Mala pinta

Julio López , 4 de julio de 2019

Coincidiendo con la cumbre del G-20 de Osaka, y las conversaciones en Bruselas para nombrar a los altos cargos que regirán nuestros destinos europeos los próximos años, terminaba de leer un libro absolutamente genial e hilarante, con el que acabas con un auténtico dolor de tripa de tanto reírte. El libro es “Mala pinta”, y su autor es Spike Milligan, al que los Monty Python han considerado algo así como un padre espiritual. El título es un juego de palabras entre la pinta de cerveza y el aspecto o facha por el que se conoce la calidad buena o mala de personas, cosas o situaciones. El argumento es sencillo, en 1924 una imaginaria Comisión de fronteras debe decidir por dónde pasará la línea entre Irlanda del Norte y la recién independizada República de Irlanda. Tienen prisa porque queda poco para cerrar los pubs y todos quieren tomarse su habitual pinta, así que entre todos cogen un lápiz y trazan una línea rápida, que pasa por un pueblo llamado Puckoon al que dividen por la mitad. Pero no sólo dividen el pueblo, sino que también dividen el cementerio del pueblo, con lo que los muertos tendrán que renovar permisos y cruzar una aduana para su descanso eterno o el pub del pueblo, de tal forma que en una parte muy pequeña del pub, el alcohol es más barato que en la otra, por lo que todo el mundo se apila en un espacio diminuto, quedando vacío la mayor parte del local. Es una sátira despiadada de un conflicto como el irlandés, pero que es plenamente vigente para utilizar en conflictos actuales.

Tengo que manifestar mi absoluta ignorancia sobre lo que va a pasar con todos los conflictos que estamos viendo en el mundo y qué dirección vamos a tomar, pero a veces me paro a escribir sensaciones o ideas, quizá sin estar bien articuladas, pero no por ello dejo de reflexionar sobre ello. A veces son como las poesías que escribíamos en tiempos primaverales y que a los pocos días nos causaban un sonrojo virulento diciendo cómo pudimos escribir esas cosas y terminamos por realizar ejercicios baloncestísticos con la papelera. Pero bueno, allá van algunas.

En las relaciones internacionales, los países se guían únicamente por el interés propio, y se alejan de situaciones que pudieran ser más justas pero que supondrían una merma para su posición. Lo que se trata es de maximizar el beneficio propio, camuflándolo con algunas cesiones irrelevantes, pero suficientemente amplificadas en los medios de comunicación. Se trata de aprovecharse de los puntos débiles de los rivales para beneficio propio. En el caso de guerra comercial que nos ocupa, mi sensación es que a pesar de la tregua que se han dado este fin de semana, realmente no vamos a avanzar, y lo único que se conseguirá es ir posponiendo las soluciones más drásticas esperando que sea el “enemigo” el que ceda. En mi opinión, ambas partes saben que acabarán enfrentados y están intentando ganar tiempo para estar mejor preparados. Se ha visto, por ejemplo, los problemas que causa tener la cadena de producción de algunas industrias dependiendo de terceros países. Se le dará una vuelta al concepto de globalización, y los dos países grandes (USA y China) intentarán no depender el uno del otro. Las empresas americanas (aunque Apple haya dicho que va a llevar la producción de sus Mac a China) irán abriendo sus centros de producción en terceros países, ideológicamente más afines y cerrando sus correspondientes en China. China, por su parte, se ha dado cuenta que no puede tener la más mínima dependencia tecnológica de Estados Unidos y acelerará su inversión. Ya podemos considerar a China como líder mundial en inteligencia artificial, y en todo lo relativo a patentes de la tecnología 5G. Mi conclusión es que esta situación terminará por ralentizar el comercio global.

Las políticas de tipos negativos de los Bancos Centrales me tienen completamente estupefacto, pero eso no nos hace obviar la realidad. La van a llevar adelante contra viento y marea, y entonarán himnos exculpatorios y lo presentarán como oráculo del Señor. El que intente razonar y fijar su política de inversión contra esta locura, seguramente le pase lo que a Errol Flynn en “Murieron con las botas puestas”. Venderán el elixir de crecer el pelo, pero no se quedarán para comprobar el efecto en el paciente. Hay algunos temas técnicos que empujan a la ola. Aunque tú tengas constituida una cartera que si mantuvieras hasta vencimiento tendrías pérdidas aseguradas, la valoración en precio hace que siga subiendo el valor de la cartera a precios de mercado. El partícipe no ve motivos de alarma cuando le llegar el extracto mensual. Lo ve crecer mes tras mes. Debe tener cuidado si se analizan un poco esas carteras y comienzan las salidas de dinero en estos productos, las posibles pérdidas por caídas posteriores pueden repartirse entre menos partícipes. El final de la obra teatral todavía no está escrito, pero los autores esperan que les pille ya fuera del teatro. De momento están cambiando el significado de ciertas palabras como ahorro, que está pasando de tener connotaciones positivas a tenerlas negativas. También el concepto de tipo de interés para valorar inversiones. El valor del precio del dinero, en un mundo donde se crean inmensas cantidades de forma mágica y gratuita carece también de importancia. Más allá de ideologías, el chivo expiatorio va a ser el ahorrador medio. La presión fiscal sobre sus ingresos laborales crecerá, y lo que logre ahorrar se lo irán quitando poco a poco de forma subliminar, pero con apariencia legal. Eso de qué el dinero donde mejor está es en el bolsillo del ciudadano, se considerará poco a poco como algo subversivo. Donde mejor está el dinero es realmente en manos del Gobierno. Por eso te cobran por prestarles. Se habla de rebajar los tipos de interés para estimular el crédito y el consumo. Lo que no ven es que mucha gente termina por consumir menos por motivo precaución y porque también tienen menos renta disponible vía ingresos financieros.

 El sector público se convertirá en el mayor empleador del país, creando una relación de dependencia entre votante-empleado y políticos-empleadores. Pero incluso en los poderes públicos, el redundante poder estará más concentrado. La independencia de poderes o el contrapeso entre dichos poderes estará cuestionado. Lo estamos viendo con la supuesta independencia de los Bancos Centrales. Trump ya no esconde que apoyará a los gobernadores que sean más proclives a obedecer sus órdenes. En Europa, una abogada-política se encargará de la dirección del BCE. Para presidir la Comisión Europea se escoge entre bambalinas a alguien que ni se ha presentado a las elecciones. A lo mejor siempre ha sido así, pero ya se hace sin disimulo.

Hemos utilizado muy frecuentemente el símil de navegar en aguas ignotas al hablar de las políticas monetarias heterodoxas que se están empleando en los últimos tiempos. Este año se cumplen los 500 años del inicio de la vuelta al mundo iniciada por Magallanes y terminada por Elcano. Ellos también se encontraron en aguas no navegadas. Eso sí, en el mundo de la gestión que tenemos por delante en este Océano Anti-Pacífico, esperemos llegar a puerto como el segundo, y no muertos en la isla de Mactán como el primero a manos de las tribus cebuanas.

Buena semana,

 

Julio López Díaz, 04 de julio de 2019

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