Club de golf de Richmond

Julio López, 29 de mayo de 2019

Durante los primeros bombardeos a Inglaterrra durante la II Guerra Mundial, uno de los lugares perjudicados fue el Club de Golf de Richmond, a menos de diez millas del centro de Londres. Al parecer, después de la destrucción del edificio de la lavandería del club como consecuencia de un bombardeo alemán, se decidió publicar una serie de reglas temporales que serían de aplicación en el club mientras durase la batalla aérea sobre Inglaterra.
 
"REGLAS TEMPORALES DEL CAMPO DE GOLF DE RICHMOND EN 1.940.
 
1.- Se ruega a los jugadores que recojan las bombas y los trozos de metralla para evitar que causen daños en las segadoras de césped.
 
2.- En las competiciones, si se producen tiroteos o mientras caen bombas, los jugadores pueden ponerse a cubierto sin ser penalizados por dejar de jugar.
 
3.- Las posiciones conocidas de bombas de acción retardada están marcadas por banderas rojas a una distancia razonablemente segura de las mismas, aunque no se garantiza que lo sea.
 
4.- Los trozos de metralla y/o de bombas en las calles o en los bunkers que se encuentren a distancia de menos de un palo de la bola, pueden ser retirados sin penalización, y ninguna penalización se aplicará si como consecuencia de la caída de estos trozos alguna bola se desplaza accidentalmente.
 
5.- Una bola desplazada por la acción enemiga puede ser sustituida, y si se pierde o resulta destruida puede ser “dropada” (sin acercarse al hoyo), sin que sea objeto de penalización.
 
6.- Una bola que se encuentre dentro de un cráter puede ser recogida y “dropada” (sin acercarse al hoyo y manteniendo la línea hacia éste), sin sufrir penalización.
 
7.- Un jugador cuyo golpe se vea afectado por la simultánea explosión de una bomba puede jugar otra bola desde el mismo sitio, con una penalización de un golpe."
 
Esto puede estar pasando ahora en los mercados financieros. En el tradicional mes traicionero de mayo, han empezado los bombardeos a las líneas de tendencia alcistas, pero de momento parece que el personal quiere seguir jugando…
 
Confusión de Confusiones es posiblemente el primer tratado escrito en el mundo sobre la Bolsa de Valores y lo escribió el converso judío español José de la Vega en la segunda mitad del siglo XVII. Son unas conversaciones entre un filósofo agudo, un mercader discreto y un accionista erudito. Y sigue estando igual de vigente que hace 350 años. Y la historia no parece que haya variado mucho respecto a lo que podemos ver estos días y lo que hemos visto en este último mes. Primera premisa: No tengo ninguna visión convincente de lo que pueden hacer los mercados, y encuentro argumentos para todos los discursos. Si miro fundamentales y valoración de empresas, veo que los primeros son pobres y las segundas altas. Pero incluso en el tema de valoraciones, se está dando una tendencia universal, pero ya con lecturas extremas: en bolsa está subiendo lo caro y no para de bajar lo que puede parecer más barato. Se compra lo que sube y se vende lo que baja y de momento no se mira mucho más. Si miramos los
 
movimientos del último mes, los índices esconden mucha información. Aunque han caído de media un 5%, tenemos auténticos dramas en algunas acciones. En Europa, por ejemplo. Daimler ha caído un 22%, BMW un 20%, Arcelor un 34% o Continental un 22%. De todo lo que suena a cíclico, la gente está huyendo como si no hubiera un mañana, y esta vez incluso le ha tocado a la parte cíclica de la tecnología que había escapado en ocasiones anteriores, y tenemos a semiconductores como Infineon con caídas del 25%. La gente sigue comprando defensivas (eléctricas, consumo y defensa, valga la redundancia). Cuando se repite esta situación, el inversor siempre se plantea la duda: el mercado puede subir si se recuperan las que han caído por el acantilado o puede bajar si la gente se aleja también de las defensivas. Y esta duda es la lucha titánica entre los dos angelitos que se posan susurrantes en tus hombros. No son el Ello, el Yo y el Superyó. Yo lo llamo la lucha del MED contra el MEF. El miedo de estar dentro contra el miedo de estar fuera. El miedo de perderte un movimiento al alza, y el miedo de no poder salir cuando la bolsa cae. Pero bueno, intentemos poner negro sobre blanco lo que vemos, con todas nuestras dudas e imperfecciones.

