Bona de Luxemburgo

Julio López, 13 de mayo de 2021

Bona de Luxemburgo, esposa de Juan II de Francia, era una mujer autoritaria y bastante desagradable. En una ocasión en que su esposo estaba enfermo, el médico intentó hacerle tomar una tisana que tenía muy mal sabor. El rey se resistía, pero Bona le pellizcó la nariz y le obligó a tragársela mientras decía. ¡Que me cuelguen si esta medicina no consigue sanarte! El médico añadió con sorna: “Tomáosla, Señor. Incluso en el caso que no sea el remedio adecuado, saldréis ganando.”

Después de aplicar las medicinas fiscales y monetarias al enfermo de la economía mundial, empezamos a ver cómo reacciona el enfermo y seguimos con ciertas dudas sobre su recuperación definitiva. Los datos económicos que hemos conocido a lo largo de la última semana nos producen gran inquietud e interpretaciones variadas, que como elemento subjetivo no tienen por qué ser las verdaderas. El primer dato fue una creación de puestos de trabajo en Estados Unidos de alrededor de 750.000 empleos menos de los esperados. El segundo un dato de inflación en Estados Unidos que ha superado por primera vez en 10 años la frontera del 4 por ciento. Esto hunde los tipos de interés reales por debajo del -2.5 por ciento a 10 años. Este dato a la vez viene acompañado de una publicación de salarios medios por hora que sitúa la interanual en el -3.7 por ciento. La pérdida de poder adquisitivo de un trabajador americano ha sido de un agujero del 8 por ciento, limitado, eso sí, por los efectos de los cheques gubernativos. Aunque se esperaba un dato alto de inflación por motivos estacionales (comparábamos contra una economía totalmente cerrada hace doce meses), el dato se ha ido de madre y ha sorprendido a algunos gobernadores de la FED. Y eso que en la inflación no se incluye el precio de la vivienda, que ha subido un 18 por ciento en el último año, sino las rentas inmobiliarias, que están al 3 por ciento. La inflación real es mucho peor. Como sabemos, el discurso de la FED aboga por una inflación alta de forma momentánea, y toda su política se está basando en la transitoriedad de cifras altas. Lo primero que se nos ocurre es mirar el grado de acierto de la FED a la hora de pronosticar, y se acerca al de Vinicius delante de una portería. Parece mentira, pero el grado de error es brutal, y queda camuflado por lo bien que les viene a los mercados con las políticas que han implementado estos últimos doce años, por lo que no son muy pejigueros a la hora de pedirles explicaciones. Si miramos los comentarios de Greenspan antes de la burbuja dotcom, o de Bernanke antes de la crisis inmobiliaria americana, parecen sacados de algún monólogo de El Club de la Comedia comparado con lo que la realidad nos trajo. Luego, eso sí, son unos estupendos “mangas verdes” a la hora de sacar la manguera del camión de bomberos. Como decía la semana pasada Jeffrey Gundlach, el asegurar que la inflación se va a quedar ahí es un brindis al sol. La realidad es que no tenemos ni idea de qué va a pasar. La inflación siempre se ha comparado con la pasta de un tubo dentífrico. Una vez que sale, nadie sabe como meterla. Que se lo pregunten a Lyndon B.  Johnson (con una güija, eso sí) cuando intentó unas políticas fiscales tan expansivas como las que estamos viendo en estos momentos. Después de unos primeros años 60 con ningún problema para la inflación, el gasto público excesivo, acompañado del gasto armamentístico de la guerra de Vietnam nos regaló las inflaciones de doble dígito de los 70. Si le hubieran preguntado a algún economista sobre su previsión de inflación en unos años, no hubiera acertado ninguno. Igual que si nos hubieran contado a los de mi generación, que empezamos en los mercados con la deuda a 10 años española al 15 por ciento, (en Cajamadrid se cubrió la cartera de deuda en el año 93 al 14%) que íbamos a ver tipos de interés negativos, hubiésemos hecho cola en el sitio donde vendían la hierba que se estaban fumando. La economía siempre la explicamos con el retrovisor. Igual que dudaríamos de dos estudiantes de medicina que serían incapaces de diagnosticar una decapitación, deberíamos dudar de un analista o gestor que dé una cifra o visión asegurada sobre cualquier cuestión económica. Debemos dudar de todo y tener los ojos bien abiertos de un niño chico, para ver las sorpresas que nos deparará el mundo económico y los mercados financieros, porque siempre nos maravillarán.

