Leonid Rogozov

Julio López , 3 de septiembre de 2019

Leonid Rogozov acabó sus estudios de medicina en 1954 en Leningrado y en 1960 se unió a una expedición a la Antártida. En abril de 1961, en pleno viaje, comenzó a sentirse enfermo con fuertes dolores en el abdomen y se auto diagnosticó peritonitis. Ante la imposibilidad de regresar en avión y al ser el único médico de la expedición, tomó la decisión de operarse a sí mismo con la única ayuda de un ingeniero y un meteorólogo, que le iban pasando el instrumental y le sujetaban el torso para que pudiera verse el abdomen. Con una solución de novocaína como anestesia, se practicó una incisión de 12 cm y se extirpó el apéndice. La intervención duró 1 hora y 45 minutos y fue todo un éxito, ya que dos semanas más tarde volvió a su trabajo en la estación.

Estamos en una de esas situaciones que, si lo leyéramos en un libro de historia, lo calificaríamos como apasionante, pero que desde la corta mirilla de las pantallas de cotización se parece más a una noche de verano ecuatoriano con manadas de mosquitos saliendo con ánimo de chuparte la sangre.

Hemos tenido un mes de agosto con sube y bajas a golpe de tweet, que se ha frenado un poco la última semana por la esperanza, una vez más, de que el BCE dé gasolina a los mercados. La situación es poco clara. Hay muchos nubarrones por delante, pero parafraseando a Hanna Arendt, la “banalización” de las malas noticias hace que estas pierdan fuerza destructora. En el sobado tema de la guerra comercial tenemos distintos “tiempos” para los contrincantes. Mientras Trump tiene unas elecciones por delante en un año y mucha presión por parte de sus votantes (los estados agrícolas), los dignatarios chinos parecen estar presenciando tranquilamente sentados aquella película de “El sol del membrillo” que dirigió Víctor Erice sobre el pintor Antonio López, y tienen tiempos “más amplios” para encontrar una solución.

Desde el punto de vista del crecimiento global, tenemos pocas dudas que el panorama para el año que viene es sensiblemente más oscuro que el actual. Después de 122 meses seguidos de crecimiento de la economía americana y casi pleno empleo, las posibilidades de estirar el chicle son mucho menores. Otra cosa, es lo que ello conlleve a los precios de los activos financieros. Para este año, comenzábamos el año con una previsión de crecimiento de los beneficios empresariales americanos del 7.6%, estos se han reducido a apenas un 2.3%, pero aun así las bolsas han subido claramente por el efecto expansión de múltiplos.

Tuvimos también la famosa semana de reunión de banqueros centrales en Jackson Hole, pero no he leído nada que pudiera hacer cambiar mi impresión de que están encantados de haberse conocido y que van a seguir haciendo más de lo mismo, con cierto nivel de complacencia que me hace ponerme tenso como perro de caza. La pregunta que me llevo haciendo estos días y que es la clave del Sudoku: ¿las bajadas de tipos de interés son eficaces actualmente para estimular el crecimiento vía demanda agregada? En épocas anteriores de crisis, los Bancos Centrales pudieron bajar casi en cinco puntos los tipos de interés. Eso no lo pueden hacer ahora. Por otra parte, el conocido cliché de dame un préstamo en cantidad infinita al 0%por ciento que te lo cojo, ya no parece funcionar más, y parece que el coste de capital ha dejado de ser tan importante y empezamos a caer en la cuenta de que tener un pasivo barato cuando no hay demanda es también una fuente importante de problemas. Cuando yo compré mi primera casa, el tipo de mercado a 10 años estaba al 14%, pero los recién salidos de la universidad nos lanzábamos sin temor a suscribirlos. Teníamos más “instinto animal” con tipos al 14% que ahora, que parece acojonarnos cualquier cosa. Y dándole una vuelta mayor a la pregunta. ¿Y si no solo no son eficientes las bajadas de tipos, sino incluso contraproducentes? Vemos que las bajadas de tipos tienen efectos perniciosos que quieren ser ocultados en muchos casos. Las entidades financieras dejan de ser transmisores eficientes, disminuye la renta disponible de muchas familias y nos hace echar el freno a todos aquellos que, con un horizonte de jubilación no muy lejano, queremos construir el suficiente colchón para evitar sustos. Tienes que reservar cada vez más dinero y consumir menos. Lo contrario de lo que se busca. Otro efecto pernicioso es la supervivencia de empresas ineficientes, que impide el nacimiento de nuevas empresas más tonificadas. Muchas veces se puede llegar a pensar que los bancos centrales están siendo forzados a mantener los tipos bajos y a imprimir dinero, simplemente para comprar activos financieros y mantener altos los mercados, a la vez que hacen abordables los déficits fiscales de los gobiernos. Pero mantener esta estructura fortalece las fuerzas deflacionistas, que están alimentando a la vez una peligrosa burbuja en bonos. Lo que nos encontramos es que alimentamos los activos sustitutivos de la inversión productiva (inmobiliario, acciones de mercados secundarios, o la propiedad industrial) y hacemos poco atractiva y rentable ésta.

Los Bancos Centrales siguen atrapados en ampliaciones de balances, políticas de comunicación o retocar los objetivos de inflación, pero estas herramientas parecen poco convincentes en el momento actual. El Banco de Japón lleva 20 años intentando subir la inflación y no lo ha conseguido. Europa también parece atrapada en un gran agujero negro, en una gran trampa de liquidez (si no, por qué la gente está dispuesta a invertir en tipos de interés negativos). Quizá es tiempo de cambiar las herramientas y asumir el fracaso en lugar de seguir inflando globos. Con tipos reales en Alemania de casi un 2% en negativo, el seguir avanzando por el mismo camino no parece que vaya a ser muy efectivo. También los efectos que se buscaban en las monedas con las bajadas de tipos (depreciarlas para ganar competitividad y que nos compren el resto del mundo a nosotros) son más fuente de alimentación de conflictos comerciales que de beneficios, en un mundo en el que ciclo económico parece acompasado globalmente.

Si por el lado monetario no veo mucha luz, por el tema fiscal sí puede haber algo que hacer. En el caso europeo hay países, entre los que se encuentra España, con poca capacidad de maniobra, con endeudamientos altos, pero hay otros países como Alemania u Holanda que sí tienen márgenes grandes para implantar políticas fiscales expansivas. Los Bancos Centrales se han creído formar parte de los Vengadores de Marvel, mientras los gobiernos han descuidado sus obligaciones, pensando que con esos super héroes bastaba. Es hora de cambiar un poco esto.

Ya Ambrose Bierce definía la perseverancia como “virtud de poca categoría con la que la mediocridad consigue éxitos ignominiosos”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 03 de septiembre de 2019

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