Rembrandt

Julio López, 4 de octubre de 2019

El problema en la visión, llamado “ceguera estéreo” o “visión plana”, impide a quienes lo sufren percibir sensación de profundidad. A veces es un problema en los ojos, pero la causa puede encontrarse en el cerebro. Un grupo de neurocirujanos de Harvard anunció en 2005 que había encontrado pruebas que explicaban que la genialidad de Rembrandt se debía a que padecía de ojo vago, lo que determinaba que viera el mundo tridimensional de forma plana. Era un problema que se convirtió en virtud, porque le hacía más fácil recrear en el lienzo lo que veía.

Yo debo de tener también un ojo vago, distinto de los integrantes de los bancos centrales porque vemos realidades muy distintas.

Empiezo a escribir con un ojo (el vago) pendiente de las pantallas, que a mí me parecen teñidas de rojo, pero quién sabe... Ayer a primera hora estábamos haciendo nuevos máximos y unas horas de trading más tarde, tenemos a los mercados que han perdido todo lo ganado en el mes de septiembre, con caídas superiores al 5%. Es un síntoma más de lo “líquido” de los planteamientos humanos actuales. Valores por los que el mercado se peleaba ayer un 10% más caros, hoy no hay demanda para ellos. La situación técnica se ha deteriorado bastante y, si ya avisábamos en la carta de la semana pasada que la cosa estaba neutra, con posibilidades de que los mercados se dieran la vuelta, dicho movimiento se está corroborando ahora. Los datos económicos siguen deteriorándose, y empieza a coger fuerza entre muchos jugadores la idea de que puede que la política monetaria no sea suficiente para aguantar los precios de los activos con riesgo. Los valores cíclicos, que habían recuperado desde mediados de agosto, han vuelto a las andadas de forma abrupta. En el mercado americano seguimos viendo acciones muy dispares. Nuevos máximos en grandes multinacionales (Nike, Procter&Gamble) que están alcanzando valoraciones alocadas (24 veces valor empresa respecto a beneficio operativo en el caso de la compañía deportiva), y nuevos mínimos en empresas de energía o de materiales. De momento tenemos los sistemas vendidos y no parece que se vayan a dar la vuelta por el momento. También hay una serie de factores nuevos, que no ayudan a la tradicional locomotora americana. Por un lado, las recompras de acciones son bastante inferiores a las realizadas en los dos últimos años, y además en el lado de la oferta, tenemos que los ejecutivos de empresas americanas van a vender alrededor de 26.000 millones de dólares este año de sus acciones individuales (llevaban 19.000 millones hasta agosto).

Las burbujas de los tipos de interés negativos siguen campando a sus anchas, y cuando se dé la vuelta, va a ser de aúpa. El dinero se ha convertido más en una creación política que económica, alejándonos de las definiciones habituales de depósito de valor o el uso transaccional. La que han montado los sospechosos habituales tendrá sus consecuencias, y ese intento de hacer que la gente coja riesgo, va a dejar escaldado a más de uno. Pero a ellos les da igual. Seguirán teniendo sus salarios públicos mensualmente transferidos a sus cuentas bancarias. Hay gente que toma decisiones, pero no responde de las mismas; es una característica creciente del mundo sobre regulado y burocratizado al que nos estamos encaminando, y requeriría una mono epístola. Cada vez hay menos gente que sufre en su piel las decisiones que toma y eso conlleva que los riesgos de cola aumenten de forma geométrica.

Los Bancos Centrales se están poniendo de acuerdo para mandar soflamas orientadas a pasar la pelota a los Gobiernos, y que se emprendan políticas fiscales que suplanten a las ya casi agotadas políticas monetarias (que en mi opinión han sido también fiscales, por una redistribución de la riqueza). Estas políticas no las puede hacer todo el mundo, pero donde sí pueden hacerse es en aquellos países que tienen superávit exterior y unas finanzas públicas saneadas (no, no está la piel de toro entre ellos). En Asia lo hemos visto en India y en Corea del Sur.

En India ha habido un recorte del Impuesto de Sociedades del 30% al 22% con curiosamente efectos retroactivos desde el 1 de abril y un impuesto único del 15% para todas las startups. acompañado con recortes de IVA para algunos sectores, rebajas en los impuestos a las ganancias del capital y relajamiento de la regulación de la inversión extranjera en sectores como las ventas minoristas y la minería. Ha habido también incentivos a los exportadores y una consolidación bancaria de bancos públicos. Como ven, todas las políticas encaminadas a un lado de la ecuación y no se habla para nada de la parte del gasto.

En Corea del Sur, los efectos expansivos han sido totalmente opuestos, y se ha decidido aumentar en un 9.3% el gasto público, sobre todo en educación y nuevas tecnologías. Hay que decir que Corea tiene una deuda pública que no llega al 40% del PIB (similar a la posición de España antes de la crisis, aunque desgraciadamente no se ha dedicado el dinero a lo mismo).

En Europa, el plan del gobierno alemán para alcanzar los objetivos del cambio climático llegará a los 50.000 millones de euros en varios años, pero es una cifra bastante más pequeña que la que algunos esperaban, y lo van a hacer sin recurrir a la emisión de deuda. Siguen con la misma dinámica, siguen teniendo altos superávit de balanza comercial, consumen poco y siguen acumulando activos. Holanda también va a subir el gasto público en 50.000 millones de euros para invertir también en investigación, tecnología y educación. En este caso, y dado que cobra dinero por dar a los inversores la magnífica posibilidad de hacerse con títulos suyos de deuda pública, sí que va a recurrir a hacer una mayor emisión de deuda.  

Debemos recordar que, en el siglo XVIII, entre China e India tenían más del 50% del PIB mundial. Luego vino la revolución industrial, y los que apostaron por la misma se quedaron con la mayor parte del pastel los dos siglos posteriores. Ahora mismo, en plena revolución tecnológica, los que sepan aprovecharlo son los que más comerán y el resto deberá contentarse con las migajas.

Este desarrollo tecnológico no siempre es fácil de “capturar” con inversiones en empresas tecnológicas. Estamos viendo lo difícil que es asignar un precio a las empresas supuestamente disruptivas. Estamos viendo como UBER, desde que salió al mercado, ha caído más de un 35% y WeWork ni siquiera ha podido salir a cotizar. La excusa que estamos oyendo de otras cancelaciones: “debido a las condiciones de mercado”, no deja de ser un poco pueril, cuando estamos en máximos históricos. Otras ideas “fabulosas” como las pulseras deportivas o las cámaras Go Pro también han demostrado no serlo tanto para los inversores. Fitbit ha caído desde sus máximos un 93% y Go Pro un 94.5%.

Al final, el pesimismo y el realismo van a ser la misma cosa.

Buena semana,

Julio López

 

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