La ley seca

Julio López, 20 de febrero de 2020

Cuando se introdujo la ley seca en los Estados Unidos, se produjo un problema que no se había previsto: que el alcohol se utilizaba en muchas otras cosas, además de para beber. Era un componente esencial de los disolventes para pintura, los anticongelantes, antisépticos etc. Así que era necesario que siguiera produciéndose para usos legítimos. Como era inevitable, una parte importante de esa cantidad (se calcula que 270.000 metros cúbicos al año) se desviaba para el contrabando de bebidas alcohólicas. Para conseguir que el alcohol fuera desagradable al paladar, el gobierno empezó a adulterarlo, dosificándole venenos como estricnina y mercurio, que podían provocar ceguera, parálisis e incluso la muerte de quienes lo bebían. Se calcula que solo en 1927, murieron 11.700 personas por la ingesta de estos alcoholes adulterados. El coste económico para la nación fue enorme. El gobierno federal perdió quinientos millones de dólares al año en impuestos al licor: casi un diez por ciento de los ingresos nacionales. Si descendemos al nivel de los estados concretos, las consecuencias negativas fueron todavía peor. Antes de la ley seca, NY confiaba en que los impuestos al licor constituyeran la mitad de sus ingresos, no es de extrañar que los estados remolonearan a la hora de perseguir el cumplimiento de una ley que los estaba empobreciendo. En Nueva York se estimaba que, durante la ley seca, había 32.000 establecimientos donde se vendía alcohol, el doble de los existentes antes de la prohibición.

Estamos en plena recuperación de la ley seca de la época de austeridad de los gobiernos después de la crisis de deuda de finales de la década pasada. La verdad es que es complicado ser original cada semana para hablar de nuestra percepción de los mercados financieros. Podemos encabezar el enunciado sin apenas variación en los últimos cuatro meses. Todo se reduce al aburrido y gratificante, para algunos, maná de liquidez. Como decía David Tepper esta semana, parece que hemos encontrado la panacea para todos nuestros problemas. Problema en el mercado de la vivienda, compra de activos; problema con el exceso de deuda, compra activos; problemas con el coronavirus, compra activos. Dejaba fuera de la sanación a los problemas de impotencia, pero no debemos descartar los efectos en la segregación de serotonina para algunos traders long only. Incluso, con todo el tema de la inteligencia artificial, puede que los algos estén tomando conciencia de sí mismos, y empiecen a sentir cierto cosquilleo donde debería estar la entrepierna de su avatar.

Estamos entrando en la fase especulativa sin ningún pudor. Esta fase se caracteriza por la subida exponencial de las cotizaciones y la concentración de la actividad en acciones sin cuenta de resultados. La avaricia de unos y el miedo de otros a perderse el movimiento, hace parecer que entremos en un carril de vía única sin final. Y si encima al conductor del tren le ha dado un ictus y se ha quedado con el pie apoyado en el acelerador, qué más queremos.

Tesla se está quedando como un juego para clientes conservadores si lo comparamos con otras acciones. Tenemos, por ejemplo, Virgin Galactic que se ha multiplicado por tres en los últimos tres meses, y que algún día de la semana pasada lideró el ranking de las empresas más compradas en la bolsa neoyorkina, por encima de Apple o Tesla. La empresa no tiene ingresos, tiene cinco empleados (eso sí, muy listos, de los que te ganan a las tres en raya) y vale ya 7.000 millones de dólares. Se quiere dedicar al turismo espacial. Un ejemplo más de la locura por las tecnológicas que ya vimos en el año 2000. Otro caso lo tenemos con Plug Power. Un caso digno de estudio, no tanto por su capitalización (apenas 1.600 millones de dólares) o números de negocio, sino por su historia bursátil, que debería verse en todas las escuelas de negocios. Salió a bolsa en octubre del año 1999. Diseña, desarrolla, fabrica y comercializa sistemas de celdas de combustible para carretillas elevadoras. El precio de salida a bolsa fue de 170 dólares. Cinco meses más tarde, en marzo de 2000, alcanzó los 1.700 dólares, una subida del 900%. De ahí se fue a 0.13 dólares en 2013. En ese año subió un 6.200% hasta los ocho dólares, para volver a desplomarse hasta un dólar en 2017 y luego a finales de 2018. Desde entonces ha subido un 500%. Este es un tipo de acción de las que encabezan todos los días las acciones más negociadas.

