Con faldas y a lo loco

Julio López Díaz, 26 de junio de 2020
Con faldas y a lo loco

Cuando empezó el rodaje de “Con faldas y a lo loco”, ni Tony Curtis ni Jack Lemmon eran los actores elegidos. Antes que ellos Billy Wilder, el director, quería a Bob Hope y a Danny Kaye, pero no cuajaron e incluso Anthony Perkins hizo una audición para el papel que finalmente hizo Curtis. No obstante, el actor más sonado para el film fue Jerry Lewis a quien también le ofrecieron el papel de Jack Lemmon. Aquel personaje parecía tan peculiar que Jerry Lewis lo rechazó aduciendo que «no quería que toda su vida lo confundieran con un drag-queen«. Gracias a ese rechazo el papel acabaría en las manos de Jack Lemmon, una interpretación que bien le valió ser reconocido a nivel mundial. El propio Lemmon, reconociendo el espaldarazo que sufrió su carrera gracias a ese papel, acabó por enviarle una caja de bombones cada año a Jerry Lewis coincidiendo con la fecha de estreno del film.

 

También ahora hemos tenido actores triunfadores y otros que se están lamentando de sus decisiones previas. La pandemia ha creado curiosas situaciones en las finanzas de los ciudadanos. Por una parte, ha tenido unos efectos devastadores en algunas partes del mercado laboral. Aunque, la velocidad y la escala del shock económico todavía es difícil de calcular por los estadísticos en todos sus efectos, las primeras estimaciones hablan de una caída en el empleo en los países del G7 de alrededor de 55 millones de trabajadores, a los que se podría añadir otros 35 millones que han visto reducida su jornada laboral o el tipo de trabajo que desempeñaban. Esta pérdida de trabajos no ha significado una pérdida equivalente en ingresos debido a las ayudas gubernamentales, pero en la mayoría de los casos estas ayudas son de carácter temporal, con lo que no veremos el verdadero poder destructor de la pandemia hasta dentro de unos meses.

Por otra parte, el cierre de tiendas y otros tipos de negocios presenciales durante el confinamiento, significa que los trabajadores que han retenido sus trabajos y no han tenido mermas en sus ingresos, no han podido gastar su dinero tal como lo hacían habitualmente. Esto ha significado una “involuntaria” subida en sus ahorros, como se ha visto reflejado en algunas primeras estimaciones. Esta situación no la hemos contemplado en recesiones anteriores y abre numerosas incógnitas sobre la marcha económica, y la recuperación económica que puede empezar a dibujarse. Esto repercute en nuestro día a día, porque los datos económicos que suelen publicarse con datos semanales o mensuales van a presentar mucha volatilidad, y vamos a estar navegando entre el optimismo y el pesimismo durante un largo periodo de tiempo. Por no hablar del efecto alterador de la base que utilicemos. Estamos viendo datos que aparentan dar una situación mucho mejor que la real porque los comparamos con unos datos anteriores espeluznantes derivados del confinamiento, aunque estén tres pueblos alejados de unos datos consecuentes con una marcha de la economía aceptable. Pero como decíamos, lo que hagan esos “afortunados” ahorradores con ese dinero va a ser importante. Se pueden adoptar medidas “agresivas” de gasto (con todo lo que ha pasado en el mundo estoy mejor que antes) o puede adoptarse una medida más “defensiva” después de haber visto las barbas del vecino cortar. Los que forman parte de esa división de grupos, sí que son para hacer un verdadero estudio sociológico. Los más perjudicados han sido principalmente pequeñas empresas, autónomos y empresas relacionadas con el turismo. Otros no han visto mermada su calidad de vida, empezando por jubilados y siguiendo por los funcionarios. Incluso dentro de este último grupo, las diferencias han sido abismales, con algunos dejándose la hijuela currando, y otros que han permanecido en sus casas sin dar un palo al agua. Tampoco hay muchos casos en el sistema educativo que hayan visto reducir sus ingresos a pesar de dar una deficiente respuesta a la ausencia de clases presenciales. Sin contar algunos sectores como el de la justicia con nula preparación para una sociedad digital.

Una enseñanza que he sacado yo de la pandemia es que la “cartera” más eficiente para mis hijos, es una formada por activos laborales conservadores (que se hagan funcionarios y se dejen de emprender) combinada con productos financieros super agresivos (que ya vendrán los bancos centrales a rescatarte). Las repercusiones morales de este planteamiento las dejo para otro día.

