Área personal

Mozart

Julio López 27 May 2020

Siendo Mozart aun un adolescente, aunque ya virtuoso, se le acercó un joven de su edad y le preguntó cómo se componía una sinfonía. Mozart le contestó que tenía que aprender durante muchos años para siquiera intentarlo. El muchacho, enfadado con la respuesta, le dijo: - Pero tú ya componías a los diez años. Mozart, sin torcer el gesto contestó: - Sí, pero no tenía que preguntar cómo.

Igual que en las personas, también nos encontramos el genio en las empresas. Y unas veces son los “juniors” los que ponen en solfa a los maestros. Una de las discusiones más controvertidas que llevamos viendo en los mercados durante los últimos años es la aparente lucha entre valor y crecimiento. El ganador por KO está siendo el crecimiento. Pero el boxeador de calzón rojo, con los ojos cerrados e hinchados, sentado en su rincón intentando capturar bocanadas de aire y, como en el chiste, diciendo ya le tengo donde quería al contrincante, parece que todavía se niega a claudicar.

Uno de los errores más grandes que se suele cometer con las inversiones, es pensar que las cosas no cambian realmente del todo. Y que las empresas tradicionales que podemos tener en nuestra cartera, los campeones nacionales, lo van a seguir siendo para siempre. Y que ante cualquier novedad en su sector, tendrán la capacidad de adaptarse y superar a cualquier nuevo rival, basándose en el conocimiento adquirido durante años, cuando no décadas. Y que normalmente tienen una foto del balance actual fuerte, con posiciones de caja sólidas y ventas crecientes. Tiene hace mucho tiempo Warren Buffet una ponencia hablando de la irrupción del automóvil a comienzos del siglo XX. La principal conclusión de inversión no era tanto comprar empresas de coches, como quedarse corto de caballos.

Esta discusión la podemos tener viendo la disparidad de comportamiento de Tesla y el resto de los automóviles, o viendo como Telefónica no para de arrastrarse en bolsa.

En un no muy lejano pasado hemos tenido muchos casos y nos deberían de servir, si no de ejemplo, sí al menos de advertencia. Tenemos el ejemplo de Nokia. En 2008, cuando salió al mercado el iPhone 3G, la empresa finlandesa era el mayor fabricante mundial de móviles. Lo que no sabíamos entonces, es que Nokia finalmente sería el mayor fabricante de móviles tontos del mundo y Apple estaba a punto de serlo de móviles inteligentes. No sabíamos de forma clara que los smartphones dominarían el mundo. Y el problema muchas veces es la semántica. El problema es que seguíamos hablando de teléfonos, cuando lo que teníamos entre manos era una computadora, que además de hacer llamadas de teléfono hacía muchas otras cosas.

En teoría, nadie sabe más de hacer coches que las marcas tradicionales, esas que llevan haciendo coches más de cien años, y esa historia es la que nos hace tender a creer que serán las mismas compañías las que sigan mandando coches a las calles dentro de una década, aunque sean eléctricos en lugar de gasolina. La natural continuidad a lo que conocemos puede ser el modelo cognitivo más fácil, pero no el más apropiado.

Si seguimos con Nokia, un poco antes de la aparición del iPhone, tuvo una primera crisis de la que se repuso. Fue cuando perdió la ola de los teléfonos con cubierta que sacó Motorola. Tuvo unos cuantos trimestres malos, pero se pudo adaptar a las nuevas modas. Fue un ligero cambio tecnológico, pero Nokia se adaptó sin problemas. Cosa que no supo hacer con Apple. Nokia era un diseñador muy eficiente de teléfonos, que tenía muy poco software y una funcionalidad limitada, y sabía poco de interfaces. Reaccionó de la forma que sabía, retocando su sistema Symbian, pero fracasó miserablemente. El conocimiento no siempre es un activo. Cuando estás en medio de una transición de un dominio a otro, el conocimiento del dominio pasado puede nublar tu visión, y ves las cosas a través de las lentes que solías usar.

