Homo economicus

Julio López Díaz, 15 de octubre de 2020
Homo economicus

Cuando miramos la historia, nos resulta curioso la respuesta del homo economicus a distintos avatares. La gente se busca la vida como puede, y un buen ejemplo es la famosa ley seca americana de los años veinte. La ley estaba llena de lagunas y ambigüedades. Los médicos podían recetar whisky a sus pacientes de manera legal, y lo hacían con tanto entusiasmo que, a finales de la década de 1920, ganaban cerca de 40 millones de dólares al año con esa práctica. En la mayor parte de los casos, los médicos se limitaban a expedir recetas en blanco; en la semana que Lindbergh voló a París, el inspector de la prohibición en Estados Unidos, James M. Doran autorizó la producción de 11.3 millones de litros de whisky en concepto de medicina. Cuando alguien advirtió que era una cantidad de whisky colosal para una finalidad tan concreta, un funcionario del Tesoro respondió que las reservas se agotaban enseguida debido a la evaporación. Los grupos religiosos podían reservarse bebidas alcohólicas para fines sacramentales, y ese mercado también resultó ser asombrosamente fuerte. Un productor de vino de California ofrecía catorce tipos distintos de vino para la comunión, entre ellos Oporto y Jerez. En California, la cantidad de tierras dedicadas a la uva aumentó durante los cinco primeros años de la prohibición, y pasó de 40.000 hectáreas a casi 285.000.

Ya ven lo difícil que es prever las consecuencias económicas. Aunque la incertidumbre sigue en su máximo apogeo, hay algunas cosas que podemos ver, aunque sea de una forma borrosa. La pandemia sigue creciendo en números absolutos, pero acompañada de una menor letalidad y un uso menos intensivo de UCIs. Las cifras no sabemos donde acabarán a medida que avance el otoño en el hemisferio norte, pero también parece más evidente que la vacuna solucionadora de todo, no va a estar antes de las elecciones americanas, a pesar de la promesa de Trump (y de todos los gobiernos del mundo), y que los efectos secundarios que estamos viendo en las vacunas diseñadas por Astra o por Johnson & Johnson, alejan en el tiempo su uso extensivo y generalizado. Esta extensión de la pandemia está generando distintas situaciones económicas a lo largo del mundo, con impactos muy distintos en cada sector económico, lo que hace que la recuperación económica no esté siendo uniforme y cada vez se le está dando más relevancia a la nueva figura de K, en la que hay elementos que recuperan de forma rápida y otros que, no solamente no lo hacen, sino que siguen profundizando en la caída, creando situaciones muy preocupantes. Si tomamos las cifras medias mundiales de PIB, las caídas han sido menos pronunciadas de lo inicialmente pensado, pero con mucha variabilidad por países. Sorprendente ha sido la pronta recuperación de China, que ha recuperado los niveles anteriores a febrero, y esto se ve reflejado en algunas partidas curiosas. Se ha doblado el precio del transporte de mercancías, por ejemplo, respecto a los niveles pre-covid, y es llamativa la falta de pallets a nivel mundial, que han subido sus precios, un 75% para los de segunda mano o un 30% para los nuevos. Esta fuente de crecimiento viene sobre todo por una subida de la producción, pero tenemos que ver que se vea reflejada posteriormente en un movimiento similar de la demanda. Por el contrario, otros países como Brasil dan cifras de bajadas cercanas al 10% del PIB. Para las economías occidentales, el último informe del FMI de esta misma semana también registra cifras mejores respecto al informe anterior, con una dolorosa y repetitiva excepción: España.

Los mercados de activos también están respondiendo sorprendentemente bien a estas expectativas, aunque el nombre de mercados seguramente sea una hipérbole para nombrarlos. La total manipulación de los tipos de interés, no ya con los tipos a corto sino con los tipos a largo, hace que la información que tradicionalmente solían dar los precios sobre la situación de mercado no sirva ya para nada. El efecto de los tipos de interés se extiende al resto de mercados, permitiendo que las valoraciones puedan alcanzar valoraciones infinitas al acercarse el tipo de descuento de flujos a cero. El mercado chino ha superado los 10 trillones de dólares de capitalización, y la bolsa americana sigue aguantando con cifras de valoración altísimas. La expectativa de estar ante un plan de estímulos cuasi permanente está detrás de este comportamiento. Los mercados financieros no son una excepción, también está sorprendiendo el mercado de vivienda americano que, salvo algunas excepciones como San Francisco, sigue acogiendo nuevas inversiones. Detrás de este movimiento está sin duda el nuevo apoyo monetario de la FED con tipos de interés que estarán a cero por mucho tiempo, y su nueva política de permitir una inflación más alta y fijarse en más variables, más allá de esa, para dictar su política. En esta nueva versión, más “política” que financiera, dejan de un lado los riesgos morales ya sin ningún tapujo, con una clara pérdida de independencia, pero están ya en una situación en la que ellos mismos se han metido y de la que ya es imposible escapar.

