Marilyn Monroe

Julio López Díaz, 13 de julio de 2020
Marilyn Monroe

Famosa era la impuntualidad de Marilyn Monroe en todos los rodajes,  cosa que desesperaba a todos sus directores y compañeros de reparto. Pero el genial Billy Wilder se lo tomaba con humor: «Sobre la impuntualidad de Marilyn debo decir que tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y sería capaz de recitar los diálogos incluso al revés. Pero ¿Quién querría verla?… Además, mientras esperamos a Marilyn Monroe todo el equipo, no perdemos totalmente el tiempo… Yo, sin ir más lejos, tuve la oportunidad de leer Guerra y Paz y Los Miserables.»

Algo parecido sigue pasando en los mercados financieros. Parece que hay muchas empresas que parecen estar baratas, pero todo el mundo sólo se fija en las Marilyn de turno. Los mercados continúan alejándose de la realidad económica mundial, refugiándose principalmente en un sector tecnológico inasequible al desaliento. Mientras los índices principales siguen atascados en los niveles alcanzados a principios de junio, la tecnología sigue desmarcándose y cotiza a unos números que solo podemos aceptar después de habernos “fumado” algo. Tengo una cosa clara: si invierten en muchas de esas empresas, jamás recuperarán el dinero invertido con los flujos propios de la actividad de las mismas, y estarán sometidos al capricho de los humores del mercado, que ahora está viviendo una fase especulativa como la que no veíamos desde hace veinte años. Quizá estemos equivocados, y hay que mirar al mundo de una forma nueva, más imaginativa y abierta, pero seguimos siendo sumamente escépticos y pensamos que los riesgos descontrolados del pinchazo de la estructura de mundo que hemos tenido durante los últimos cincuenta años son mucho más grandes de lo que descuenta el mercado. Dicho esto, debemos tener claro cómo se mueve actualmente el mundo y no cómo nos gustaría que se moviera, y no quedarnos solo con el manoseado tema de las valoraciones, porque la castaña que nos podemos meter yendo en contra puede ser de las históricas. En contra teníamos a los Bancos Centrales, y ahora les está acompañando sin ningún tipo de rubor el propio gobierno COMUNISTA chino, que está recomendando sin ningún tipo de vergüenza a sus ciudadanos-siervos que inviertan en acciones. Cuando la economía real no da de sí, solo nos queda la especulación. El volumen de liquidez inyectado es tremendo, y una vez más está yendo a los activos financieros. Seguimos sin entender por qué esa obsesión por mantener altos los precios de los activos (si miramos la cartera de Jay Powell, el chairman de la FED, podríamos estar ”perturbados” e “inquietos” por el beneficio obtenido de sus actuaciones como juez y parte, y encontrar esa explicación malévola). No deja de ser una prueba más de favorecer a los actuales seres vivos respecto a sus nietos. Casas y acciones caras para comprar y con toda la deuda del mundo para pagar. Dichosos nuestros nietos, porque ellos heredarán la deuda pública. Solamente en la última semana, la capitalización de las 5 empresas de siempre FAANG ha subido en medio trillón de dólares americanos, casi el 40% del PIB español. Otra cosa a tener en cuenta: los que sufren la crisis, mayoritariamente pymes y autónomos, no cotizan en bolsa. En un mundo cada vez más polarizado, donde el dinero está en pocas manos y necesitan colocarlo en algún sitio, seguramente importen menos las valoraciones cuando la alternativa es darle dinero a Merkel a diez años y saber que perderás seguro un 5%. Tampoco debemos olvidar la primera Ley del Movimiento de Newton: un objeto en reposo permanece en reposo, o si está en movimiento permanece en movimiento a una velocidad constante, a menos que una fuerza externa neta actúe sobre él. Y ese movimiento actualmente es alcista y no parece que la pandemia sea esa fuerza externa que lo pare. Total, un lio para un gestor. No hay ninguna señal para estar corto en un mundo sobrevalorado.

El problema de todas estas cosas es que las cifras que soporten cualquier argumentación no las tendremos hasta dentro de mucho tiempo, y lo único con que nos encontramos ahora son preguntas y no respuestas. Hasta ahora hemos tenido la suerte de tener un crecimiento acompañado de estabilidad social, pero tenemos que recordar que un crecimiento sin estabilidad social conduce a desórdenes y al colapso, mientras que la estabilidad sin crecimiento conduce al éxtasis contemplativo y a terminar quedándose atrás. Hay una serie de cuestiones que no parecían tener mucha importancia hasta ahora. Una de ellas es lo que podemos llamar la dinámica ABBA: The winner takes it all. Tenemos unas empresas con un poder que supera claramente al poder de la mayoría de los estados, con una información sobre nosotros brutal y que succionan como un agujero negro todo lo que se acerca a su perímetro de acción, ya sea porque el mundo hasta ahora ha requerido unas economías de escala inmensas, o bien por que han terminado comprando cualquier empresa que despuntara. Son empresas que nos hacen la vida aparentemente mucho más fácil, para comunicarnos, entretenernos o comprar y son ganadores felices en este mundo. Un caso muy claro lo tenemos con lo sucedido en el último mes con Facebook. Como sabrán, muchas corporaciones, grandes anunciantes, le han planteado un boicot a la red social como parte de la campaña “Stop Hate for Profit” que exige que la empresa tome medidas más estrictas contra el contenido racista y de odio. Tras las primeras conversaciones, Facebook se ha acogido al famoso dicho “verdes las han segado” y ha venido a decir que no se va a mover un ápice de sus planteamientos, y que ellos verán si quieren estar o no en su plataforma. El resultado va a ser muy interesante, para hacernos ver los principios por los que se mueve el mundo, y quién da su brazo a torcer.

Las derivadas segundas perniciosas de esa “destrucción” de la competencia ya las estamos viendo. Históricamente, el progreso económico ha venido por una acumulación del capital del que se beneficiaban las generaciones futuras, que se encontraban con todo hecho sin haber sufrido los daños de la reconversión. La pregunta cruda que tenemos que responder en estos momentos es ¿resolver los problemas de desigualdad mata el progreso tecnológico?

No tengo la respuesta (como para casi nada). Me solidarizo con un amigo que decía “mi mujer me ha preguntado si quiero cenar hoy con su madre, y he acertado a la segunda”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 13 de julio de 2020

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