Apocalypse Now

Julio López, 11 de junio de 2020

Durante el rodaje de Apocalypse Now, lo que iban a ser 16 semanas de rodaje se convirtieron en 15 meses, cuadruplicando un presupuesto inicial que Coppola tuvo que negociar casi dólar a dólar. A las primeras semanas, el realizador despidió a Harvey Keitel y lo sustituyó por un Martin Sheen que llegó a Filipinas con alcoholismo y tabaquismo, y salió de allí con un ataque al corazón. El dictador local les permitió usar helicópteros y soldados, y bombardear con napalm las hectáreas de selva que quisieran, pero era habitual tener que parar la escena porque tenían que abandonar el set para aniquilar a las guerrillas rebeldes. Luego llegó el tifón Olga, que arrasó los decorados, y otro con nombre de leyenda: Marlon Brando, que exigió cobrar tres millones de dólares por semana, no se aprendió los diálogos (se los recitaban por el pinganillo), y un buen día decidió que había terminado su papel y se fue. Para el atrezzo se utilizaron cadáveres reales, obtenidos de forma ilícita, que obligaron a paralizar la producción hasta que la policía hubiera concluido la investigación de cómo llegaron allí. Concluido el rodaje, Apocalypse Now ya era la película más cara de la historia. Coppola había perdido 50 kilos, había sufrido un ataque epiléptico y estaba endeudado hasta las cejas, pero al final recaudó cinco veces más de lo invertido y consiguió 8 nominaciones al Oscar.

Algo parecido ha pasado en los mercados financieros, que de tener nuestro Apocalypse Now hace dos meses hemos pasado a La Dolce Vita tres meses después y el Retorno de los muertos vivientes.

Mientras dilucidamos si son galgos o podencos lo que traerá la economía de la nueva normalización, vamos a fijarnos esta semana en las cosas curiosas que nos está dejando la psicología humana en los mercados financieros.

Uno de vocablos que habrán visto últimamente en las páginas de mercados es la referencia a los Robinhoods. Robinhood es una app, que está siendo la más utilizada por los inversores minoristas para hacer trading en el mercado americano. Desde que comenzó la pandemia, se han abierto más de tres millones de nuevas cuentas activas de clientes. Dichas cuentas se abrieron según le llegó a cada americano el primer cheque de 1.200 dólares para combatir la pandemia. El hecho de que mucha gente tuviera que permanecer en casa, ha disparado el número de los que “juegan” en bolsa, e igual que se han disparado las empresas de videojuegos, las empresas de corretaje también han hecho su agosto. Ya saben que todos tenemos dentro al futuro seleccionador de fútbol y al mejor trader de la historia. En vez de gastarte un par de dólares en comprar una piruleta del Candy Crash, me compro una empresa de biotecnología o de videollamadas. El fraccionamiento de muchas acciones y los casi nulos gastos de corretaje fomentan la actividad. El entusiasmo de estos intrépidos jugadores y un mercado en recuperación, han creado un proceso de retroalimentación realmente entusiasta. Lo curioso, es que lo que estoy escribiendo en estos momentos, también lo podía escribir en 1999 y en el año 2000, cuando todos los que éramos jóvenes entonces, estábamos también a la caza del último rumor sobre alguna empresa tecnológica y la tentación grande de ganar más dinero que con tu trabajo diario, casi irresistible. Cómo acabó aquello ya lo saben ustedes. Muchas de esas empresas quebraron (y algunas otras, las menos, son las empresas más grandes del mundo en este momento, pero no sin antes perder en muchos casos más del 90 por ciento de su valoración de entonces).  Es uno de esos problemas morales que nos asaltan y que muchas veces dificultan nuestra supervivencia en los mercados. El fomento de la especulación por parte de los poderes públicos, y la conversión de los mercados financieros en los nuevos becerros de oro. Hombre, yo no soy muy del “trabajo os hará libres” que había en la entrada de Auschwitz, pero sí he tenido cierta educación prusiana sobre el mismo. Para añadir más madera, los informes que están circulando cuantifican que dos tercios de los americanos que han ido al paro en los últimos tres meses, han recibido más ayuda del gobierno que lo que ganaban con sus salarios, lo que vuelve a poner en primer plano la diferencia entre remuneración del trabajo y remuneración del capital, y el papel incitador que juegan los Bancos Centrales en esta pantomima, con rescate de muchos hedge funds apalancados, pero bueno, eso son mis demonios particulares y no vamos a insistir, que se me reactiva la úlcera. Pero igual que hablamos de los minoristas americanos, algún gran banco español también ha visto cómo los préstamos ICO que concedía, pasaban al día siguiente a operar en activos financieros.

