Los inventos de Edison

Julio López, 3 de junio de 2021

Edison para inventar la bombilla necesitó más de mil intentos. Cuando ya era famoso, le preguntaron si no se había desanimado con tantos fracasos. “En absoluto”, respondió, “cada experimento fallido me enseñaba cómo no debía fabricarse una bombilla”.

Algo así me debe pasar a mí con mis intentos por prevenir una caída de bolsa que parece que nunca termina por llegar.

Cada vez resulta más difícil de calificar lo que está pasando en los antiguamente conocidos como mercados financieros. Podemos utilizar términos como mágicos, espléndidos, pero también como obscenos y cínicos. Lo que está claro es que su función real de descubridor de precios hace ya mucho tiempo que dejó de funcionar. Las nuevas acometidas distorsionadoras de los meme stocks han dejado de ser una rareza y están pasando a ser el pan nuestro de cada día. La loca manipulación de los precios de muchos activos hace que cada vez haya menos jugadores en el mercado, ante la desgana y abulia de los operadores profesionales. Los mercados están perdiendo liquidez y profundidad a pasos agigantados. Este lunes no llegó a cruzarse ninguna operación en deuda japonesa a 10 años. Un mercado donde la presencia del Bank of Japan, como sempiterno comprador ha eliminado cualquier sentido a estar operando en el mismo. La Reserva Federal americana mete dinero con una mano y la quita con otra (450.000 millones de dólares en repo inverso diario) monetizando toda la deuda en que está incurriendo el Tesoro americano. Cualquier inversor o ahorrador debe estar lo más alejado posible de estos mercados, atarse al timón del barco fuertemente y taparse con cera los oídos para evitar oír los cantos de sirena que le invitan a placeres innombrables de seguir invirtiendo en bolsa. La verdad es que no encuentro casi nada en lo que estar cómodamente invertido y sí muchas cosas que si cayeran un 50% seguirían extraordinariamente caras. Sí, ya sé que la economía está empezando a ir fuerte por el efecto de apertura, pero siempre debemos recordar que los mercados alcistas tienden a finalizar en medio de grandes noticias económicas, adquisiciones de compañías y ruidos de risas y timbales. Es tiempo de pasear al perro. Todo el movimiento que estamos viendo en mercado lo están haciendo los inversores minoristas envueltos en no sé que ilusa bandera y narrativa de lucha contra los grandes capitales. Son Robin Hood que quitan el dinero a los ricos para dárselo a los pobres, cuando lo único que hacen es engañar a otros incautos “pobres”. Ya nadie se atreve a poner posiciones cortas en valores totalmente enloquecidos por miedo a un estrangulamiento, por lo que los compradores no son gente cerrando posiciones cortas, sino incautos arrastrados por cuatro espabilados embaucadores en Internet.  Hemos hecho un nuevo récord histórico de los activos de los hogares americanos que invierten en acciones. El 41% de sus activos están en acciones. Cada vez que se ha superado una nueva marca, ha venido acompañado de una caída importante de los mercados de acciones a continuación. Todo el mundo tiene la misma idea en el momento más alto de cotización. Lo hemos visto con el tema de los coches eléctricos. Desde febrero, el índice que replica a las acciones de ese sector se ha dejado un 60% de su valor (y eso con los índices globales en máximos históricos). También seguimos con una concentración de los beneficios empresariales en cada vez menos compañías. Si miramos la parte de la tarta del total de las cien mayores empresas americanas, vemos como en 1977 tenían el 48% del total del beneficio empresarial; en 1997 pasó al 52%, al 84% en 2017 y llegó el año pasado a un alucinante 90%.

Vivimos en una permanente ilusión monetaria. Pensamos que somos más ricos porque nuestra casa ha pasado de valer 300.000 euros a 600.000 euros, cuando la realidad es que nuestro poder adquisitivo no ha dejado de decrecer por la prostitución de la moneda. En el mejor de los casos, si tenías esos activos te has mantenido, pero has condenado a toda una población que no tenía capacidad de acceso a los mismos. La única herramienta utilizada es una permanente inundación de billetes, pero no solamente ha creado unas desigualdades brutales en una sociedad media de un mismo país, sino que ha empobrecido a países enteros. Si miramos los últimos tres años, vemos como las monedas de muchos países han perdido su poder de compra. Los indios han perdido un 13%, los rusos un 20%, los brasileños un 39%, los turcos un 55% o los argentinos un 81%. Tienen más pesos que nunca, pero la barra de pan exige varios kilos de papel moneda ya.

Ya lanzamos cualquier tipo de producto, que va a encontrar el terreno abonado para que muchos clientes lo rieguen con su dinero. El último que hemos encontrado es el ETF de FOMO, que son las abreviaturas de Fear Of Missing Out (el miedo de quedarse fuera) que se define como la ansiedad social derivada de la creencia que otros pueden estar disfrutando algo que nosotros nos estamos perdiendo. ¡Acojonante! Entiendo que algunos seguidores del Madrid lo hayan comprado las últimas semanas, ¿pero el resto?

Si miramos lo que está pasando en las acciones de AMC (teatros en Estados Unidos) solo nos puede entrar el tic que le entraba al Inspector Closeau cuando le nombraban a la Pantera Rosa. El negocio había sufrido mucho con los cierres de espectáculos en Estados Unidos y empezó el año valiendo 475 millones de dólares. Pues bien, ayer superó los 33.000 millones de dólares de capitalización. La compañía espera perder 500 millones de dólares en 2022. Tiene más de tres millones de accionistas individuales, a los que el consejero delegado de la compañía ha recompensado con un cubo de palomitas gratis (grande) la próxima vez que visiten una de sus salas. El movimiento de esta semana se inició porque un fondo de inversión (Mudrick Capital Managament) les compró una ampliación de capital para vender en el mismo día, diciendo que la compañía estaba sobrevalorada. (No se preocupen desde entonces ha vuelto a doblarse el precio de la acción). Las bolsas cada vez se parecen más a aquella célebre cruzada de los niños de 1212 en el que se iban apuntando multitud de niños con la esperanza de rescatar Tierra Santa del poder sarraceno, y acabaron siendo todos vendidos a traficantes de esclavos. Lo que está sucediendo se acerca mucho a un sentimiento religioso. Los inversores creen realmente que están embarcados en una cruzada en la que acabarán con el poder de los grandes inversores, incluso creo que se basa mucho más en la ira que en la avaricia, y que al menos, finalmente, lograrán entender, provechosamente, la ley de la gravedad de Newton. Todo esto ante la mirada miope de los reguladores del mercado, embarcados en la ingente tarea de ver si en la pre-orden de mercado había que haber añadido punto final o punto y coma.

En definitiva, que los mercados pueden volverse junglas llenas de tigres y cocodrilos en cualquier momento. Otro dato relevante, el famoso real earning yield (el rendimiento real de las acciones) se ha vuelto negativo. Las otras veces que pasó fueron julio de 2008, marzo de 2000 y agosto de 1987. Eso al menos me ha comentado mi alter ego, el protagonista de Pedro y el lobo.

Como decía Nicolas Cage en Next: “He visto todos los finales posibles. Ninguno de ellos era bueno para ti”

Buena semana,

Julio López Díaz, 03 de junio de 2021

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