Daoiz y Velarde

Julio López Díaz, 1 de octubre de 2020
Daoiz y Velarde

Los leones de las Cortes, se llaman Daoiz y Velarde, y están fundidos con el bronce de los cañones que el ejército español capturó a los moros en la batalla de Wad-Ras en 1860. El autor de estos leones fue el escultor Ponciano Ponzano, que al principio no quería aceptar el encargo, alegando que fundir animales trae mala suerte, pero al final lo convencieron, y cuando los tenía casi terminados falleció.

Pues parece que desde entonces tenemos algún tipo de maldición que hace que lo que pasa por el Parlamento, lejos de contribuir al bien común, sirva para lo contrario. Y la situación política tan avispada que vemos, tiene un reflejo claro en los mercados financieros. Como estarán viendo últimamente en prensa, y ya desde hace mucho tiempo en estas epístolas, se están expresando muchas quejas sobre el papel de la bolsa española en la última década. El último detonante ha sido la salida de BBVA y Telefónica del Eurostoxx 50. Ahora mismo, los valores españoles representan alrededor de un 6% de ese índice, cuando hace apenas 13 años, llegaron a representar el 26% de dicho índice. Ha habido muchas causas para esta caída. Veníamos de una época en que los valores españoles cotizaban con bastante prima respecto al resto de sus homónimos europeos, las inversiones millonarias en Latinoamérica estaban bien vistas, y las monedas de esos países tenían todavía cierto valor. En algunos momentos, las cuentas públicas estaban saneadas, e incluso tuvimos un instante Familia Alcántara en que junto a los vasos de Duralex, se pudo inmortalizar una pantalla de Bloomberg con la deuda alemana cotizando con una rentabilidad por encima de la española. Desde entonces las cosas no han dejado de empeorar. Las inversiones foráneas en países emergentes han salido rana, la crisis de 2008 nos dejó a muchos bancos con terrenos donde solo vivían lagartos y escorpiones en sus balances, y la marcha de la nueva economía nos dejó en fuera de juego. Para rematar, la apuesta por el sector turismo que podía ser razonable, se ha dado de bruces con los confinamientos y el parón abrupto de los viajes, y sin plan B armado. Los tres sectores bursátiles más castigados en los últimos diez años han sido banca, petróleo y telecomunicaciones, con lo cual hemos tenido bacarrá.

De cara a realizar inversiones en nuestra cartera, sacamos muchas veces más información de los gráficos comparativos, que de intentar prever el comportamiento alcista o bajista de un mercado, y las tendencias pueden presentarse de una forma más clara. Nosotros trabajamos mucho más con los gráficos sintéticos que construimos, que con los gráficos simples de un valor o índice. Pongamos algunos ejemplos. Si miramos la bolsa española contra la alemana, tenemos datos curiosos. Desde el año 2000 al año 2010, el par largo de bolsa española, corto de bolsa alemana dio un 100% de rentabilidad. Desde entonces, la bolsa española ha perdido un 58% contra la bolsa alemana, y nos hemos vuelto a niveles de 1993. Si nos parece que, aun siendo ambos países europeos, las economías son muy distintas, veamos qué ha pasado entre la bolsa española y la bolsa italiana. El IBEX lo hizo un 65% mejor que la italiana hasta el año 2011. Desde entonces la bolsa italiana le ha metido un 67% al IBEX. Las tendencias, como ven, son muy marcadas. Pero se puede hacer análisis no solo entre países, sino que podemos ver las tendencias entre sectores. Por ejemplo, una inversión en el Eurostoxx 50 y una posición equivalente corta en el sector bancario europeo, ha dado una rentabilidad anual compuesta del 10.6% en los últimos trece años. Ahora nadie quiere ver el sector petrolero, sin embargo, el dato más extremo del par Eurostoxx-petroleras lo tuvimos en el año 2000, y todavía nos queda un 20% para alcanzarlo (justo antes de explotar las puntocom). Pero también nos dan información sobre compañías individuales. Muchas veces intentamos reducir mucho las cosas, como por ejemplo, cuando hablamos de las “FANG”, y pensamos que tienen un comportamiento similar. Pero una vez más, los gráficos sintéticos nos vuelven a dar mucha información. Podemos ver como Google hizo el máximo contra su índice hace ya cuatro años, en 2016, y desde entonces no ha dejado de tener una directriz bajista que le ha llevado a perder un 26% frente al Nasdaq. Lo mismo podemos ver en Facebook, que hizo su alto en 2017, y no lo ha vuelto a superar. El resto de los valores, como no podía ser de otra manera, sí se encuentran arriba. Apple hizo su alto relativo hace mes y medio, y Amazon hace ya tres meses. Todo ello nos indica que son otros los valores que pitan ahora en los índices, aunque ocupen menos cabeceras de periódicos. Todos estos movimientos, insisto, son mucho más interesantes que abrir el hígado de la paloma para ver si va a subir o bajar la bolsa. Un último caso muy interesante. La bolsa canadiense le metió desde el año 1999 al año 2009 un sorprendente 120% a la bolsa americana. Desde entonces, no solo ha perdido todo ese movimiento, sino que está en mínimos históricos. Una forma como otra cualquiera para jugar a las materias primas.

Del mercado actual, pocas novedades, quizá que hemos vuelto a rebotar en la parte baja del rango que tenemos desde junio. En Europa, respetó el soporte clave de los 3050, pero tampoco ha tenido un rebote demasiado pronunciado. Algo más lo ha sido en Estados Unidos, alimentado por el enésimo paquete de ayuda fiscal en el horizonte. Es curioso como se repite una vez más en aquellos lares el Minsky Moment. Incluso los gobiernos que predican las reglas del libre mercado, cuando se enfrentan a un colapso sistémico, siempre actúan como prestador de último recurso y terminan comprando el mercado, siempre con el fin de evitar una pena a corto plazo. Esto no quiere decir que se aborte la crisis incipiente, sino que marca las pautas para volver a comenzar el proceso de endeudamiento. Aquí convergen Minsky y Schumpeter. No es la deuda en sí misma la que actúa para socavar el capitalismo. Es el acto de estabilizar una economía a través de la socialización de las pérdidas cuando se enfrenta a un posible colapso, lo que socava finalmente el marco de actuación institucional del capitalismo. Pero eso no lo veremos esta semana… En definitiva, que los mercados inician la recta final a las elecciones americanas alejadas de las zonas claves de soporte, lo que nos hace ser un poco menos temerosos de movimientos bajistas abruptos, y aunque muchos indicadores siguen bajistas, se han atenuado de forma grande sus lecturas. A pesar de lo que dicen las encuestas, yo creo que los inversores siguen apostando con la boca pequeña por una victoria de Trump, y lo que les da más temor es una victoria pírrica de los demócratas y la dilatación del proceso de elección del presidente, tal como ha aventurado Trump. Una victoria de Trump o una victoria amplia de los demócratas serían bienvenidas por los mercados en ambos casos.

Decía Ramón Gómez de la Serna que el amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero. En política pasa lo contrario, lo pasajero nos parece eterno.

Buena semana,

Julio López

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