Brasil-Argentina

Julio López Díaz, 22 de noviembre de 2019
Argentina - Brasil

A Carlos Bilardo siempre se le asoció con toda clase de estrategias sucias, pero la más famosa de todas tuvo lugar durante el partido entre Argentina y Brasil en el Mundial de 1990. En un momento de descanso, el brasileño Branco bebió una botella de agua que sus rivales le ofrecieron. Luego de ingerir la bebida, el lateral izquierdo anduvo como un alma errante en lo que restaba de aquel partido. La Albiceleste terminó eliminando al 'Scratch'. Durante mucho tiempo se especuló con que el agua que tomó Branco contenía calmantes y no sería hasta 14 años después que Diego Maradona, prácticamente admitió que la trampa existió. Con el paso del tiempo, se supo que las botellas 'limpias' y las que tenían calmantes estaban separadas por colores de forma intencional, a fin de que los argentinos pudieran distinguirlas. Aunque nunca aceptó la culpa abiertamente, Bilardo siempre fue señalado como el hombre detrás del infame 'bidón de Branco'.

Últimamente veo una gran relación entre las anécdotas futbolísticas y los mercados financieros. Uno de los temas más reiterados y con toda la razón del mundo, es el tema de la desigualdad que están generando los Bancos Centrales y sus políticas monetarias, que parece que hay “bidones especiales” reservados para determinados participantes en los mercados, que casualmente suelen coincidir en su proximidad a los órganos de decisión. No es un tema nuevo ¿verdad? pero hay semanas que uno no sabe ya ni que leer ni que escribir. Me hubiera gustado ir a las clases de los tertulianos de radio y televisión que son capaces de hablar con apasionamiento de cualquier tema que se les ponga por delante, como si fueran Fray Luises de León volviendo a la cátedra. Dar siempre la misma tabarra con los mismos temas (que además nunca se cumplen parafraseando a Churchill), créanme es bastante cansado. Hablar del papel pernicioso de las políticas monetarias suenan a Esopo o Samaniego en un mundo encantado con las impresoras a todo trapo. Pero si salimos un momento de ese mundo de Yupi, podemos ver alguna cosa que nos puede llamar la atención

Si le preguntas a la gente profana de los mercados financieros cuáles son los temas que consideran más importantes a la hora de emplear su dinero, vemos permanentemente tres temas comunes: vivienda, sanidad y educación. ¿Qué porcentaje le sale a usted, del porcentaje de su dinero dedicado a estos temas? A mí me suponen el 70% de mis ingresos. ¿Y, a qué viene todo esto? A que una de las razones de darle a la maquinita es que no hay inflación, y que por lo tanto todo son parabienes. A mi economía familiar no le cuadra mucho y me pongo a curiosear un poco la composición del IPC, y encuentro una clara explicación. Según el IPC, el tema de vivienda supone el 13%, la medicina el 3.82% y la educación un pírrico 1.64%. Tenemos un desfase de 55 puntos en la cesta de la compra. O para hacerlo más dramático, gasto un 300% más en mi cesta de la compra en estas materias de lo que dice el Instituto Nacional de Estadística.

Veamos el tema educativo. Y vamos a utilizar el caso americano para evitar conflictos políticos celtibéricos. Hace cuatro décadas, la matrícula media anual de una universidad americana se podía pagar con un trabajo de verano. En 1979, le llevaba a un estudiante trabajando, al salario mínimo ($2.90 por hora) 385.5 horas pagar esa matrícula anual. Si un estudiante hubiera trabajado a tiempo completo (40 horas semanales) durante un verano entero, habría trabajado 480 horas. Cada año, el estudiante medio pasa 1.020 horas estudiando en clase. Un empleado medio trabaja 2.000 horas al año. Pues bien, hoy en día, te cuesta trabajar 2.229 horas cobrando el salario mínimo federal ($7.25 por hora) para pagar esa misma matrícula. Cuando lo miramos en horas trabajadas nos hacemos menos líos que hablando de dinero. Si hacemos el pack completo de estar en la escuela a tiempo completo y trabajar el tiempo necesario a $7.25 por hora para pagar la matrícula, nos salen 3.249 horas. El americano medio está despierto 6.278 horas al año, y si se le ocurriera ir, por ejemplo, a Columbia, tendría que trabajar 7.049 horas al año… A lo mejor lo encuentran un poco lioso, pero la cifra es brutal y es una buena muestra de todo lo que no reconoce el IPC, y la pérdida de los salarios respecto a un bien de primera necesidad.

El segundo tema: la vivienda. Me ha llegado fresco, ¡oiga, que me lo quitan de las manos!, una promoción de vivienda nueva en la calle Arturo Soria por medio de un amigo que se dedica a ese negociado. Por resumir, un piso de 150 metros por 1.050.000 euros. Yo sigo siendo un poco antiguo o rata, según quien tenga delante, y me siguen pareciendo una auténtica locura. Me pongo a hacer números con mi amigo para ver que es algo totalmente desproporcionado y alejado de la vida real.  Pongamos que tenemos 100.000 euros ahorrados y el resto es una hipoteca. Primero en impuestos y gastos derivados tenemos que pagar 115.216 euros (ya por encima de lo que teníamos ahorrado) y por delante una hipoteca de 1.065.216 euros. Si lo queremos pagar en 20 años nos sale una cuota mensual de 5.338. Eso es un salario bruto de 100.000 euros. Si creemos que no deberíamos gastar más del 50% del sueldo en la vivienda, la unidad familiar o lo que sea, debería tener un salario bruto anual de 200.000 euros. Moco de pavo que diría mi abuela. Por supuesto, es explicable que quien se mete en estas casas suele tener vivienda anterior, etc., pero la realidad para un joven universitario es realmente demoledora. Por supuesto, la mayoría de la población ni se puede plantear esas cifras para dedicar a la vivienda, pero cuanto más bajas en la escala salarial, más esfuerzo relativo supone. Una muestra más de la diferencia de consecuencias de la política monetaria entre los que tienen activos y los que no. Se supone que la bajada de tipos es propicia, pero la realidad es que la elasticidad de los precios no es la misma. Cuando pongo los tipos a cero, hago que mucha gente se defienda e intente compensar comprando inmobiliario, incrementando la demanda y subiendo los precios, que lo hacen más que el beneficio de las bajadas de los tipos de interés para los hipotecados, siendo, como ya hemos comentado los principales perjudicados los que acceden a su primera vivienda. En este tortuoso mundo de la economía, no existen los compartimentos estancos y sí, los vasos comunicantes, y no existe un camino determinista único y sí, muchas ramificaciones.

 En conclusión, la inflación va por barrios, y depende de lo que metas y cómo lo ponderes. Lo del 1.64% de peso de la educación me ha llegado al alma.

La economía son líneas muy delgadas. Como la que separa a mi mujer cuando decía: “ a mi lo que me gusta es un hombre que me haga reír” de la de “ Julio, deja ya de hacer el imbécil que no tienes cuatro años”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 22 de noviembre de 2019

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