Aristóteles

Julio López, 23 de noviembre de 2020

Aristóteles escribió “Es tarea difícil ser bueno, porque es trabajoso encontrar el término medio y resistir ahí”.

Ese término, como hemos podido ver en las últimas tres semanas, no existe en los mercados financieros. La gente busca respuestas en el comportamiento de los mercados financieros que no las tienen, al menos desde un punto de vista económico. Tenemos cada vez más claro que las reacciones en los precios de los activos financieros, a la información que va llegando, se tiñe siempre de blancos y negros, y poco de grises. Mucha gente está hablando de un cambio de las condiciones de juego con la llegada al mercado, de forma casi inmediata, de las vacunas contra el Covid 19. Desde luego, así ha sido para el consejero delegado de Pfizer, que vendió el 62% de sus acciones el mismo día que publicó de forma financiera (que no médica) los avances de su vacuna, y aprovechando el 16% de subida en el valor. Legalmente no hay ninguna falta, e incluso hay mucha gente defendiéndolo, argumentando que era una venta prevista desde hacía varios meses, pero lo cierto es que no las había vendido hasta ese día. Siete días más tarde, tenemos a Moderna subiendo el índice de eficacia por encima del 90% de Pfizer. En el último año, los directivos de esta compañía han vendido acciones por 400 millones de dólares y han comprado por 900.000 dólares, siempre coincidiendo las compras con la publicación de alguna noticia. La carrera por obtener un porcentaje más alto parecería chusca e incluso patética, si no estuviéramos hablando de vidas humanas. Falta la vacuna de Bilbao que dé un 200% de eficacia. Luego, el deseo de la masa por agarrarse a un clavo ardiendo, harta de mascarillas, malas noticias y no poder moverse, hace el resto, pero la subida de capitalización de las farmacéuticas parece que no solo han descubierto la del Covid, sino la del cáncer, la del Alzheimer y unas cuantas más. La pregunta impertinente que me hago es si después de un año, con la mayor caída de PIB en 90 años por el COVID, no había hecho mella en la capitalización bursátil mundial, por qué el descubrimiento de la vacuna hay que tomarlo como una decisión de compra sin matices. Si hay algo que nos ha quedado claro este año es que lo que marca de forma más ferviente y clara la dirección de los mercados financieros no son los resultados empresariales, sino la cantidad de dinero que se filtre en el mercado a través de los Bancos Centrales. Y remarco, en el mercado, y no en la economía real. A la economía real se filtra solo cuando en vez de los Bancos Centrales, son los bancos comerciales los que dan los préstamos. Llevamos unos años en los que esto no pasa, por las necesidades de capital que se les imponen a los bancos comerciales y la baja demanda real de crédito reembolsable. Tenemos pues, que esas cantidades de dinero creadas por los Bancos Centrales se han quedado en los mercados y luego, la ley de oferta y demanda ha hecho el resto. Esto ha llevado a que los múltiplos y valoraciones de muchos activos hayan llegado a máximos históricos. Si a eso le juntamos que mucha gente ha aumentado sus ahorros, tanto por motivo precaución (qué va a pasar con mi puesto de trabajo) como por imposibilidad de gasto (debido, a las restricciones de movimientos), tenemos una razón poderosa para que se “sujetaran” los activos financieros.

Pero la clave ahora es saber qué va a pasar con esos activos financieros ante una recuperación de la actividad económica, y la respuesta no es tan clara y evidente como puede parecer. Las cotizaciones ya han recogido una recuperación histórica para el próximo año de los beneficios empresariales, y puede que se hayan adelantado y veamos que la buena marcha económica no deriva en una subida de cotizaciones, sino una vuelta a valoraciones históricas medias. Si miramos algunas cotizaciones, Louis Vuitton, por ejemplo, parecen estar descontando que todo hogar del mundo va a arrojarse a comprar un bolso en cuanto tenga la oportunidad de salir a la calle, en un ejercicio de liberación y hedonismo sin parangón. También algunas empresas de energías renovables parecen apostar porque iremos con un cable enchufado a una línea eléctrica mientras paseamos…

