Barón de Rothschild

Julio López, 7 de mayo de 2021

El primer Barón Rothschild, patriarca de la famosa dinastía de banqueros, tomó una vez un taxi, dándole al conductor lo que creía que era una buena propina. “Señor, su hijo siempre me da una propina mayor que ésta” dijo mientras miraba las monedas. “Estoy seguro de que es así.” -contestó el barón - “Como puede ver, mi hijo tiene un padre rico y yo no.”

Los Dioses del Olimpo se están descojonando. No encuentro otra explicación. Mientras los humanos pasamos nuestra vida entre Supervivientes y tentaciones varias, pensando que somos los observadores, son ellos realmente los que mueven las cámaras buscando el mejor plano. La burbuja que está gestándose a lo largo de los activos más variopintos empieza a tomar tamaño gigantesco, ante la mirada gabilondiana de pescador dominguero de los banqueros centrales. Hemos creado los Non Fungible Assets con obras de arte digitales, estamos viendo promociones inmobiliarias virtuales, hemos creado una criptomoneda de cachondeo como es Dogecoin, que lleva subido un 12.000% en el año, con una capitalización total de 83.000 millones de dólares, equivalente a cuatro veces Telefónica y con la esperanza de que Elon Musk, en su intervención este fin de semana en Saturday Night Live, la mencione y la lleve a Marte en su próximo vuelo interplanetario. Lo último lo tenemos con los Fraccional Markets. Una empresa (Rares) compra en una subasta las zapatillas que llevó Kenye West en no sé que acto de hace trece años por 1.8 millones de dólares, y emite participaciones en esas zapatillas para que puedan comprarlas el avaricioso pueblo y aprovecharse de una venta futura por 300.000 millones de dólares. Supongo que todas las participaciones serán iguales, pero no me extrañaría que sacaran varias clases de acciones: clase A, donde tenía cerca un uñero, clase B, la parte de la suela de la zapatilla donde tenía el papiloma, y así hasta la clase XYZ. Solo se trata de ganar dinero. Lo de producir un bien subyacente lo tenemos olvidado. El mar de liquidez sin control está llevando a estas cosas. Incluso las empresas que supuestamente están en mercados de crecimiento emplean su dinero en recomprar acciones a diez veces ventas, con dudosa rentabilidad futura para sus accionistas.

Se ha instalado un sentimiento generalizado en los mercados de que todo es gratis, que no tenemos que asumir ningún coste. Filosóficamente es aliviador. Después de tanto estoicismo y austeridad alemana, el epicureísmo ha vencido. Podemos dedicarnos a los placeres terrenales sin que nada nos turbe. La pega es que el sudoku sigue sin cuadrar. Y la primera demostración la tenemos en que llevamos hablando mucho tiempo del maná de los fondos europeos, no han llegado, pero ya tenemos encima una cascada exuberante de subidas de impuestos. Nada es gratis, a no ser que seas norteamericano. Allí no pagan impuestos, el Gobierno les manda cheques, y la deuda les sale casi a cero. Nuevo máximo en los déficits gemelos, el fiscal y el comercial, y el resto del mundo les sigue financiando. Pero volviendo al caso español. Sigue extendiéndose el mantra de que los españoles pagan pocos impuestos, y siempre nos sacan la cifra de recaudación de impuestos sobre PIB, que muestra unos 6 puntos por debajo de Europa. Siempre se habla de Impuesto de Patrimonio, de Sucesiones, etc., cuando la diferencia real está en el IRPF. Y la diferencia que lo marca está en que la base imponible es mucho menor, debido a salarios más bajos y a desempleo más alto. Con lo cual donde debía actuarse es sobre esos componentes y no subiendo tipos.

Me he puesto a calcular la presión fiscal que tiene un españolito millonario de esos que ganan 60.000 euros brutos al año. Calculemos la cascada (lo he hecho de forma aproximada sin tratar de ser muy exhaustivo). En la metodología he supuesto que el individuo es extraordinariamente afortunado y tiene una casa y vehículo propio. A los primeros 60.000 euros, hay que restarle 15.324 euros de IRPF (alrededor de un 25%). En impuestos municipales IBI más Impuesto de Vehículos tendrá que pagar 945 euros. Por la compra de su vivienda y calculando una rotación cada 20 años, se prorratearán otros 1.750 euros anuales en Impuestos por la compra de la vivienda y otros 460 euros por impuesto de matriculación prorrateado en 10 años. El nuevo neto son 37.405 euros. En impuestos a hidrocarburos, suponiendo 20.000 kilómetros al año, pagará otros 910 euros; con la subida de los impuestos a las primas de seguros, tanto de la casa como del automóvil, se dejará otros 420 euros. En los servicios domésticos, impuesto a la electricidad, de nuevo a los hidrocarburos para el gas natural, se dejará otros 1.250 euros. Si tiene la mala suerte de tener que alimentarse para sobrevivir, se volverá a dejar otros 1.000 euros en impuestos cada vez que vaya al supermercado. Si además es un burgués explotador y tiene una empleada de hogar, tendrá que pagar otros 1.500 euros en seguros sociales, con lo que le quedan 32.325 euros. Si suponemos que de esa cantidad, ya solo tiene el 50% del gasto libre de impuestos (hipoteca, por ejemplo), se le quitarán otros 3.394 euros en IVA, siendo su importe neto de impuestos final de 28.930 euros. Ha pagado un 52% de su salario en impuestos. Pero si quieren añadirle la seguridad social que paga el empleado se queda en 24.814 (59% del salario pagado) y si le añade lo que paga la empresa por ese mismo empleado (18.000 euros) llega a un 80% del salario del trabajador. Y ahora que cada uno haga la interpretación que quiera. Luego de ese dinero que queda, en muchos sitios, si se lo donas a tus hijos, o tienes la suerte de pasar a mejor vida (esperemos que sin impuestos), te pegan otro estacazo.

Al final, el gasto de lo que no se tiene se cubre con menor consumo futuro, y eso es en lo que no parece caer el común de los mortales. El gasto público en que se ha incurrido se piensa que se mantendrá a lo largo del futuro. Volvemos a fallar en nuestras estimaciones, al proyectar los flujos futuros. Pensamos que, porque una acción ha subido un 50% en un año, mantendrá ese crecimiento en el futuro sin fallo. Que la deuda pública no habrá que devolverla. Solo asumiendo esa condición los mercados pueden sostenerse donde están.

Decía Hannah Arendt: “Una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén contra Eichmann fue que el alejamiento de la realidad y la irreflexión puede causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá a la naturaleza humana”.

La duda que queda es si esto se puede aplicar al mercado, o si el mercado me lo está aplicando a mí.

Buena semana,

Julio López

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