La verdad es que estamos delante de una recesión no motivada por razones económicas, sino por una variable exógena como es la pandemia, con una consecuencia económica “deliberada”, que es el cierre de comercios, restaurantes y demás. No es un problema de ausencia de demanda que hay que estimular. Para remediar este choque “provocado”, los gobiernos de todo el mundo han puesto toda la carne en el asador con medidas monetarias y fiscales sin precedentes, pero que debemos de valorar positivamente su rapidez. Pero más que un estímulo, en la mayor parte de los casos ha sido un soporte, en muchos casos por desgracia momentáneo. Otra cosa es las consecuencias que veremos a largo plazo, pero para entonces todos calvos… Lo que sí resulta meridianamente claro es que, si la raíz del problema es el dichoso virus, sólo saldremos de la crisis con su total control. Y todavía quedará por ver si todo es recuperable o realmente quedan muchas cosas sin solución. Si todos los pequeños negocios cerrados que no han abierto todavía lo volverán a hacer, si los gastos en viajes de las empresas se recuperarán o definitivamente se hará todo a distancia, si sobrará espacio de oficinas o no… muchas incógnitas todavía.

Hay principios básicos de las finanzas que muchas veces olvidamos. Mayor déficit actual significa más impuestos en el futuro y mayor deuda hoy es menos consumo en el futuro. Esas premisas siguen ahí, pero no las queremos mirar. Muchas de las valoraciones que estoy viendo de analistas de empresas están reflejando que los datos de este año son una anomalía, y que los flujos futuros no tienen por qué alterarse. Y yo discrepo. Estamos en un momento en el que “políticamente” no se puede dejar a nadie atrás (elecciones americanas, por ejemplo), pero también sabemos que las medidas de choque no pueden extenderse infinitamente en el tiempo. Por ejemplo, en Estados Unidos hay millones de personas que recibieron cheques semanales pero que ya no lo hacen, o que están acogidos a la moratoria de la Agencia Financiera americana para no pagar su hipoteca, que acaba a finales de año. En julio, el 27% de las hipotecas estaban en mora solo en el estado de Nueva York. Se ha adoptado una estrategia de all-in (difícilmente se podría haber hecho otra cosa) y apretar los dientes y mirar a otro lado, a ver qué pasa, pero insisto, no me creo que no tenga repercusiones futuras, a pesar de la nueva mirada que todo el mundo está teniendo sobre los límites de la deuda, con techos mucho más altos de los académicamente contrastados anteriormente.

Lo que sí parece fuera de toda duda, es que el proceso de desigualdad de riqueza se ha expansionado hasta límites inmensos. Los más perjudicados están siendo las clases y minorías más pobres de la sociedad que pierden gran parte de sus trabajos, mientras que la parte más alta de la sociedad no solamente no ha sentido el mordisco de la pandemia, sino que según fuentes de UBS, el rally en las acciones desde que los bancos centrales empezaron su apoyo, ha supuesto que más de 2.000 billonarios estadounidenses hayan superado “por fin…” la barrera de los 10 trillones de dólares de riqueza, superando el récord previo de 8.9 billones a finales de 2019. Tampoco a los billonarios hay que dejarlos atrás… Esta situación no hará más que agravar el conflicto ya vigente. El problema que vivimos es biológico, y quizá irresoluble. No se trata de que cada vez Amazon valga más, sino que esa subida tiene un impacto negativo en todas las empresas no tecnológicas que son ahora sus competidores naturales. No hay nadie inmune a su espectacular crecimiento. Las empresas tecnológicas de hoy son más fuertes que nunca en ventas, márgenes. Sus economías de escala en un mundo digitalizado y global parecen fuertes y duraderas, y sólo el fantasma de algún desmembramiento por parte de los comités antimonopolio parece poder frenarlas.

Y pensar que hay gente tan primitiva que no se les ocurre otro método para ganarse la vida que trabajar…

Buena semana,

Julio López Díaz, 15 de octubre de 2020

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