Si vemos los precios de las materias primas, ya sean metales o de alimentación, estamos viendo o máximos históricos, o máximos de diez años. Como ya comentamos hace unos meses, es un movimiento que se retroalimenta, y en el que el mundo especulador tiene mucho que ver. Los mercados de commodities, no hay solo compradores y vendedores finales, sino muchos inversores que magnifican las variaciones de precio. A ello se han juntado problemas de oferta en mercados como el de semiconductores.

En cuanto al dato de desempleo, lo que vemos es que mucha menos gente se ha dado de alta para trabajar. Parece ser un efecto directo de las ayudas gubernamentales en forma de cheque. La desmotivación para trabajar ha sido bastante alta, llegando incluso algunos estados americanos, como Montana, a amenazar con eliminar cualquier tipo de subsidio al desempleo. Está siendo un buen estudio de laboratorio de la implantación de un salario mínimo vital por ciudadano, y nos puede dar muestras de sus resultados reales. También puede llevar a un incremento de los sueldos que pagan las empresas para conseguir trabajadores, lo que tampoco estará mal después de casi treinta años de pérdida permanente de poder adquisitivo de los salarios. Si se dan estas subidas salariales puede cambiar la visión que tenemos de la inflación.

En los mercados estamos asistiendo, gracias a Dios, a la vuelta a la normalidad de muchas cotizaciones. El árbol de los índices muchas veces no deja ver el bosque de la realidad. La mayoría de las situaciones estrambóticas que llevábamos comentando desde primeros de año han terminado por explotar, pero eso no ha llevado a caídas generalizadas de los mercados. Lo primero en venirse atrás fue la burbuja de las energías renovables (en España, por ejemplo, Solaria ya ha caído más de un 50% desde sus máximos, o Siemens Gamesa un 35%). El alud de empresas renovables que iban a salir a bolsa ha colapsado por la falta de interés de los inversores a los precios de tocomocho que querían obtener. Después, los valores asesinos de los robinhoods. El índice Reddit, que sigue los valores más populares, se acerca ya al 40% de caída desde sus máximos. Los valores del ARK Innovation caen de media un 42% en apenas tres meses, con valores que superan el 70% en sus caídas. El índice de empresas SPAC (aquellas que captaban dinero para luego invertir sin especificar mucho en qué) elaborado por Wolfstreet, cae un 57% desde el 17 de febrero, encabezando la caída la empresa de camiones eléctricos Nikola (aquella que hizo el anuncio de sus camiones teniendo que utilizar una cuesta abajo para que se movieran), y seguida por Palantir con una caída del 53% o Snowflakes del 55%. Ya hay menos niños millonarios que hace unos meses. También, si miramos el comportamiento del aluvión de IPOS de los últimos seis meses, podemos ver como hay una inmensa mayoría de empresas bajo el agua. Han aprovechado la vorágine de los medios de comunicación y las redes sociales para empapelar a la gente.

¿Y el mercado más tradicional? Pues a puntito para visitar los acantilados de Dover. La situación técnica ha cambiado mucho, y vemos figura de agotamiento en muchos índices (doble máximo en el Nasdaq, hombro cabeza hombro en el Russell 2000) y en general, pérdida de las primeras directrices alcistas en otros indicadores. Si la subida de inflación no es momentánea, y se acaba el maná de las inyecciones de los Bancos Centrales, hemos podido ver los altos del mercado en mucho tiempo. Habrá que esperar a ver si hay más conejos en el sombrero, pero de momento bajamos drásticamente la exposición a las acciones. Podemos pasar a no saber qué hacer con el dinero a déjamelo al 0, que no quiero perder nada. Podemos adentrarnos en una situación de economía mejorando, pero sin que lo hagan ya los mercados, por una contracción de múltiplos. Si vemos las subidas abruptas que hemos tenido, la corrección que hemos tenido hasta hoy es ridícula, y puede ampliarse y como mínimo visitar los niveles de cierre del año pasado, como ya están haciendo el Nasdaq, la bolsa china o la bolsa japonesa.

Esperemos que no se cumplan los versos del poeta, cuando decía que el amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero. Veremos qué pasa a la hasta ahora “eterna” subida de los mercados.

Buena semana,

Julio López

volver