pareto (el 20% gana el 80%) en lugar de una distribución Normal. Esto sucede porque los parámetros no son independientes unos de otros. Por ejemplo, el efecto Instagram, por el que cuantos más seguidores tienes más creces, que permite a la gente concentrarse en las cosas verdaderamente importantes de la vida, como disfrutar en tiempo real del cuerpo michelínico y la admirada prosa de Kim Kardashian, desde todas las perspectivas posibles, y poder poner tu reloj en hora cuando se levanta a las 12 de la mañana.

Da algunos datos. En 1966 el ingreso medio per cápita en Cedar Rapids, Iowa, era igual que el de la ciudad de Nueva York; ahora es 37% más bajo. En 1978 Detroit estaba a la par de Nueva York, ahora está un 38% más bajo. San Francisco estaba un 50% por encima de la media nacional en 1980, ahora está 88% por encima. Nueva York estaba un 80% por encima y ahora un 172%

Esto llega también a las empresas. En 1978 las 100 empresas con más beneficios en Estados Unidos generaban el 48% de todos los beneficios; en 2015 generaban el 84%. Esto es debido al éxito de las compañías de la nueva economía. Normalmente, una alta concentración tiende a correlacionar con bajos niveles de competencia, precios al consumo más altos y mayores márgenes.

Se puede ver esta dinámica también en los mercados de capitales, donde las decisiones de los gestores hacen causa común con las de sus mayores accionistas. Funciona de la siguiente forma. Los inversores institucionales aprueban las compensaciones basadas en acciones para los altos ejecutivos. Los ejecutivos entonces toman acciones para reducir la plantilla y los costes en investigación y desarrollo y otros gastos de capital, todo siempre en el nombre de la eficiencia. El inmediato ahorro de costes empuja el cash Flow y hace que suba el precio de la acción. Los perdedores más claros son los empleados que son despedidos, pero también lo son los accionistas a largo plazo, que ven hipotecado su futuro por falta de inversiones. La teoría clásica argumenta que cuando se produce una ganancia competitiva permanente, se dará entrada a nuevos jugadores que limitarán la misma, pero esto asume un mercado mucho más dinámico de lo que es en realidad. Y me llama la atención cómo un analista de un banco español, de esos que están en mínimos históricos en cotización, se congratulaba hablando de la subida de cotización de un banco europeo, por “el ajuste de plantilla emprendido que reducirá considerablemente los costes…”. Aplausos…

Y esa política parece que no tiene muchos detractores. En 2017 los principales directivos del Ibex (recogido de un artículo de El País, pero lamentablemente no he visto la muestra que toma para poder verificarlo) ganaban 97.7 veces el promedio de sus empleados, mientras que los salarios medios en 2017 vuelven a estar a niveles de 2008 (la mediana es incluso más ofensiva). Pero claro, viendo las jubilaciones y remuneraciones acumuladas por los grandes prebostes de las empresas y bancos españoles, y la obtenida por sus pequeños accionistas (BBVA, Telefónica) no puede más que justificarse esta “jerarquización” salarial. Los pobres se lo han ganado, ¿verdad?

Cambiando de tema, lo siguiente en llamar mi atención es un artículo sobre la India. El artículo destacaba que una oferta de 63.000 puestos de trabajo en la empresa de ferrocarriles india había sido aplicada por 19 millones de solicitantes. La cifra es desmesurada, pero lo interesante está a medida que te adentras en el artículo. India, a pesar de su rápido crecimiento económico, no estaba generando trabajos suficientes para su población joven con más nivel de educación. Hay que recordar que, según estimaciones, para 2021 habrá en la India 480 millones de bípedos con una edad entre 15 y 34 años, con el nivel de preparación más alto de toda su historia, habiendo pasado por la escuela más tiempo que todas las generaciones anteriores. El problema es que los niveles de desempleo para esa gente formada son los más altos de toda la sociedad india. Para un desempleo del 5% en toda la India, el desempleo para la gente menor de 25 años era del 16.5%. Si vemos el estudio completo, lo sorprendente es que para ese paro medio del 5%, el paro entre los universitarios era del 16%, entre los que alcanzaban la secundaria alta del 7%, siendo los niveles más bajos de desempleo aquella parte de la sociedad menos formada, llegando a menos de un 2% de desempleo los que no sabían leer. Es aterrador, cuando dedicamos tantos esfuerzos monetarios a la formación de nuestros hijos. En estos casos el precio de colegios, universidades y escuelas de negocios sigue la misma pauta que altos directivos-resto de trabajadores, con unos precios para la educación desorbitados en relación con la recompensa final laboral para los alumnos.

El tercer artículo que quería destacar no deja de ser algo poético. Hay una librería japonesa, Morioka Shoten de Ginza, Tokio, que vende cada semana un único libro. En lugar de proponer un número inabarcable de títulos, se propone uno solo, pero eso sí, dedicándole toda la atención del mundo para conseguir una relación total con la obra. La rodea de charlas con el autor, y exposiciones relacionadas con el tema del libro. No deja de ser un oasis y un golpe de aire fresco en este mundo imperativo de la cantidad y el exceso de información. ¡Chapeau! Luego, he leído que hay una librería en Noruega que sólo vende un libro, “El libro del desasosiego” de Pessoa. No sorprende la elección, uno de los cinco libros más impactantes que he leído. La sencillez al poder.

Como decía Epicuro, “nada le bastará a aquel que no tiene bastante con poco”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 17 de enero de 2019

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