Quevedo y Felipe IV

Julio López, 9 de septiembre de 2021

Cuenta una anécdota, casi seguramente falsa, que cierto día Felipe IV y Quevedo subían por una escalera del alcázar y el poeta, que iba delante, se agachó para atarse un zapato. Cuando Felipe pasó junto a él le propinó una traviesa palmada en el trasero que provocó que Quevedo se doblara hacia delante y no pudiera evitar una ruidosa ventosidad. Felipe le afeó el gesto y a Quevedo solo se le ocurrió responder: “no hay puerta a que llame Vuestra Majestad que no se abra”.

Todo empezó con una conversación intrascendente con mi madre. Hablábamos de lo divino y lo humano cuando, en un momento, mi vista pasó del techo a la librería del salón, donde seguían las colecciones de elefantes que mi padre había reunido durante sus viajes. Los había de madera, de marfil, de lapislázuli, de cuarzo, de jade. A partir de ahí, la conversación se desvió a sus primeros viajes y, de forma inocente, llegó la frase demoledora: “A tu padre todo le parecía caro”. Como diría Abraracúrcix, el cielo se había caído sobre nuestras cabezas. ¿Y si existe un componente genético a la hora de ver las cosas?  Todos esos gestos espontáneos, apagar luces, cerrar grifos, calcular automáticamente los precios de la compra divididos por peso, ¿no serán más que la huella transmitida durante siglos y siglos por los López? ¿Aparte de adenina, guanina, timina y citosina, tenemos algún tipo de base nitrogenada más en nuestro ADN, que no transmiten el resto de los seres humanos, y los inversores en bolsa en particular?

Todas las mañanas me despierto con la dualidad de si el mundo está mejorando o simplemente está a punto de estallar. Si realmente se abre una ventana donde se cierra una puerta, y el ser humano siempre logra seguir adelante, o si nos vamos a dar de frente a un callejón sin salida. Ya saben que mi “equipo” es más el segundo, pero gracias a Dios parece que estoy perdiendo el partido y siempre hay argumentos que me rebaten. Ya José de la Vega, hace más de cuatrocientos años, tituló su libro sobre sus experiencias en bolsa como Confusión de Confusiones. Pues es el estado en el que me encuentro ahora mismo. Hay muchas formas de ver el mundo, y no debemos dejar de interrogarnos a nosotros mismos sobre los pilares en los que basamos nuestra visión. Una de las que más me llama la atención, es la capacidad de adaptación y la velocidad de los cambios. A lo que hay que añadir la capacidad de sorprendernos cuando los demás hacen lo mismo que nosotros. Este verano que he pasado en Grecia y en Galicia, la frase más repetida con mi mujer era: ¡Pero cómo puede haber tanta gente!  Cada cierto tiempo, hay un shock brutal que nos hace plantearnos todo y surgen como moscas artículos explicando cómo cambiará el mundo a partir de entonces, pero luego chocan con la máxima Lampedusiana de que todo cambia para seguir todo igual. La gente no iba a viajar como antes, pero en las islas mediterráneas en general, no había coches que poder alquilar. Los homéricos ejércitos de mirmidones de Aquiles han sido reemplazados por hordas de italianos en quads. Algo parecido iba a suceder tras el trágico 11S, cuando nadie iba a coger nuevamente un avión y luego asistimos al boom de los viajes baratos. Parece que todo pasa por una vuelta a la normalidad. La misma sensación tengo estos días cuando bajo, saludando a mis compañeros de atasco, en la carretera de la Coruña, mientras nos adelantan viejecitos con andador por la derecha. El teletrabajo iba a imponerse, pero tras una primera fase entusiástica, parece que volvemos a la cotidianidad. Me pregunto si todo esto no es más que una gran operación especulativa, como la que hizo el Duque de Lerma cuando desplazó la capitalidad de España de Madrid a Valladolid y luego vuelta. La gente ha estado comprando casas a cien kilómetros de Madrid para vivir en la naturaleza y teletrabajar, y ahora se tragan dos horas de atasco diarias para entrar en Madrid…

La confusión de las políticas monetarias. Los Bancos Centrales, en su intento permanente de apoyar medidas de demanda, cuando lo que estamos viendo es un auténtico shock de oferta.  Como venimos anunciando desde Heródoto, todo el dinero impreso se ha destinado a recompra de acciones y no a inversión en activos productivos. Ahora vemos las consecuencias. La industria de semiconductores es la más comentada (Daimler ha comentado esta semana que los problemas de abastecimiento de chips están lejos de arreglarse), pero abarca a muchas industrias. Yo he tenido el coche parado cuarenta días a la espera de que llegara una pieza desde Japón (Subaru). Se ha creado una economía Matrix financiera, y dejado de lado la real. Esto produce otra paradoja económica. Esta situación aleja las posibilidades de recesión económica. Las recesiones siempre vienen precedidas por un exceso de oferta que debe limpiarse. Como ven, no es el caso, lo que hace que el análisis se haga cada vez más complejo. Tenemos la cabeza metida en la Termomix.