Reitero que estamos en una fase especulativa sin parangón en los últimos veinte años, pero que no sabemos cuándo parará y por qué lo hará. Para echar más leña al fuego, la antigua chairwoman de la FED, Janet Yellen se ha descolgado con unas declaraciones que no nos pillan de nuevas, argumentando que el siguiente QE (Quantitative Easing), debería ser de acciones. Sin duda una medida muy correcta para ayudar a gente tan “desgraciada y desafortunada” como Bill Gates, Elon Musk o Jeff Bezos.

En la encuesta de la Universidad de Michigan del viernes pasado sobre el sentimiento del consumidor, el porcentaje que dijo que la bolsa estaría más alta dentro de un año alcanzó su segunda cifra más alta desde el año 2002, sólo excedida por el resultado de enero de 2018. Otro indicador preocupante que refleja la gran complacencia de los inversores.

Incluso los inversores recompensan las actuaciones y declaraciones falsas de algunos directivos. Hace dos semanas, Elon Musk, presidente de Tesla declaraba:”No tiene sentido hacer una ampliación de capital, porque esperamos generar la caja necesaria con los niveles de crecimiento actual”. La semana pasada anunció una ampliación de capital de 2.000 millones de dólares que ha vuelto a disparar la cotización de la compañía.

También hay que destacar que, a pesar de todas nuestras dudas, el dinero sigue fluyendo al mercado. La semana pasada hubo entradas en fondos de renta fija americanos por 26.000 millones de dólares y en fondos de acciones por 12.500 millones de dólares. Todo esto con un panorama en el que AirBnb ha bloqueado las reservas en China hasta mayo o se han cancelado más de 12.000 vuelos diarios en China, y donde en Japón las cifras del último PIB (antes del coranovirus) reflejan un decrecimiento del 6.3% en tasa anualizada. La disparidad entre economía real y economía financiera cada vez es más grande. Todo se basa en la inexistencia de tipos de interés para el dinero y en la inundación de dinero infinita. Tengo que reconocer que aquí sí se está cumpliendo la primera clase de macroeconomía de ajustes en las curvas de demanda y oferta. Si la oferta de dinero es infinita y los productos que se pueden comprar escasos (son acciones antiguas ya emitidas hace tiempo, por ejemplo) la subida de precios es una consecuencia evidente, pero insisto, no entiendo qué se busca y si realmente hemos sobrepasado el punto donde cualquier otra política se llevaría por delante todo el crecimiento económico. La conjunción planetaria de tipos nulos, coincidentes con más deuda y mayor gasto público (además con bajadas de impuestos para que no haya gente triste) no se han dado nunca en la historia. Incluso empezamos a plantearnos volver a momentos pre bíblicos, cuando no hacía falta trabajar para sobrevivir, y caímos ahí por nuestros pecados. Volveremos a los tiempos en los que Adán y Eva vivían en el paraíso simplemente alargando su mano para comer de algún árbol y no existían las penurias. El futuro no puede ser más esplendoroso. Aquellos estudios económicos centrados en la escasez ya no tienen cabida en el nuevo paraíso de los Bancos Centrales. Se ha eliminado también uno de los pilares de los fundamentos económicos trasnochados, el coste de oportunidad. Ya no hay que elegir. “Hay pá todos” como diría mi abuelo. Esta semana suben los bonos, las acciones, el oro, el petróleo y el bitcoin.

¡Qué daño ha hecho Platón al mundo económico durante siglos! Platón desconfiaba extremadamente de la búsqueda de riqueza, tanto que, en su sociedad ideal, los que no vivían de su trabajo (fundamentalmente guerreros y políticos) no tendrían que ser dueños de propiedad privada, evitando así que el oro y los palacios les corrompieran. Claro que entonces no había Consejos de Administración de empresas eléctricas…

Buena semana,

Julio López Díaz, 20 de febrero de 2020

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