Lo que creemos saber

Julio López, 6 de febrero de 2019

En tiempos de fake news, siempre es divertido en las charlas de amigos comprobar que verdades o realidades que imaginábamos intactas, no lo son tanto. El otro día con amigos pudimos corroborar este punto con frases históricas. Por ejemplo, el famoso “ El fin justifica los medios” que todo el mundo atribuye a Maquiavelo, no aparece en ninguno de sus libros, el “Tócala otra vez Sam” de Casablanca tampoco, o la famosa escena del “Ser o no Ser de Hamlet” en el que tenemos la imagen del príncipe danés con una calavera en la mano, tampoco se da (la calavera sale tres escenas más tarde en otro monólogo en un cementerio), o el “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos” que adjudicamos a El Quijote tampoco figura por ninguna parte en la obra del manco.

Siempre me hace preguntarme si tenemos unos buenos pilares para reconocer la realidad de lo que nos rodea o no. Esta semana pasada, sin ir más lejos, cuando uno tiene dudas sobre su visión del mundo, nada mejor que sentarse en el sofá, delante de la televisión o con el IPad sobre los muslos y quedarse tranquilo. Por ejemplo, a uno se le quitan las dudas sobre el Brexit cuando lee los planes del Gobierno británico para evacuar a la reina Isabel II con el resto de la familia real de la isla, en el caso de que se produzca un Brexit abrupto a finales de marzo. El alivio sube hasta altas cotas cuando oyes al ínclito Trump que abandona el Pacto de eliminación de misiles de alcance medio que firmaron Reagan y Gorbachov hace ya 32 años (el maravilloso verano de mi COU). El relajo es máximo cuando aparece el chavalín del bigote venezolano y dice que tiene 50.000 grupos de simpatizantes de la Revolución bolivariana que están entrenados y a los que puede armar en cualquier momento (¿qué pensaría un racista como Simón Bolívar de la utilización de su nombre?). Ya la situación se acerca al nirvana cuando Donald twitea que están a 26 grados bajo cero en Chicago, y que por favor venga de una vez el cambio climático… Respiro hondo, muevo ligeramente los hombros y cierro aliviado los ojos. Todo en paz. Y todos los fondos CTA del mundo a punto de volver a poner máxima posición larga. Me digo, Julio, mira que eres gilipollas por estar preocupado, seguro que el Atleti le mete una docena al Betis…

La verdad es que nos hacemos a todo. El instinto de supervivencia es un gran apoyo. Quizá todo ese exceso de información funcione como un narcotizante que nos hace quitarle importancia a todo. Por ejemplo, ya hace más de un año que llevamos con el tema de las tarifas a las importaciones, y he contado ya 50 de las 52 semanas en que hay “grandes avances” cada vez que se reúnen los equipos de negociación chino y norteamericano. Y como hace mucho que no hablo de ello, y para evitar que mi suegra me lo pregunte los domingos en lo que debería ser la sacrosanta hora de la siesta, voy a intentar plasmar el sindiós que es todo este tema. El amigo Donald es aplaudido en todo el centro de su país por intentar imponer tarifas contra China. ¿Y por qué hace esto? Primero, para reducir su déficit comercial con China. Segundo, para dar soporte a las industrias americanas. Y en tercer lugar, para proteger los empleos americanos e intentar hacer a América Grande de Nuevo (con la soporífera final de la SuperBowl del último domingo se le ha venido el edificio abajo). Hace hincapié en las tarifas, porque otras cosas escapan a su control (los subsidios del gobierno chino, los robos intelectuales o la manipulación del yuan). Este es el mensaje central, pero muy poca gente del público enfervorizado es capaz de ver las derivadas de estas políticas. Lo de los efectos secundarios de cada medida económica, los que sigan regularmente estas epístolas, saben que es uno de mis temas preferidos. Por ejemplo, lo de los déficits comerciales como algo muy negativo. Un ejemplo que todos entenderán si lo llevamos a una escala personal. Si voy al peluquero a cortarme el pelo, yo incurro en un déficit con él (le pago dinero a cambio de un servicio, en vez de un bien, pero como ejemplo sirve). ¿Le puedo reclamar algo por ese déficit? La antigua alternativa era no tenerlo y que me lo cortara mi cuñada, pero uno tiene su dignidad… en conclusión que no tengo que considerarme un perdedor por ir y pagar al peluquero. Hay un intercambio por el que nos favorecemos los dos. En el caso americano, a cambio de su dinero, obtienen productos más baratos que los que tenían antes. No están regalando su dinero. ¿Qué pasa cuando pongo las tarifas a los exportadores? Lo más sencillo es que ese incremento de costes lo pague el consumidor final americano. Si subo un 25% las tarifas al acero importado, lo que hago es subir los costes a la industria americana de bienes manufacturados finales (el automóvil, por ejemplo) y que esta sea menos competitiva a nivel internacional, y puede hacer que en vez de hacer acopio de acero, les resulte más barato comprar directamente bienes finales de países que no soportan el incremento de costes, o trasladar la producción a otros países. Lo de comprar acero americano podría ser bonito, pero la realidad es cruel. No hay capacidad instalada para hacer frente a esto. En la industria americana del aluminio, por ejemplo, se produce tan solo el 13% del aluminio empleado. Total, que hemos incrementado el precio de los coches americanos, lo que llevará a una caída de ventas, a crear tensiones a los concesionarios y empleados y a una contracción de la economía. Si echamos la vista atrás, podemos ver un caso parecido cuando Obama puso aranceles a las importaciones de neumáticos. En 2011, los americanos gastaron 1.100 millones de dólares más que el año anterior por el incremento de tarifas. A cambio, se preservaron 1.200 trabajos en la industria de neumáticos americana. Equivale a casi un millón de dólares por empleado a los que se pagaba una media de 40.000 dólares (48 millones de dólares en nóminas). Creo que las cifras hablan por sí mismas. El daño a la economía en general es mucho mayor y más nocivo. Si por ayudar a los 140.000 trabajadores del sector del acero, causas problemas a los 6.500.000 trabajadores que trabajan en industrias que utilizan el acero como materia prima, estás haciendo un pan con unas tortas. El mismo dilema lo podemos encontrar en todas partes. En unos casos será una industria, y en otro caso será una región dependiente de una industria subvencionada. La elección nunca es fácil, lo que no podemos es presentar casos aislados como si no tuvieran consecuencias en el resto de la economía. Todo son vasos comunicantes, y toda decisión es una elección, hay un beneficiario y un paganini, hay un taxista o un conductor de VTC. Lo que no existen son las opciones gratuitas.  Lo peligroso es cuando las decisiones se toman por conveniencias políticas, o por no tener follones en las calles.

Y si hablamos de política, está arrancando con fuerza ya la campaña americana para las elecciones de 2020. Un año complicado para ser elegido presidente, siete de los últimos nueve presidentes americanos elegidos en años múltiplos de 20, han muerto durante su mandato (se libró de milagro Ronald Reagan, y George Bush todavía alguno duda que hubiese estado vivo alguna vez). Lo curioso es lo divertida que va a estar la elección demócrata. De momento están metiendo en los discursos de campaña, algunos candidatos, la penalización de las recompras de acciones, sobre todo cuando vienen acompañadas de endeudamiento o de despido de trabajadores. Veremos cómo se lo toma el mercado.

Como decía Victor Hugo, “A veces, lo que se pide al cielo, lo concede el infierno”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 06 de febrero de 2019

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