3a semana de mayo 2020 - Confinamiento

Julio López Díaz, 18 de mayo de 2020
gran via madrid vacia

Un hombre decidió suministrar dosis masivas de aceite de hígado de bacalao a su perro Dóberman, porque le habían dicho que era muy bueno para los perros. De modo que cada día sujetaba entre sus rodillas la cabeza del animal, que se resistía con todas sus fuerzas, le obligaba a abrir la boca y le vertía el aceite por el gañote. Pero un día, el perro logró soltarse y el aceite cayó al suelo. Entonces, para asombro de su dueño, el perro volvió dócilmente a él en clara actitud de querer lamer la cuchara. Fue entonces cuando el hombre descubrió que lo que el perro rechazaba no era el aceite, sino el modo de administrarlo.

Nasrudín le entregó un cántaro a un muchacho y le dijo que fuera a sacar agua al pozo. Pero, antes de que el muchacho se dispusiera a obedecerle, le dio una bofetada y le gritó: ¡Y ojo con dejarlo caer! Alguien que lo había visto le dijo: ¿Cómo puedes pegar a un pobre niño antes de que cometa una falta? Y respondió Nasrudín: ¿Te parecería mejor que le pegara después de haber roto el cántaro, una vez que éste y el agua se hubieran perdido? Si le pego antes, lo recordará, y así se salvarán el cántaro y el agua.

Dos cuentos que reflejan dos posibilidades para algo tan actual como las decisiones que toma todas las semanas el Gobierno. Cada cual vea.

Lo más significativo que podemos resaltar de estos últimos diez días, es la aparente dicotomía que existe entre los mercados financieros y los datos económicos. Mientras estos últimos no dejan de ser alterados por malos datos, los primeros y sobre todo si miramos a la bolsa americana, están comportándose bastante mejor que lo que podíamos prever. Los mercados han recuperado entre el cincuenta y el sesenta y uno por ciento de la caída, que era lo que podíamos esperar del primer rebote, y ahí se han dado la vuelta, aunque no de forma estruendosa. Hay dos bandos enfrentados: los que piensan que debemos revisitar nuevamente los bajos de marzo, y los que piensan que la apertura de la economía y la resistencia a la baja de los mercados son una señal de que hemos dejado atrás los bajos. En el lado bajista hay muchos grandes gestores históricos, que se fijan sobre todo en las altas valoraciones de las acciones, que en muchos casos lo que han hecho es aumentar los múltiplos para compensar la bajada de sus beneficios. En otros casos ni eso; se piensa que todo lo relacionado con la economía digital no solamente aguantará, sino que mejorará su situación. Curiosamente, la edad media de los más bajistas es mayor que la de los optimistas. En el lado bajista se encuentran inversores avezados que las han visto de todos los colores, y en el lado optimista gente más joven y proclive a ver lo que los cambios tecnológicos van a representar en la nueva economía. Luego estaríamos los del Atleti, pero esos vamos por otro lado y no siempre con argumentos extrapolables.

En el lado negativo, estamos viendo como surgen nuevas tensiones entre Estados Unidos y China, la preocupación sobre si las autoridades fiscales se han dejado puesto el pie en el acelerador y se han quedado dormidos al volante, los incrementos sin precedentes del número de parados a nivel mundial, los niveles tremendos de deuda alcanzados (China, por ejemplo, ha pasado de una deuda sobre PIB del 172% en 2008, a superar el 300% del PIB con el último dato publicado) y sobre todo, los posibles efectos de una segunda ola de expansión del Covid-19, una vez se intenta volver a recuperar el pulso económico, dado lo lento que va el descubrimiento de una vacuna, a pesar de todos los mensajes de que casi la tenemos. Un inciso: Donald Trump ha prometido tener la vacuna para final de año. Me sorprende esta obsesión (supongo que las elecciones de noviembre algo tendrán que ver). Tenemos una realidad muy próxima. Aunque el virus del VIH es hoy controlable como una enfermedad crónica, la realidad es que no existe una vacuna contra el SIDA después que hayan pasado casi cuarenta años del inicio de su propagación. También creo que los analistas siguen sobreestimando los beneficios de las empresas para final de año.

En el lado positivo, vemos como la famosa curva de transmisión del virus se va aplanando, y como el posicionamiento del mercado es claramente bajista, con mucha más gente esperando que el próximo diez por ciento de movimiento sea a la baja que al alza. Ya saben que, los que nos gusta más el análisis técnico que fundamental, seguimos la máxima marxista de no pertenecer a ningún club que nos permita ser socios. También estamos viendo unos datos chinos sorprendentemente positivos, tres meses después de alcanzar su pico de pandemia. Y seguimos añadiendo la liquidez brutal y hasta a veces grotesca por la forma, de los bancos centrales.

Total, que volvemos a estar en un cruce de caminos, y no debemos tener prisa por tomar una dirección. La cabeza me dice que volveremos a visitar los bajos, pero digamos que no me gustan las compañías con las que hacer el viaje. La zona del 2650 de S&P 500 parece zona de estar largo y la zona del 2950-3000 de estar corto. Estamos en la mitad del rango para Europa, y más cerca de las resistencias en Estados Unidos. Pero más importante que ver los niveles absolutos de los índices, tenemos que ver qué pasa a nivel sectorial. Con la última bajada, hemos visto nuevamente castigados a los sectores más cíclicos, especialmente bancos y coches. Si hay un cambio de percepción sobre el crecimiento, creo que deberían ser estos sectores los que lideraran el movimiento, con unas empresas de crecimiento y defensivas espectacularmente altas de valoraciones. Seguramente esa apuesta pueda dar más réditos que las compras de índices nacionales.

En fin, que tenemos todavía mucho por andar. Preguntas sin contestar ¿Los gobiernos están siendo cada vez más grandes e intervencionistas como resultado de la pandemia o es un camino sin retorno? ¿Qué supondrá este movimiento en las decisiones de inversión y en el campo de la seguridad jurídica? ¿Seguirá el crowding out de los Estados, con sus montañas de deuda a refinanciar? ¿Se acentuará la infantilización de la Sociedad, ya que el individuo no está preparado para tomar decisiones, y éstas las tomarán comités anónimos de expertos? ¿A qué conducirá el previsible control sobre las cadenas de abastecimiento a nivel nacional? ¿La circulación digital se impondrá a la circulación física?

Desde luego los cambios van a ser enormes. ¿Cómo van a poder volver a cierta normalidad los viajes de trabajo, las ferias y conferencias, los conciertos o los acontecimientos deportivos? ¿La movilidad urbana va a ser la misma? ¿O realmente el espacio urbano que se le está ganando, en general, al automóvil ya no se perderá? ¿Las empresas van a seguir gastando en metros de oficina y en plazas de aparcamiento vistas las ventajas del teletrabajo?

El final de un viaje es siempre el principio de otro, y el cambio suele ser doloroso. El mundo de las inversiones no es diferente y conlleva una continua adaptación al medio y a nuestra forma de ver el mundo.

Buena semana,

Julio López Díaz, 18 de Mayo de 2020

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