Lo que hemos visto, sobre todo en las dos últimas semanas, ha sido un importante efecto rotación, comprando los inversores los sectores más castigados y vendiendo lo que había servido de refugio (tecnología principalmente) y realizándolo de una forma brutal. En 24 horas vimos caer el Nasdaq un 5% y al Ibex subir un 12%, destrozando las carteras de mucha gente y dando la alegría de sus vidas a otros, sin anestesia y llevándose por delante todos los rangos de volatilidad estimados. Este movimiento revela también lo verdaderamente estrechos que son los mercados financieros, y la concentración en cada vez menos manos de las carteras globales. Los movimientos de unos pocos tienen un efecto mariposa en el resto de los jugadores. La segunda derivada de esta recuperación económica, lo veremos también en la forma de actuar de gobiernos en sus estímulos fiscales y los Bancos Centrales en sus expansiones cuantitativas. En el primer caso, veremos qué pasa en Estados Unidos con los paquetes fiscales, una vez quede atrás la batalla presidencial. Cobra especial relevancia cómo quede finalmente la mayoría en el Senado, y si éste quedará como parece con mayoría republicana. Ya sabemos que un mismo partido obra de forma diferente si está en la oposición o si está en el Gobierno (ciudadano Sánchez o presidente Sánchez), o como vimos con Trump, que pasó de insultar a la FED por crear una burbuja en la bolsa con Obama, a insultarla por no darle más a la maquinita. Me temo que los republicanos van a decantarse más por el filibusterismo que por la colaboración, complicando todo tipo de reformas. Históricamente habíamos estudiado que un mayor consumo con deuda) en el presente, se hacía a cambio de un menor consumo en el futuro. Con la nueva Teoría Monetaria Moderna todo esto parece un mito y no hay que tenerlo en cuenta. Mayor consumo ahora es también mayor consumo en el futuro, y el único juego es que, en vez de nuestros nietos, lo paguen nuestros bisnietos.

La segunda clave es si los cambios estructurales que estábamos viendo en el comercio y la economía mundial seguirán consolidándose o experimentarán un freno y marcha atrás. Mi opinión es que será lo primero, y los que apuesten porque lo vivido en el último año ha sido una pesadilla y que todo volverá a ser como antes, errarán. Valorar empresas por los resultados históricos anteriores, eliminando de la ecuación este año, puede ser una aventura peligrosa.

Y la tercera, y más importante de todas, es qué “cojons” harán los Bancos Centrales después de tener el brazo derecho como Popeye de darle a la manivela. Lo más reiterado y seguramente real, es que no se plantearán cortar de raíz su posicionamiento, y que mantendremos los tipos negativos durante mucho tiempo, creciendo sus balances al menos al paso de las economías. Con ese panorama central podemos coincidir de momento. Pero es el canario en la mina que hay que vigilar. Cualquier duda o cualquier dato de inflación un poco fuera de madre que les empiece a asustar, daría al traste con todo el armatoste creado. Seguimos pensando en que estamos metidos en un “corner” del que no podemos escapar, y que la patada a seguir será la primera ley del movimiento de los Bancos Centrales, pero tenemos aun reciente el año 2018 y lo que pasa con las bolsas cuando la expectativa de subidas de tipos de interés se desmanda un poco. Las primeras subidas se interpretan como algo positivo, porque supone un síntoma positivo de la economía, pero cuando se acrecientan, el efecto es demoledor. Veremos qué efecto tiene, con unas deudas con relación a la economía en números récord.

Al final, la línea entre el fracaso y el éxito es muy delgada, como las barritas de Muesli y la comida para periquitos.

Buena semana,

Julio López Díaz, 23 de noviembre de 2020

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