Volviendo a los mercados, en el último mes hemos visto algunos datos económicos más optimistas, desde una menor destrucción de empleo americano de lo previsto, unas ventas minoristas mucho más altas y datos de PMI mejor de lo esperado, que han llevado a recuperaciones bursátiles, pero no de mucha intensidad. Yo sigo desconfiando de estos datos, y pienso que están alterados por las ayudas gubernamentales y compras que habían estado demorándose porque, básicamente no se podían hacer.  A pesar de estos datos, el panorama técnico de las bolsas está empezando a deteriorarse un poco. Estamos atrapados entre unas valoraciones estratosféricas y el flujo permanente alentador de los Bancos Centrales. Entre el miedo a perder el dinero o el temor a quedarse fuera de la posible recuperación. También habrá que ver, que las bolsas han dejado de ser el único casino del mundo, después de que la vuelta de las competiciones deportivas repercuta en una diversificación de los participantes. El no descenso de los datos de contagiados a nivel mundial y la posibilidad de nuevos confinamientos también está empezando a preocuparnos. Mucha gente está dándole vueltas a los ajustes de carteras de final de semestre (teóricamente vendedores de bolsa y compradores de bonos tras un trimestre muy positivo para los activos de riesgo) y lo que puede suponer que el Partido Demócrata encabece las encuestas para las elecciones americanas de noviembre. En esta última partida, soy incapaz de ver la repercusión para las bolsas. En las elecciones anteriores, la victoria de Trump iba a suponer la debacle de las bolsas y ya vimos lo que pasó. Es difícil de ver que desequilibra más, si un Trump en guerra con todo el mundo (aunque sea dialéctica) o el impacto en beneficios de las posibles subidas de impuestos por parte de los demócratas. Estamos en una situación en que los Estados quieren gastar, pero no pagar, como veremos en las negociaciones para el reparto de los fondos europeos.

La creencia en la habilidad de la FED sigue intacta, y la gente piensa que habrá recuperación y solo difiere en su graduación. Veremos…

Lo que hemos visto son nuevas intervenciones del Banco Central Europeo, con fuertes demandas de dinero por parte de los bancos comerciales europeos. Y lamentablemente, con el mismo propósito de dedicarlo a actividades de arbitraje en los mercados como puede ser el carry trade. Las primeras estimaciones hablan de más de 500.000 millones de euros orientados a esta actividad (el dinero que recibo a tipos super reducidos del BCE lo invierto en títulos de renta fija y me llevo un diferencial de tipo de interés) y su plasmación lo hemos visto en la reducción de los tipos de interés de la deuda periférica, volviéndose a situar el 10 años español, al 0.45% a pesar de los volúmenes ingentes de deuda que vienen. Precisamente, una de las críticas que le hago es que fomenta las operaciones especulativas (poco margen y mucho volumen) y aporta poco a la economía real (un uno por ciento arriba o abajo en un préstamo para una actividad, no creo que sea tan relevante). Hay algunas estimaciones sobre los efectos de los quantitative easing. El primero supuso que la oferta monetaria se incrementará 0.96 dólares por cada dólar comprado. El QE2 lo bajó a 0.74 dólares de incremento de oferta monetaria y el actual no llega a 0.33 dólares. El dinero se queda atrapado en activos financieros a precios muy altos y beneficiando solamente a sus tenedores.

 

Otro efecto que estamos viendo es la concentración brutal en las mega acciones tecnológicas. A pesar de que son teóricamente beneficiarias de la digitalización de la economía, los inversores están dejando de mirar sus números. Apple por ejemplo, ha alcanzado ya los 1.5 trillones de dólares de capitalización. Si lo comparamos con su cotización en 2016, podemos ver como ha subido su capitalización en 960.000 millones de dólares cuando su beneficio operativo lo ha hecho en tan solo 8.000 millones de dólares. Aunque sigue teniendo una generación de caja brutal, tiene 75.000 millones menos en caja que hace cuatro años por los programas de recompra de acciones, y la caja ha pasado de representar el 20% de su capitalización a no llegar al 4%. A mi me parece una venta clara, pero solo en los últimos tres días ha habido una inundación de nuevas valoraciones al alza por parte de brokers y bancos de inversión. Supongo que mis problemas de vista se están acrecentando por la edad, y hay cosas que no veo.

 

Como dice un amigo, las mejores cosas de la vida son gratis si corres más que el dueño.

 

Buena semana,

Julio López Díaz, 26 de junio de 2020

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