Otro ejemplo de la industria automovilística. Cuando se fabricaron los primeros coches, no tenían volante, sino que usaban una especie de caña de timón de los barcos, porque los fabricantes eran los antiguos fabricantes de carruajes. Aunque era posible hacer una transición de los carruajes de caballos a los coches de explosión, la mayoría de las empresas no lo hicieron, y se quedaron estancadas en la antigua tecnología. Y aquí viene otro problema que tienen que afrontar las empresas. Cuando tu negocio actual y principal funciona como una vaca lechera que no paras de ordeñar, es difícil crear otro negocio que puede ser fantástico en el futuro pero que penaliza tu negocio actual. Podemos poner otro ejemplo con Amazon y Barnes & Noble. Esta última vendía más libros en un día que Amazon en meses, pero no quiso pasarse a la venta online para no perder márgenes en su negocio tradicional. Tenemos el caso contrario con Walmart, que no dudó en pagar una pasta gansa por Jet.com y ha sabido adaptarse a la competencia de Jeff Bezos, aunque siga estando a años luz de Amazon en la eficiencia en la entrega de productos (40 céntimos por paquete están cobrando los repartidores autónomos de Amazon en Madrid) y rapidez.

En cuanto a los mercados, avisábamos la semana pasada sobre el excesivo posicionamiento negativo de muchos jugadores en el mercado, y que eso siempre puede provocar un movimiento de sentido contrario. El dejarnos llevar por los números tiene estos problemas. Los mercados llevan algún tiempo que, cada vez que hay un recorte en los beneficios por acción, lo compensan subiendo las valoraciones. Así son los mercados. En la vida real, sin embargo, hay gente tan primitiva que no se le ocurre otro método para ganar dinero que trabajar... El distanciamiento cada vez es más grande entre lo que le pasa al hombre de la calle y al hombre de Wall Street. Durante las últimas ocho semanas ha habido una subida de 38 millones de parados en Estados Unidos, acompañada de una pérdida de PIB mundial de alrededor de 10 trillones de dólares, que ha sido compensada por una compra de 4 trillones de dólares de activos que ha desembocado en una subida de 15 trillones de dólares en la capitalización bursátil mundial.

¿Y qué puede pasar ahora? De momento estamos en el mismo modus operandi que durante el último trimestre del año pasado. Por aquel entonces, todos los días llegaba alguna noticia de que el pacto comercial estaba a punto de firmarse en unas horas y solo eso mantuvo el traqueteo alcista de los mercados (que luego no se haya arreglado nada da lo mismo). Ahora, esa firma ha sido sustituida por la llegada casi diaria de una nueva vacuna o la reapertura exitosa de la economía. Hay un estudio curioso publicado por la Carnegie Mellon University esta semana. El estudio identifica a Twitter como la fuente más usada para empujar la apertura de la economía americana. El estudio encuentra que alrededor de la mitad de los 200 millones de tweets que hablan del COVID 19 desde el 19 de enero, han sido iniciados por bots (máquinas), y que de las 50 cuentas más influyentes, el 82% son bots. Total, que mientras pasemos de fase a fase se puede mantener esta tendencia. Dicho esto, el mercado ha alcanzado los objetivos que teníamos fijados en la banda ancha de trading y vemos pocas ganancias ahora mismo, de seguir largos. Los mercados han recuperado entre el 50 y el 61.8 por ciento de la caída, y les costará subir de aquí. En otras ocasiones en que ha habido caídas superiores al 50%, (1929, 1938 ó 1974) se pararon por estos niveles y emprendieron el giro bajista. Nosotros pensamos más en términos sectoriales que de índices en estos momentos. A lo largo de los últimos días, por ejemplo, hemos construido una posición alcista en el sector bancario, sector que no tocábamos en los últimos tres años. Parece que el sectorial de bancos en Europa, que todavía hizo mínimos la semana pasada, está construyendo un suelo atractivo en los alrededores del 50, y se cumplen los requisitos técnicos para hacer una apuesta (sector castigado y odiado por los inversores). De los mercados de renta fija, nada que decir. Los Bancos Centrales han decidido fijar los precios de los bonos de gobierno y corporativos, y sus rentabilidades no dan ya ninguna información sobre el riesgo. ¡Que jueguen entre ellos!

Como decía un gran historiador, muchos de los problemas con los que se enfrenta hoy el mundo son el resultado de medidas a corto plazo adoptadas en el siglo pasado.

Buena semana,

Julio López Díaz, 27 de mayo de 2020

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