Otra tendencia especulativa importante es cuando la gente se pone a invertir en empresas que han pasado a bancarrota. En Estados Unidos hemos tenido unas cuantas, de varios sectores, desde Hertz de alquiler de coches a Whiting Petroleum o la cadena de supermercados J.C. Penney. Todas ellas subieron más de un setenta por ciento simplemente con el fervor del lunes, y algunas otras más doblaron. La tentación de comprar por unos centavos una acción es libidinosa (en España lo hemos visto con Abengoa) porque cualquier pequeño salto trae una recompensa inmediata. Hertz ha saltado en unos días de 0.85 a 5.85 -multiplicar por 7- para volver a caer un 50% en las dos últimas sesiones. La gente piensa que entrar y salir de una bancarrota es como entrar en un bar (de los de antes) y lo puedes hacer sin problemas, que una mejora económica va a volver a poner a todas estas empresas otra vez en primera línea, y no caen en la cuenta de que los accionistas son los últimos de la fila para cobrar, y cuando empiezas a pagar a deudores, administraciones públicas, empleados, etc., en la caja de caudales quedan las telas de araña. No deja de ser una moneda metida en una máquina tragaperras, pero la gente se da cuenta siempre demasiado tarde.

Más signos de especulación sin límites, el caso de Nikola. Nikola es el nombre, Tesla el apellido. Ambas empresas rinden homenaje a Nikola Tesla, y la primera quiere repetir el éxito de la segunda. Lo que subyace es que todo lo relacionado semánticamente va a triunfar en el mundo del coche eléctrico. Nikola hace baterías y camiones eléctricos con hidrógeno, a diferencia de la empresa que conocemos, todavía no tiene facturación, pero ya ha anunciado que va a hacer una presentación de sus productos en fechas próximas. Esto no le ha impedido alcanzar una capitalización de 29.000 millones de dólares, equivalente, por ejemplo, a la de Ford. De hecho, la compañía no espera tener ingresos antes de 2021, pero ha anunciado que tiene más de 10.000 millones de ingresos en preventas ¿¿??. El ansia de coger la siguiente gran empresa hace lo demás.

Sigamos, el grupo chino FANGDD ha pasado en una semana de 9 dólares a 47 que marcó anteayer. Ayer cayó un 65%. Es una empresa de servicios inmobiliarios, que muchos robinhoods han confundido con el acrónimo FANG (Facebook, Amazon, Netflix y Google) y han hecho a sus accionistas ricos. Me imagino la noche tan mala que han debido pasar los directivos de la compañía, desgranando los segundos que faltaban para que abriera la bolsa y les dieran acciones hasta el cielo de la boca.

Internet está siendo un auténtico programa de entretenimiento con las entrevistas que hacen en discotecas a chavales de diecisiete años que entre copa y copa hablan de sus cambios de cartera. Alucinante. Esto pasa cuando los que deberían velar por la contención, son los que fomentan el baile. Nada hay más enriquecedor para la supervivencia en los mercados que haber tenido una buena pérdida. Pero toda esta gente ha interiorizado que cada vez que haya un problema vendrá el torrente de la FED lleno de agua para acabar con los incendios.

Madame de Stäel decía que el desengaño camina feliz y sonriente detrás del entusiasmo.

Buena semana,

Julio López Díaz, 11 de junio de 2020

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