Mozart y Haydn

Julio López, 23 de junio de 2021

Durante una fiesta, Mozart apostó a que Haydn no sería capaz de tocar una pieza que acababa de componer. Este lo retó, colocó la partitura en el atril y empezó a tocar el piano, pero de repente, se detuvo; tenía las manos situadas a ambos extremos del teclado y la nota que debía pulsar estaba en el centro. Tras reconocer su derrota, cedió el puesto a su adversario. Cuando Mozart llegó al punto conflictivo, se inclinó y pulso la nota con la nariz entre aplausos.

Cada vez que hay una reunión de un Banco Central, todo el público está pendiente de qué forma van a tocar las teclas para que la sinfonía que llevan tanto tiempo componiendo no empiece a desparramar. Son auténticos juegos de malabares, porque en un tiempo de información y trading centesimal, cualquier mínimo y desacompasado aleteo que hagan, produce un huracán en algún otro sitio del planeta. Además, como llevan tanto tiempo con el mismo martillo, todo lo que ven son clavos y no tienen la capacidad o el talento para hacer otra cosa. Bajar tipos es muy aplaudido y vitoreado: suben las bolsas, suben los bonos y todo el mundo parece ganar. Sin embargo, su otro papel, el de controlador de que esto no se desmande demasiado, es bastante más desagradable y lo más sencillo es procrastinar y ya veremos qué pasa.

La semana pasada tuvimos reunión de la FED y los anuncios principales fueron que mantendría los tipos de interés en el rango 0-0.25% como tenía hasta ahora durante este año, y que seguiría comprando 120.000 millones de dólares mensuales entre bonos del Tesoro y títulos hipotecarios. Lo que cambió un poco, y sembró cierto azoramiento en el mercado, es que algunos miembros están previendo un incremento de tipos de interés para finales de 2022 y 2023. Nada del otro mundo, no crean, un par de movimientos de 0.25% y no acercarnos ni por asomo al 1%. Nada que haga peligrar la financiación del gasto público en que está incurriendo el Gobierno Federal. A la vez, subió sus previsiones sobre inflación a que esta llegue al 3% (la subyacente), aunque sigue considerando que tiene efectos transitorios por el fin de los cierres empresariales o problemas coyunturales en las cadenas de fabricación. La reacción del mercado fue la habitual en estos casos, bajando las rentabilidades de los bonos a largo plazo, y subiendo los tramos más cortos de la curva, superando el 2 años por primera vez el 0.25% (en Alemania todavía está en el -0.65%), subida del dólar y comportamiento dispar de la bolsa en función de sectores, pero beneficiándose sobre todo la tecnología. Más o menos en las mismas horas se conocían las pruebas de la EvAU o como quiera que se llame este año la Selectividad de toda la vida, y me puse a sacar semejanzas con el mundo económico. También en el acceso universitario las valoraciones se encuentran en All time high, y seguramente también porque la demanda está bastante “dopada”. Para entrar a muchas carreras, notas por encima de 13 sobre 14. En mis tiempos debíamos de ser bastante más tontos, porque he preguntado a los de mi quinta, incluso los más brillantes, y las notas medias debían de estar alrededor del 6.5, que con el baremo actual equivale más a menos a un 9, nota con la que no puedes elegir actualmente casi nada. Han subido las notas nominales, pero nuestras notas reales se han quedado donde estaban. Nuestro 6.5 ”ha perdido poder de compra”. Te pueden dejar el sueldo como estabas, pero si suben los precios de las viviendas, tu acceso a una casa cada vez está más complicado. Si escuchamos a muchos expertos y estudiantes tampoco existen los “mercados eficientes” y hay jugadores que tienen más información que otros. Igual que con las intervenciones cuantitativas se benefician aquellos que están más cerca del poder, en el caso del acceso universitario, hay comunidades autónomas que “subvencionan” las notas de sus alumnos frente a otras, alterando claramente la formación de precios. Una especie de dumping fiscal educativo. Estas ineficiencias de mercado crean nuevos mercados a su vez, como es el caso de las numerosas universidades privadas que han surgido para cubrir la demanda de puestos universitarios que las públicas no dan. También hay industrias que se ven penalizadas de forma colateral con el tema de los números clausus por curso. Ahora parece ser que hay unos 40 alumnos por clase y no los 415 que estábamos matriculados en primero de empresariales en la asignatura de Matemáticas en la Autónoma. Las industrias ópticas y de audífonos tendrán menos clientes que hace treinta años. Otras permanecen inalterables, como son las academias. Tanto entonces como ahora, las universidades se limitan a poner un examen y que los alumnos aprendan en horario extra-escolar con terceros… No había nada más inspirador para un padre que ir al colegio donde te dejabas una pasta y que te dijeran que el niño necesitaba “ayuda extra”. Es una forma keynesiana de crear empleo como otra cualquiera, por lo que no vamos a quejarnos mucho y que nos condenen al infierno. También han surgido quejas, al menos en la Comunidad de Madrid por la dificultad del examen de Matemáticas. En un mercado ”global” esto debería dar igual, y una menor nota debería ajustar a la baja el precio de entrada en cada carrera. Pero ya hemos visto que las “ayudas comunitarias” distorsionan esos precios, dejando fuera a muchos productores que pasan a no poder “competir” con los emergentes de turno. El problema de todo esto es que el producto que saldrá finalmente de fábrica será más chino que alemán. Más AliExpress que UPS y al que habrá que envolver con papel de regalo más estridente y disimulador, en forma de interminables y carísimos Masters del Universo.

Menos mal que los inagotables fondos europeos servirán como antídoto frente a cualquier mal. Casi todos los proyectos que estamos viendo últimamente, tienen como denominador común el intentar aprovechar algún tipo de subvención para captar de forma barata recursos. Cualquier nueva actividad parece depender en exclusiva de lo que vaya a salir en el BOE, y el resto del dinero va sobre todo a los mercados financieros. Y la marcha de las bolsas va a depender únicamente de que las inyecciones de dinero sean permanentes. La marcha de las empresas y el crecimiento o no económico, no deja de ser un trampantojo. Si vemos, por ejemplo, la valoración que hace el mercado de una empresa, por lo demás envidiable y sólida como L´Oreal, los números son fáciles. En el año 2017, para unas ventas de 26.000 millones de euros, tenía una capitalización de 103.000 millones. Hoy unas ventas mayores en 2.300 euros han incrementado su valor en bolsa a los 221.000 millones y un PER cercano a las 50 veces. Mucho dinero creado y poca piscina donde recoger. ¿Y eso es bueno para la economía de un país? ¿Inflar hasta el infinito las cotizaciones, realmente crea riqueza global? Lo que sí es real, son los datos publicados esta semana en USA sobre remuneración laboral. En 2020, los CEO de las empresas americanas han recibido 274 veces el pago medio del empleado de su propia empresa, comparado con 245 veces el año anterior. La remuneración de ese colectivo subió un 14.1% de media frente a un 1.9% del resto de los trabajadores. No hay nada más que ver qué pasa en nuestro país con las fusiones bancarias. Sobran unos y están muy “malamente” pagados los directivos que quedan, a los que hay que subir los sueldos.

“Corta la pizza en cuatro trozos que no creo que me pueda comer seis”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 23 de junio de 2021

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