Por lo pelos

Julio López, 11 de marzo de 2021

El 26 de noviembre de 1809 José Bonaparte firmó una real orden que eximía a los integrantes de la Armada de cortarse el pelo. Esto fue consecuencia de una carta en la que algunos marineros explicaban que el pelo largo podría suponer la salvación de un soldado, al poder ser agarrado por los pelos en caso de caer al agua. De ahí viene la misma expresión de “por los pelos”.

Hay vocablos que van ocupando poco a poco una posición central en nuestros usos. Uno de los más usados es relato. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define como “cuento o narración de carácter literario, generalmente breve” y en una segunda acepción “conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho”. En los mercados financieros impera la primera sobre la segunda. Los mercados, y los seres humanos que los integran, funcionan más por narraciones breves que por conocimientos detallados. Funcionan a base de fogonazos y de titulares, más que por análisis concienzudos. Necesitan simplemente el pinchazo del titular de Bloomberg para incitarles a la acción, y lo que venga detrás de ese titular ya es apenas masticado y de alimento insustancial. Alguien (casi siempre los mismos, por otra parte) pone de moda una palabra, y ya todos los demás debemos usarla para no quedar fuera de juego a la hora de explicar lo que pasa en los terrenos de juego de los mercados financieros. Tiene también otra característica remarcable, que cuando se pone de moda y parece novedosa, está a punto de ser la perita en dulce que atrae a las moscas inversoras. Si seguimos el calendario del año, el flujo de noticias, y el gráfico de cotizaciones, se ven cosas muy curiosas. Al principio de este año, y como ya avisamos, se puso de moda lo “verde”. Todas las compras estaban enfocadas a los sustitutivos de las energías fósiles. Solaria por ejemplo, alcanzó los 31 euros. Ya puedes mirar una y otra vez los números de la compañía, “había que tener acciones ESG”. Esta semana casi ha alcanzado los 16 euros, con una caída del 50% respecto a su valoración de enero. Y mientras, las “sucias petroleras” se han disparado en ese periodo y ahora, después de una subida descomunal, es cuando empiezan a mandarnos mensajes de que el petróleo se va a ir a los cien dólares y que hay que comprarlas a ciegas. Lo mismo podemos decir de todo lo relacionado con el coche eléctrico. Todas las compañías que tienen que ver en su proceso (fabricantes como Tesla, productores de baterías, etc.) han llegado a capitalizar 1.59 trillones de dólares frente a 0.46 de los diez mayores fabricantes de coches convencionales. En el primer caso, se valoran a 19 veces ventas y en el segundo a 0.4 veces. Es una paradoja en la que pocos caen. Los crecimientos que se descuentan en algunos modelos para justificar sus valoraciones superan el tamaño de los mercados a los que se supone van a sustituir (el publicitario, por ejemplo). Puede ser que, con la llegada de Elon Musk a Marte, empiecen los pedidos de Tesla de alienígenas.

Otro ejemplo lo hemos tenido con la palabra innovador, cuya inversión paradigmática puede ser el ETF de ArK, ARK Innovation. Es un fondo que invierte en empresas de sectores novedosos (biotecnología, estudios genéticos, tecnología, impresoras 3D) y no mira mucho más. Ni siquiera tiene un gran conocimiento de cada una de las empresas que componen la cartera, pero juega básicamente al pelotazo, y que las inversiones buenas multipliquen equis veces a las que se van a ir al carajo. Es una forma de invertir que no hay que desdeñar, porque en un mercado como el actual, en el que el conocimiento no es algo indispensable, puede funcionar, como así ha sido hasta hace unos días. Pero su ejecución sí tiene sus peros y puede dejar atrapados a muchos inversores, atraídos por los cantos de sirena que leen en los foros. Además, pone de manifiesto una cosa muy curiosa que hemos comentado muchas veces. El que el valor liquidativo de un fondo suba, no quiere decir que, durante la vida del mismo, sus clientes hayan ganado dinero. Normalmente el dinero de los inversores suele concentrarse en los fondos que mejor lo han hecho durante cierto tiempo, y por lo tanto se suelen incorporar tarde en términos de rentabilidad, de tal forma que cuando las cosas empiezan a ir mal, suelen gestionar mucho más dinero que el que tenían. En el caso de Ark Innovation, un fondo con una extraordinaria rentabilidad en el último año (llegó a multiplicar por cuatro su valor desde marzo 2020 a febrero 2021), la caída del 33% la ha hecho con más de 25.000 millones de dólares bajos gestión (8.000 millones de dólares de pérdida). La caída que lleva en el año de valor liquidativo hasta el lunes 8 de marzo, del 10%, lo ha hecho con un 20% más de dinero que con el que empezó el año. Esta acumulación desproporcionada de dinero en fondos que invierten en valores extraordinariamente pequeños produce verdaderos desajustes de mercado. De las empresas que tiene en su fondo, en más de veintinueve tiene más del 10% de las acciones en circulación. Es fantástico para subir las acciones (cada nueva entrada de dinero en el fondo va a una acción que ya suele estar en cartera) pero a poco que vengan mal dadas, y empiecen los reembolsos del fondo, se demuestra que no hay nadie más en el mercado. Si vemos el gráfico de muchas de estas compañías, tienen una gran similitud. Un movimiento parabólico desde noviembre que ha disparado los precios en muchos casos por encima del 100%, y ahora estamos viendo que muchos de estos valores están volviendo de forma dramática a la casilla de salida. Más allá de si las acciones subirán o caerán, todos estos movimientos lo que ponen de manifiesto es la preocupante falta de profundidad y de liquidez en los mercados financieros. Uno de los sesgos que tenemos los que nos peleamos continuamente con estos movimientos, es intentar poner unos precios objetivos a las cosas, e intentar poner coto a la extensión de estos, y es donde los dolores de cabeza se acrecientan, porque dichos movimientos siempre superan por arriba y por abajo los límites que nosotros consideramos “justos”. Eso se puede ver perfectamente cuando haces pares entre sectores, por ejemplo. Llevamos unas semanas con una gran rotación entre sectores. Se ha comprado bancos y petroleras y se han vendido eléctricas y tecnológicas. ¿Cuál puede ser el movimiento esperado de estos sectores? Por ejemplo, el tecnológico Nasdaq contra el Russell 2000 de valores más pequeños, tuvo una rentabilidad del 116% desde diciembre de 2016 a septiembre de 2020. Desde septiembre, el Russell lo ha hecho mejor un 25%. Si miramos eléctricas contra bancos. La ratio bancos/eléctricas había perdido un 70% desde principios de 2018 a noviembre de 2019. Desde noviembre, esa misma ratio ha subido un 59%. Son brutales los movimientos, una muestra más de que cuando se hacen las rotaciones de cartera, el mercado necesita mucho tiempo y mucho espacio para absorberlo. Los stocks acumulados no encuentran salida fácilmente, y se producen movimientos muy abruptos que suelen generar oportunidades a largo plazo, pero golpes de cabeza contra la mesa a corto. Es un mercado más de movimientos obligados y una vez más, semánticos (ahora, comprar todo lo que tenga que ver con recuperación).

Como decía el poeta, las pasiones no se curan por la razón sino por otras pasiones, y así transcurre nuestra vida inversora, de acciones que nos enamoran a acciones que odiaremos.

Buena semana,

Julio López Díaz, 11 de marzo de 2021

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