Sissi

Julio López, 29 de abril de 2021

La emperatriz Isabel de Austria no es otra que Sissi, a la que la hermosísima Romy Schneider, representó en una serie de edulcoradas películas en los años cincuenta. La imagen fílmica no corresponde mucho con la realidad: la chica era bella y culta, pero también excéntrica, depresiva y anoréxica. Hacía múltiples escapadas de la corte y en una de ellas, junto al lago Ginebra, se topó con el albañil anarquista que la apuñaló con una lima afilada sin saber siquiera quien era. “Solo quería matar a una persona que vivía en una felicidad insolente” declaró.

Sin llegar a esos extremos asesinos, uno a veces se preocupa por su salud mental, y si es la ausencia de determinados neurotransmisores lo que me impide ver las cosas de la misma forma que lo ve la masa de inversores. Tengo un amigo en San Francisco que está en pleno lanzamiento de su start-up entre Venture Capitals. Me ha metido en su grupo de asesores y la descripción de su cuaderno de venta me ha dejado entre atónito y preocupado. Aparte de la descripción típica curricular, añade “He is one of my closest friends and references, providing systematicaly a reasonable and cautious perspective and sound advice. His particularly somber perspective about the future will help us curve any over-enthusiasm”. Ya saben, si necesitan un sombrero negro en sus consejos de dirección de empresas, pueden contactar conmigo directamente en la calle Orense 68.

Cada vez me parezco más a Winston Churchill (principalmente en el perímetro abdominal) cuando decía aquello de “Me he pasado la vida preocupado por cosas que luego nunca han sucedido”; y siempre me he sentido incómodo con la frase bíblica de “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta”. Parece que Jesucristo fue el primer keynesiano furibundo.

En definitiva, que lo que debemos hacer es sentarnos de vez en cuando, dar al play de la lavadora cerebral, centrifugar y ver como sale la ropa, y si está todo bien o necesita un nuevo lavabo. Poner en duda nuestros planteamientos siempre es lo más útil para nuestro trabajo. Es la política que sigo para mi cartera. Me veo todas las semanas los gráficos de las acciones que poseo y me pregunto si las compraría. Si la respuesta es negativa hay que venderlas sin dudar, independientemente de que le estemos ganando o perdiendo a la posición.

La semana pasada advertía de que había señales peligrosas en los mercados y que la cautela debía extremarse al máximo. Desde entonces, no es que hayan subido mucho los mercados, pero también es cierto que no ha habido el más mínimo conato de corrección. De lunes a miércoles de la semana pasada, la bolsa japonesa tuvo un colapso “histórico” con una caída del 3% acumulada. Surgieron artículos periodísticos escandalizados diciendo si ante esa situación, el Banco de Japón se iba a cruzar de brazos y no iba a hacer nada. Dicho y hecho, el jueves el Banco de Japón compró 70.000 millones de yenes en ETFs sobre el Nikkei, echando por tierra cualquier intento correctivo. Mientras esta situación de apoyo irreductible permanezca, los mercados seguirán soportados y el globo seguirá haciéndose más grande, a pesar de que las fiestas de cumpleaños a las que hemos asistido nos digan que al final terminará con un estallido atronador y los chicuelos berreando. Además, vienen nuevos aliados a la causa. Solamente entre Google y Apple van a meter 140.000 millones de dólares en el sistema en el próximo año a través de programas de recompra de acciones. El problema no parece que sea la liquidez. La concentración de beneficios en pocas manos sigue un progreso imparable.

A pesar de intentar con todas mis fuerzas un acto de contrición, hay muchas cosas que siguen descuadrando el Sudoku. Por ejemplo, si algún ciudadano intenta hacer lo que hace la Seguridad Social, lo más seguro es que acabe en la trena por hacer un sistema Ponzi como una casa. No hay ninguna diferencia entre el esquema de pensiones y lo de los sellos de Afinsa. Es un sistema piramidal fallido al cambiar la silueta. Un sistema en el que se paga a los de arriba con el dinero de nueva entrada de los de abajo. El problema es que simplemente en los últimos diez años hay más de un millón y medio de españoles en lo alto de la pirámide y los que están en la base soportando el peso cada vez son menos, y con dos dificultades añadidas, un desempleo que es más del doble que en los países de nuestro entorno, y unos salarios que también se encuentran en estado de deflación en esos mismos diez años. De hecho, la famosa brecha de ingresos fiscales respecto a PIB que argumentan nuestros políticos que hay que cubrir con nuevos impuestos, se debe principalmente a este motivo. La diferencia no está en IVA, Patrimonio, Sucesiones o que los tipos marginales deban subir. El problema es que se recauda mucho menos por IRPF, sencillamente porque los sueldos son bajos y hay mucho desempleo. Ese es el quid de la ecuación, pero nadie lo dice, y es mucho más fácil hablar de ricos y pobres. El problema es que somos un país mucho más pobre, pero no lo queremos asumir, y es mejor prometer a los votantes cosas incumplibles sin cargarte todo el escaso entramado productivo.

La pandemia ha significado un choque brutal para todas las economías, y ha obligado a la puesta en marcha de políticas fiscales sin parangón y a nuevos endeudamientos de los países. Pero incluso si vemos países similares a nosotros como Italia o Portugal, el recurso a la deuda español está siendo mucho más fuerte, con un incremento sustancial del riesgo si por alguna casualidad, les da a los tipos de interés por subir.

Pero en fin, los mercados como el mundo físico, se rigen por las tres leyes newtonianas del movimiento, que vienen a decir que un objeto se mueve en la dirección en que se lo empuja, que seguirá moviéndose en línea recta hasta que actúe otra fuerza para aminorar o desviar el movimiento y que cada acción tiene una reacción igual y contraria, y luego, la ley de gravitación universal, que establece que cada objeto del universo ejerce una fuerza de atracción sobre los demás. De momento la dirección sigue siendo hacia el infinito y más allá, hasta que aparezca alguna fuerza desconocida que lo cambie.

Al final, debemos afrontar los mercados como hacía Woody Allen cuando decía que no creía en la vida después de la muerte, pero llevaba una muda por si acaso.

Buena semana,

Julio López

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