Balzac

Julio López, 8 de mayo de 2019

Honoré de Balzac notificaba así a los presentes la defunción de su tío, el cual le había dejado la herencia de sus bienes: -Ayer al anochecer, -dijo- mi tío y yo pasamos a mejor vida.

Supongo que muchos madridistas se habrán identificado ayer con Balzac. Si pasamos al mundo de la inversión, cualquier inversor que viera ayer el partido de fútbol en Anfield entre el Liverpool y el Barcelona, podría sacar una comparación inmediata con lo que estamos viendo esta semana en los mercados de valores. Una situación de complacencia generalizada que se ve sacudida por un hecho imprevisto. En el Barcelona, la complacencia la da el “Tenemos a Messi” y en los mercados, el papel de Messi lo juegan los Bancos Centrales. Nunca vayas contra la FED es la máxima, pero de vez en cuando se dan situaciones que descabalan todo y dudamos de lo que ayer estaba claro. Hemos llegado al periodo estacional clave del año, con subidas sin apenas pausas en las bolsas mundiales. Hemos visto alcanzar nuevos máximos históricos en los índices americanos, y recuperación significativa en las bolsas europeas. En Estados Unidos la recuperación ha sido generalizada, con la tecnología liderando una vez más las subidas, y con la única pega del sector sanitario. En Europa hemos visto nuevos máximos históricos en tecnología, en el sector del lujo y en el sector del armamento, mientras que en España hemos visto máximos desde la crisis en el sector eléctrico.

Llegado ahora el fatídico mes de mayo del refrán, tenemos que ver en que situación nos encontramos. El parón económico ha profundizado menos de lo esperado y el mercado ha vuelto a entusiasmarse. Nos volvemos a plantear si siguen vigentes los ciclos económicos o si las nuevas condiciones impuestas por los Bancos Centrales han acabado con ellos. Después de 11 años de crecimiento, seguimos pendientes de si se puede estirar más el chicle o no. Como ya hemos comentado otras veces, no hay una regla que fije el final de un ciclo. De hecho, Australia lleva veintisiete años de crecimiento sin caer en dos trimestres consecutivos de contracción. Las valoraciones de las compañías están bastante altas si lo comparamos con sus medias históricas, pero la situación de tipos de interés en negativo en muchos países permite ser más permisivo con las mismas.

Si echamos la vista hacia atrás en la historia, podemos ver las situaciones que han desencadenado recesiones en el pasado, y si nos encontramos próximos a alguna de esas causas. Una de las causas más comunes es una subida de tipos de interés. Si vemos lo que pasó en el último trimestre del año pasado, las expectativas de la FED de subir más lo tipos de interés, cortocircuitó en diciembre y provocó las ventas indiscriminadas de activos, empezando por el crédito y continuando con las acciones. La decisión de la FED de “tener paciencia” frenó este movimiento. No parece que tengamos un nuevo Volcker que suba tipos contra viento y marea. También el riesgo de inflación actual parece estar contenido. No parece, por tanto, que la subida de tipos de interés reales pueda ser una causa desencadenante de una posible recesión. Shocks de oferta en productos tradicionales, como el petróleo, tampoco parecen tener la importancia de antaño, y la incorporación de nuevos países a la oferta de productos mundiales (pensemos en Vietnam, Indonesia, Filipinas, etc.) sigue siendo un freno a la subida de precios en un mercado super competitivo. Esta situación cuasi idílica, podría verse alterada sólo por algún choque de oferta que no percibamos ahora mismo (un deterioro de los factores medioambientales, por ejemplo, que afecte a las cosechas a nivel mundial). Hago un inciso para recomendar el libro “El fatal destino de Roma” de Kyle Harper, que introduce una nueva hipótesis de la caída del Imperio Romano, derivada más del cambio climático y del surgimiento de nuevas enfermedades, que de una cuestión bélica. Tampoco la situación actual de pleno empleo está desembocando en presiones inflacionistas. Los niveles bajos de utilización de la capacidad productiva tampoco parecen alertarnos de desequilibrios entre oferta y demanda.

Nos quedan dos factores históricos que han provocado recesiones. Uno es la salida brusca de capitales de un país (efecto tequila en Méjico, los tigres asiáticos en el 97 o Rusia en el 98). De esto hemos tenido algo el año pasado en Argentina y en Turquía. Normalmente es causado por unos déficits por cuenta corriente disparados, y que son de muy difícil corrección. El único hecho positivo es que parece que son episodios muy localizados y que no se han extendido. No obstante, hay que seguir controlando los niveles de endeudamiento de algunos países, sobre todo cuando esta deuda esté denominada en dólares, para no recordar el escenario de principios de 2016 con la subida de la divisa americana. El segundo factor de recesiones puede ser las malas decisiones de inversión, sobre todo si están financiadas con deuda. Tenemos el ejemplo de las empresas de internet en el año 2000, o la inversión inmobiliaria en Estados Unidos en 2007. Esta es la que más nos ha preocupado en estos años. Estamos en pleno boom de inversión en empresas de la denominada economía colaborativa (Uber, AIRBNB, Takeaway, Blablacar) que de momento no reflejan beneficios en sus cuentas, pero que están concentrando grandes cantidades de dinero. El apellido tecnológico sigue actuando como imán para el dinero, y no parece que todos puedan ser ganadores. La presencia de dinero barato parece hacer infinita la rentabilidad de cualquier inversión, y la gente no discrimina mucho, tirándose a cualquier cosa que les haga huir de los tipos cero.

La siguiente pregunta que nos hacemos es, si a pesar de todo llega la recesión, si tenemos las herramientas suficientes para combatirla. Y ahí, el tema va por barrios. Si en la recesión de 2008 había clavos a los que agarrarse (tipos de interés con amplio nivel de bajada, situación de los balances públicos mucho más saneada) la situación actual dista de esas consideraciones. Hay países con grandes posibilidades de aumentar su demanda (Alemania) pero otros más apretados, como estamos viendo sobre todo en Italia, y en menor medida en esta España mía esta España nuestra, con deuda sobre PIB del 100% y desempleo por encima del 13% creciendo en niveles por encima del 2.5% y con unos niveles de ahorro en mínimos. Como nota positiva, tenemos niveles de endeudamiento de las familias que se han corregido extraordinariamente.

En definitiva, en mi opinión, vamos a empezar en zona de turbulencias que veremos cómo se gestionan. ¡A lo mejor, hasta hemos encontrado la piedra filosofal tanto tiempo buscada que transformaba el plomo en oro, y como Scarlata O´Hara nunca más volveremos a pasar hambre!

Buena semana,

Julio López Díaz, 08 de mayo de 2019

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