El duelo de Pasteur

Julio López, 5 de noviembre de 2020

Aunque los hubo interminables e imposibles, como aquel de la sensacional película "Los duelistas", hubo un tiempo en el que cualquier ofensa se reparaba a través de un duelo de honor. Existían por supuesto los especialistas en estas lides y a veces eran contratados para quitar de la circulación a quien pudiera resultar molesto (algo hay de eso en la muerte de Pushkin). Uno de esos personajes, aficionados a citarse a primera hora de la mañana, en un paraje desierto a las afueras de cualquier ciudad, era el afamado y sin duda temido Paul de Cassagnac, quien no tuvo otra persona con la que toparse que con el reputado químico y biólogo francés Louis Pasteur. No se sabe en qué pudo ofender Pasteur a Cassagnac, pero el caso es que este no tardó en mandarle sus padrinos exigiéndole una satisfacción.

Pasteur no se arredró, y haciendo uso del derecho que tenía el encartado a duelo de elegir las armas para el lance, se decidió por un par de salchichas, idénticas en su apariencia externa, pero con la salvedad de que una de ellas, no se sabía cuál de las dos, estaba infectada de triquina y su ingesta provocaría un grave daño para la salud. El duelo era fácil, tan solo debían comerse una salchicha cada uno y esperar el resultado.

Evidentemente, Cassagnac no tenía ventaja alguna en tal situación, en la que, sin habilidades que poner en juego, se jugaba realmente la salud, así que, tras una leve sonrisa de sus padrinos, estos se retiraron para hablar con su señor y contarle las condiciones del duelo. Cassagnac, inteligentemente, recapacitó y encontró que su honor no había sido lesionado lo suficiente como para llegar tan lejos. Incluso llegó a hacer amistad con Pasteur, que sin duda le venció, al menos moralmente, con una simple salchicha.

En el momento en que escribo estas líneas, todavía no se ha dirimido el duelo en OK Corral entre Biden y Trump, y ninguno de ellos ha aceptado la victoria del contrario. No se ha decidido la mayoría en ninguna de las dos cámaras, y lo que sí sabemos es que Trump ha contratado a 8.000 abogados (no es una hipérbole) para impugnar el voto por correo ante el Tribunal Supremo en al menos tres estados. Es una situación rocambolesca, pero es la situación que nosotros dábamos por más probable la semana pasada. Sorprendentemente, la reacción de los mercados ha sido diametralmente opuesta, no le están dando ninguna importancia a este embrollo y han recuperado en V la caída de la semana pasada. Un informe de J.P. Morgan de la semana pasada auguraba que una victoria de Trump llevaría al S&P 500 al 3900 y una derrota al 2400, pues bien, la respuesta está siendo la contraria. Si cogemos la nave del tiempo y nos vamos a 2016, la victoria de Trump iba a ser armagedónica para las bolsas, por todos los líos que iba a haber en el comercio mundial, y sin embargo tuvimos una subida estratosférica en un año por las rebajas fiscales. Una vez más, se comprueba que no tenemos ni puta idea de nada, y que lo importante es tirar por la calle de en medio y luego buscar un relato que sustente lo que pasa. Nada es más fácil que argumentar un movimiento bursátil a posteriori, ya sea alcista o bajista. De la victoria de Trump, que empujaría las acciones, pasamos a construir otra narrativa de por qué también Biden impulsará las acciones (lo de que Biden tiene la capacidad de empujar algo, en estos momentos, es una licencia literaria). El paquete fiscal que va a aprobar la Nueva Ola Azul va a llenar el bolsillo de todos los ciudadanos y todas las empresas, es el nuevo mantra alcista de la bolsa. La conclusión es que la bolsa siempre “debe” subir tras una elección americana, sea cual sea el resultado de las urnas. Ya habrá tiempo de salirse si al final hay cámaras con distintas mayorías que compliquen cualquier tipo de aprobación, y en esto de la bolsa, una vez iniciado el movimiento, siempre es muy fácil ganar para la causa a mucha gente que, una vez más, no puede quedarse fuera de una subida bursátil. Incluso hay gente que argumenta lo positivo de no alcanzar pleno en ambas cámaras por los demócratas, porque entonces no tendrán suficiente peso para amenazar a las grandes empresas tecnológicas con medidas antimonopolio. El que no se consuela es porque no quiere.

Toda esta reacción a mí me tiene hablando solo, pero con pocas ganas de sacar la cabeza fuera del agujero. No podemos olvidar los últimos dos meses de 2016, con las anteriores elecciones americanas y la resaca del referéndum del Brexit, donde las acciones recuperaron lo perdido en un año tan funesto. Al final, una vez más, la clave en las bolsas es la reacción psicológica de las personas y esta es muchas veces impredecible, o por lo menos no ajustable en el tiempo necesario para sacar provecho a nuestras decisiones de inversión. Las narrativas son siempre divertidas, pero en bolsa todo puede ser soportado por un sesudo informe de 300 páginas (fíjense que todavía hay magos del humor que tienen un precio objetivo para Telefónica superior a los 9 euros). Viendo esta misma compañía, esta semana he visto un análisis de Morningstar con un precio objetivo de 8.70 y otro de BNP Paribas de 2.60 euros. Una diferencia de más de un 200%. Y eso por analistas que no hacen otra cosa que llamar a la compañía para ver si ha funcionado bien Antidisturbios, o si han subido las altas en Nicaragua. Luego, su transformación en números la hace Tamariz.

Pero sigamos con el análisis de lo que estamos viendo. No solamente han subido las bolsas, sino que también lo han hecho los bonos americanos. Han pasado en su plazo a diez años del 0.93% al 0.77%. Si haces caso de algunos titulares, es por una huida a la seguridad. Lo que hace que a la traductora del lenguaje de signos en la CNBC, la cabeza le esté dando más vueltas que a la niña del exorcista. Todo es contradictorio, pero seguramente sólidamente argumentable de nuevo. En fin, veremos cómo acaba todo, pero está claro que el yoga, la serenidad y la meditación me vienen mal para los mercados financieros.

Con todo esto de las elecciones americanas, hemos dejado en segunda fila todo el tema del Covid. Aquí sí tengo una opinión firme (con lo cual seguramente será fallida) de que va a tener poco componente negativo para las cotizaciones a partir de ahora. Creo que vamos a adoptar una posición parecida al mes de mayo y junio, y dejaremos de valorar las noticas online y volver a apostar por un futuro más lustroso, volviendo a ejercer las bolsas su vocación anticipadora frente a las noticias del momento. No insistiría en vender acciones por malas noticias en este campo.

Decía John Lennon que, cuando tenía cinco años, su madre le decía que la felicidad era la clave de la vida. Cuando fue a la escuela, le preguntaron qué quería ser cuando fuera grande y él respondió: "Feliz". Le dijeron que no entendía la pregunta y él les respondió que ellos no entendían la vida. No se diferencia mucho de nuestra relación con los mercados.

Buena semana,

Julio López Díaz, 05 de noviembre de 2020

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