Lo más llamativo, sin duda, es la busca desaforada de algo de rendimiento en la renta fija. El 10 años americano está rompiendo ya el mínimo del año del 2.28%, mientras que el 10 años alemán ya está con una tasa negativa del 0.16%. Los bancos, por supuesto, no admiten que deposites dinero, el bitcoin ha subido un 143% desde comienzo de año, y comprar bonos basura de lo que sea es materia común. ¿Hasta dónde puede llegar? Ni idea. Una vez traspasamos la línea roja de los tipos de interés negativos y nos hemos acostumbrado a ellos como una cosa normal, no soy capaz de fijar límites. Si además contamos con que la relación inversa con los precios de los bonos te permite ganar dinero cuanto más negativo, pues a especular…El problema puede venir si realmente entramos en una espiral recesionista. Lo que ahora se compra de forma un poco desesperada, tendríamos que ver qué pasa si empieza a perder grados de calificación y obliga a fondos a vender esas posiciones. Ya lo vimos en 2008 y 2009, no hay demanda. Del tema de las “malas inversiones” obligadas ya hay suficiente literatura para que nos explayemos. Lo que mucha gente parece obviar es que el juego de tipos negativos empieza a desfigurar todas las inversiones con resultados difíciles de prever, y no siempre positivos.

Del tema de flujos nada nuevo. En 2018 las empresas americanas recompraron acciones equivalentes al PIB español. Ha emitido un informe Ned Davis, calculando que si no se hubieran realizado esas recompras, el índice S&P 500 estaría un 19% más abajo de donde se sitúa en estos momentos. Las salidas de fondos de inversión siguen subiendo todas las semanas. Dentro de poco alguien preguntará ¿queda alguien? La ralentización económica y los niveles de deuda deberían limitar el juego que están haciendo muchas empresas, pero quién sabe. Lo que sí demuestra esta práctica es que la gente que dirige las empresas no sabe en qué invertir. Esto puede verse reflejado en que el CAPEX de las empresas de Alemania, Japón y Estados Unidos está en mínimo de cuatro años, igualando los niveles más bajos desde que se salió de la gran crisis.
 
Como ya hemos comentado al inicio, hay un flujo permanente del mercado hacia empresas de las denominadas unicornio (empresas de nacimiento reciente con una valoración superior a los 1.000 millones de dólares). Es un tema complicado de analizar, y yo desde luego no tengo la capacidad para hacerlo. Con la velocidad a la que está cambiando el mundo con el tema tecnológico, es difícil de precisar si te va a tocar el gordo invirtiendo en una de estas compañías o vas a tener un rosco. Son inversiones binarias que yo desde luego no me planteo, pero hay que reconocer que el dinero está yendo a estas cosas, y por tanto, que de momento son los triunfadores de estos últimos años. Entiendo que no se pueden valorar por lo que dicen sus números actuales, porque sólo veo que son quemadores de caja ad infinitum. Por dar un dato, si sumamos las últimas quince IPOS que han salido al mercado en el último año, el acumulado de pérdidas se acerca a los 6.000 millones de dólares y la suma de su capitalización es de 178.000 millones de dólares. Dicho esto, hay que introducir algunas salvedades respecto a lo que pasó en la burbuja de Internet. El número de empresas que salen a bolsa es mucho más pequeño (no se ha inflado tanto la oferta de títulos como entonces), y la vida de estas cuando salen a bolsa es mayor, con lo que tenemos más historia para poder juzgar. Esta moda de inversión tech, tiene su contrapartida en el “desprecio” que estamos viendo por empresas más asentadas en sectores poco glamurosos.

Las expectativas de inflación siguen tocando mínimo tras mínimo. Incluso el petróleo metido de lleno en todos los líos geopolíticos del mundo ha caído más de un diez por ciento en el último mes. Sin embargo, hay algunos factores (no sé si duraderos) que pueden cambiar esta fotografía en los próximos meses. Después de nueve años consecutivos de caídas de los precios agrícolas, estamos presenciando un fuerte rebote en este mes. El año más húmedo de la historia de Estados Unidos, está repercutiendo en unas próximas cosechas malas. Los futuros del trigo han subido casi un 20% en el mes y le han seguido los precios del maíz. Incluso un país tradicionalmente exportador como Australia está importando también por malas cosechas. La última subida fuerte de las materias primas (verano de 2010) fue una de las causas de los disturbios que desembocaron en la Primavera Árabe. Si le unimos los episodios de gripe porcina en China, podemos presenciar algún desequilibrio en los próximos meses. Con estos factores que influirían en una subida de inflación, tenemos que ver el efecto en precios también de la cuestión de los aranceles.

Veremos si somos capaces de acertar para dónde va esto, pero tengo mis dudas. Cuando mi mujer me pregunta si quiero cenar con su madre, siempre acierto a la segunda…

Buena semana,
 
Julio López Díaz, 29 de mayo de 2019

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