La confusión del inversor. El mercado está en valoraciones históricas altas, en modo burbuja. El inversor que no quiera jugar a este juego y dejar su dinero en barbecho, se encuentra con que el bono a 10 años alemán está al -0.33%, con una inflación (la oficial, no la que soportamos en nuestra cesta de la compra real) del 3.8% en su último dato publicado. Esto da un interés real del -4.13%. En términos de barrio, en diez años te han ventilado el 50% de tu dinero. Lo que está subiendo en bolsa y que concentra todo el dinero de los fondos pasivos está a unos múltiplos estratosféricos, y centrados sobre todo en tecnología. Nvidia vale 550.000 millones de dólares con unas ventas de 22.000 millones, ASML 300.000 millones de euros para unas ventas de 16.000 millones. Es cierto que han doblado ventas en cuatro años, pero en ese intervalo su capitalización se ha multiplicado por cinco. ¿Cuál es el límite de ampliación de esos múltiplos que pueden tener con un PIB con crecimientos escasos? Desgraciadamente no lo sabemos. Junto a esas empresas líderes en revalorización tenemos muchas empresas meme, que sorprendentemente no han perdido su “esplendor”. Gamestop o AMC de momento no cumplen mi predicción de que tras la especulación se desinflarían. Ahí siguen, valiendo 15.000 millones y 33.000 millones respectivamente, aunque no prevean dar beneficios al menos los próximos tres años. Y luego hay una serie de empresas, aburridas y sin glamur, que es donde debería tener algo un inversor conservador, pero que el mercado en general no recompensa y terminan aburriendo, cotizando a unos múltiplos con descuento frente a todo lo que no sea guay.

La confusión del ciudadano. Sorprendente la reacción de la bolsa japonesa ante el anuncio de su presidente Suga de que no se presentará a las elecciones. Ha subido un 10%. No hay cambio previsible de partido en el Gobierno. Para hacernos una idea, es como si Ábalos sustituyera a Pedro Sánchez, para entendernos, pero el entusiasmo se ha desparramado y lo que subyace, lo pueden adivinar, es que con el cambio habrá medidas de expansión fiscal y monetaria en Japón. Una medida absolutamente “rompedora” con lo hecho en los últimos veinte años… Como en los segundos matrimonios, el triunfo de la esperanza sobre la experiencia.

La confusión del legislador superguay. Todos queremos ser super verdes, super comprometidos y super responsables, el problema es que no queremos asumir los costes. El tema más palpable está siendo el precio de la electricidad. Está muy bien, y es recomendable ir a hacia un mundo de energía limpias, pero esa transición está llena de bombas. En un mundo con una cesta de energía como la que tenemos, demonizar a empresas petroleras y similares tiene sus consecuencias. Si lo que marca las inversiones es el adjetivo ESG, la gente directamente no ve sentido a invertir en productos que ahora mismo representan el 70% de las fuentes de energía, y eso termina por repercutir en el precio que el consumidor paga. Los derechos de emisión de carbono se pensaron para penalizar al contaminante y fomentar las limpias. Desde 2017 han subido solo un 1.000%... El mensaje debería ser: Sí, la electricidad tiene que ser más cara para evitar el calentamiento global, pero claro, a ver quién se atreve. Lo siguiente que miran con pavor los encargados de la cosa, es el cierre de las denostadas centrales nucleares, y su efecto multiplicador en el precio de la electricidad que está por venir… El problema es, una vez más, que el porcentaje que representa en los hogares más humildes el gasto en electricidad es muchísimo más alto que en los más pudientes.

La siguiente pieza del dominó, la estamos empezando a ver. Los precios de las aerolíneas se están disparando. No nos olvidemos que son uno de los principales contaminantes del mundo. Dos viajes transatlánticos anuales, equivalen a llenar un depósito de tu coche todo el año. ¿Estaremos dispuestos a limitar nuestros viajes de ocio?

Como siempre, tengo más preguntas que respuestas.

Buena semana,

Julio López Díaz, 09 de septiembre de 2021

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