Día de la mujer

Julio López, 13 de marzo de 2019

Theodor Ludwig von Bischoff fue uno de los fisiólogos y anatomistas de mayor prestigio en Europa en el siglo XIX. Una de sus ocupaciones era pesar cerebros humanos, y tras años de acumular datos observó que el peso medio del cerebro de un hombre era 1350 gramos, mientras que el promedio para las mujeres era de 1250 gramos Durante toda su vida utilizó este hecho para defender ardientemente una supuesta superioridad mental de los hombres sobre las mujeres. Siendo un científico modelo, a su muerte donó su propio cerebro para su colección. El correspondiente análisis indicó que pesaba 1245 gramos.        

No podía dejar pasar alguna anécdota que funcionara para el 8-M, no todo iban a ser whatsapps…

Volviendo a nuestra materia, una de las cuestiones que más interesa al inversor minorista, por lo que reflejan los productos que sacan muchas gestoras de inversión, son los dividendos de las acciones. Después del expolio que se le está haciendo al ahorrador vía tipos de interés negativos, éste busca desesperadamente algo que le “rente” y lo primero que un asesor le recomienda son fondos de empresas con dividendos altos. El dividendo está bien. Si miramos la rentabilidad de las bolsas los últimos 100 años, la mitad de esta se debe a dividendos. En un mundo con numerosos ejemplos de beneficios que representan salidas imaginativas de muchos directivos creativos, el tener una entrada periódica de dinero en nuestra cuenta puede ser una prueba de sangre de que los beneficios son reales. Me recuerda mis primeros tiempos de cajero de sucursal, que los días que se pagaba la pensión, con la cola saliendo por la puerta, tenías a muchos jubilados que pedían que miraras si les había llegado la paga, hacían entonces un reintegro por el total de la cantidad y cuando les dabas el dinero, te hacían un ingreso por toda la cantidad. Necesitaban la confirmación de que todo estaba bien. Una compañía que paga un buen dividendo, teóricamente tiene que tener una gran disciplina gestionando su negocio, ya que el pago del dividendo hace que tengan menos caja disponible para quemar en alguna adquisición arriesgada o que suban de categoría los viajes de negocios de los directivos. Sin embargo, como ya venimos advirtiendo desde hace tiempo, los bajos tipos de interés convierten a los dividendos en nuevos ídolos, y parece que si no tienes empresas con altos dividendos no eres más que un especulador sin escrúpulos. El dividendo, que en sí es una cosa positiva, tiene sin embargo algunas derivadas negativas que tenemos que tener en cuenta. La primera, que muchos inversores empiecen a tratar a muchas compañías como si fueran bonos, como si se esperara un flujo constante de entrada, independientemente de la marcha de la compañía. El mantra del dividendo termina por calar en los directivos de muchas compañías que tienen stock-options y les interesa que haya una demanda permanente para sus acciones. Muchas de estas empresas no dudan en endeudarse para seguir pagando el dividendo, y la cosa no se notará mucho mientras el coste de la deuda sea bajo. Este movimiento lo hemos visto en empresas maduras como las petroleras, que a pesar de la bajada de la producción y de los precios del petróleo, han seguido liderando la carrera de los dividendos. Tenemos también el caso de General Electric, que siguió con esta política hasta que la marcha de la empresa le obligó a reducirlo a la mitad y a eliminarlo después. Es una forma épica de liquidar una empresa a no mucho tardar. Cuando tratas las acciones como bonos, haces una asunción que no siempre se revela cierta. Que el precio al que compras será como mínimo al que vendas cuando deshagas tu inversión. En los últimos años, la expansión de múltiplos ha atenuado considerablemente estos riesgos. De hecho, con la posibilidad de que no suban nunca más los tipos de interés, no deberíamos preocuparnos mucho por esto. Pero si no es así, y en algún momento suben, veremos hasta donde baja la marea en muchas empresas.

De los mercados, lo más resaltable es, sin duda, la última reunión del BCE que eliminó cualquier posibilidad de subir tipos de interés este año, y seguramente en este ciclo. El mensaje viene acompañado de nuevas posibilidades de préstamos para los bancos a partir de septiembre. El anuncio es un torpedo en toda regla en la línea de flotación de las entidades bancarias, que verán rebajada nuevamente su línea de ingresos, y volverán a fijarse en la parte de costes. Esto va a provocar, sí o sí, nuevas fusiones en Europa y nuevas eliminaciones de puestos de trabajo (siempre es lo más fácil de recortar). Más allá de los roll-over de la deuda de empresas zombis, el problema lo sigo viendo más en la inexistencia de una demanda de crédito, más que en la necesidad de nuevas ofertas. Se está intentando repetir el mismo patrón que en 2014, cuando se rompió el mecanismo de transmisión de la política monetaria de los bancos a las empresas. Pero el plazo (dos años) y la curva de tipos, nos hacen pensar que la situación no generará los mismos beneficios a los márgenes financieros de la banca. Con la deuda alemana a cinco años al -0.35% y a 10 años al 0.06%, no hay mucho espacio. Los bancos afrontan el vencimiento de hipotecas con tipos más altos, que seguramente no se renovarán con la concesión de nuevos préstamos, con lo que acrecentarán sus problemas en un momento en el que las operaciones financieras (plusvalías por compras de activos anteriores) dan la misma leche que una vaca india. Italia ya está en recesión y Alemania acercándose, a pesar de unos últimos datos de PMIs europeos menos malos que los anteriores. Seguramente todavía crezcamos este año en el entorno del 1% en Europa, pero las cifras para 2020 serán peores. Veremos qué se puede sacar de la manga el BCE esta vez. Esta situación deja dos bandos muy diferentes. El ahorrador sigue con su penalización no interruptus, y los gobiernos financiándose cada vez más barato (el 10 años italiano, a pesar del tamaño de su deuda, de las previsiones de déficit y de su nulo crecimiento, se financia por debajo del gobierno americano).

El resto de las economías del mundo siguen empeorando desde el punto de vista macroeconómico (los mercados, es otra cosa). El viernes pasado tuvimos un mal dato de creación de empleo en Estados Unidos, indicador que hasta ahora estaba navegando bien entre las tempestades. Es un solo dato, y tendremos que ver alguno más para ver si se confirma que ha alcanzado techo el empleo. El indicador adelantado del PIB que publica la FED de Atlanta está situando el PIB americano del primer trimestre en un crecimiento ínfimo del 0.17%. Japón está sufriendo tras tener que subir impuestos y por la debilidad de la economía mundial, que lastra sus exportaciones. Tras 20 años con tipos de interés al cero, no parece que la política monetaria haya aportado nada (aunque algunos siempre dirán que estarían mucho peor si no se hubiera hecho así). China está en plena expansión fiscal y monetaria y puede frenar el deterioro, pero cualquier economista fuera del partido, apunta a que el crecimiento puede estar a la mitad de las cifras oficiales. India de momento se ha salvado un poco, pero seguro que mucho tienen que ver las elecciones de finales de abril. Cuando finalicen, veremos ajustes fiscales y crecimientos menores. En el resto de Asia, empezaremos a ver recortes de tipos para ayudar a la economía (Filipinas, Malasia).

Todo este panorama grisáceo sigue en un segundo plano a la espera de los detalles del acuerdo comercial chino-americano. Yo creo que ya está descontado por los mercados, pero falta concretar si simplemente se renuncia a nuevos aranceles, o también se da marcha atrás a los ya implantados. 

Como decía Ramón Gómez de la Serna, “el amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero”. Veremos qué queda del amor cuando pase nuestro flechazo por la firma comercial.

Buena semana,

Julio López

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