En relación con los amoríos de Felipe el Hermoso

Julio López Díaz, 22 de septiembre de 2021
En relación con los amoríos de Felipe el Hermoso

En relación con los amoríos de Felipe el Hermoso, existe una curiosa anécdota que hace al mismo padre de la conocidísima y muy ibérica frase de poner a alguien mirando a Cuenca. Al parecer, Felipe era muy aficionado a la astronomía y la geografía, y había hecho instalar en una de las Torres del Alcázar de Toledo un pequeño observatorio, que a menudo usaba también como picadero. En cierto momento, mantuvo una relación con una de las damas de compañía de la reina Juana, que era originaria de Cuenca. Cuando Felipe quería pasar un rato con su amante se presentaba ante la reina y le decía que deseaba llevar a la dama al observatorio para que pudiera mirar su ciudad natal con un telescopio. Los guardias, que conocían lo que ocurría en esas sesiones de astronomía, comenzaron a utilizar la expresión en el sentido que tanto se popularizó.

Podemos utilizar mucha frase hecha para describir lo que ha pasado en el mercado la última semana, siendo la de la anécdota una de ellas. Parece manido y sobado hablar de volcanes en estos momentos, pero son una metáfora poderosa para los mercados y las situaciones macroeconómicas y geopolíticas. Igual que ellos, la preparación para la explosión lleva su tiempo, pero una vez se produce, lo hace de una forma abrupta y brutal. Afganistán está “controlado” durante veinte años, pero los talibanes “te ocupan Kabul en tres días”. En los mercados financieros pasa lo mismo, y lo puede hacer en las dos direcciones. Fue alcista en noviembre con los resultados de las vacunas contra el Covid o puede ser bajista con un suceso como fue el Brexit. Lo que sigue siendo imposible de vaticinar es cuándo sucederá, y cómo podemos prepararnos para el evento. Todavía recuerdo la locura que se apoderó del mercado a principios de 1999 con el tema de Internet, y aunque acertaras con tu visión final, vimos como la bacanal se extendió en el tiempo hasta marzo de 2000. Como ya hemos comentado innumerables veces, los temas son siempre los mismos, pero la atención de forma desmesurada que los focaliza en un momento y no en otro, sigue siendo inexplicable. Incluso nuestra respuesta a los hechos es sumamente extraña y diferente. Unos corren despavoridos y otros, por el contrario, se quedan completamente parados mirando el espectáculo de color sin darle mucha importancia.

En los últimos días, incluso los analistas más reputados están dando una visión diametralmente opuesta de cómo se comportarán los mercados. Tenemos los que siguen viendo un buy on dips, y los que abogan por una corrección mucho más seria. Claro que gracias a esa mezcla de opiniones tenemos mercados y variaciones en los precios. La semana pasada, por ejemplo, cuando parecía que el cielo no era suficiente para retener el precio de las acciones, tuvimos la mayor entrada en fondos tecnológicos, y de acciones en general, en mucho tiempo. La consecuencia se sufre esta semana cuando, por primera vez en el año, el S&P 500 ha tenido una caída superior al 5%. Sigue siendo una máxima la ley del sentimiento contrario. Cuando todo el mundo es alcista bajan los mercados y viceversa. De hecho, el viernes fue el primer mes de vencimiento de contrato generalizado de opciones que los inversores particulares perdieron mucho dinero con la compra de calls fuera de dinero, una estrategia que les había funcionado extraordinariamente hasta ahora.

Lo que centrará la atención de los mercados esta semana será el comentario que haga la FED sobre el futuro de sus intervenciones cuantitativas en el mercado. La situación es más compleja y diferente de lo que estamos acostumbrados. Llevamos décadas intentado estimular la demanda, y por primera vez en mucho tiempo, el problema no está ahí, sino en la oferta. Si algo recordamos de los años 70, con la crisis del petróleo, es que cuando aumentan los costes de producción como está sucediendo ahora mismo, el incrementar todavía más la demanda o la liquidez desemboca en una subida irremediable de los precios. Esa inflación, con la que están jugando a pensar que es temporal, veremos lo que dura. Siguiendo con la metáfora volcánica, nunca sabes si la inflación terminará por explotar o permanecerá contenida. Estados Unidos puede jugar al tiki-taka un poco más de tiempo, sobando el balón y pasándoselo entre los centrales, pero el resto de los equipos no están en la misma situación. Estamos viendo nuevas depreciaciones importantes en muchas monedas emergentes, donde la inflación se está yendo de madre, y muchos países se están viendo obligados a subir tipos para defender las entradas de capital. Además, perjudica mucho más a los países más pobres, en los que el porcentaje de ingresos familiares destinados a la alimentación y a la energía es más alto.

La subida de los costes de producción está siendo mucho más importante de lo que los augures de los bancos centrales nos están queriendo decir. Como muestra, un botón. Asistía el otro día a una entrevista a una representante china de los comerciantes de esa nacionalidad en Madrid. Por primera vez, se estaban cerrando negocios y volviéndose gente a China. Son negocios que estaban basados en la importación de productos desde China a precios asequibles. El dato con el que me quedé fue que un contenedor de 25 toneladas había pasado en un año de costar 2.000 euros a 12.000, ¡se ha multiplicado por seis! Las razones se diversifican entre subidas de las materias primas, cuellos de botella en muchas industrias y la subida brutal de los fletes navieros. La inflación publicada en Estados Unidos está en el 5.2%. Si a esa inflación manipulada le aplicáramos el coste de la vivienda real en la cesta de la compra, se hubiese situado en el 12%. El reverso tenebroso de la fuerza que acompaña a los Bancos Centrales. El índice de precios de alimentos global subió en agosto un 33% respecto al año anterior. El riesgo de equivocación de los Bancos Centrales al menospreciar la inflación se está incrementando exponencialmente.

Sobre el papel de los miembros de los Bancos Centrales también hemos tenido semana movidita. “¡Qué escándalo, qué escándalo, me he enterado de que aquí se juega!” que decía el capitán Renault en Casablanca. La Reserva Federal ha ordenado revisar las reglas éticas de comportamiento. Curiosamente se ha descubierto que algunos de sus miembros poseían activos que “casualmente” luego adquiría la Reserva Federal dentro de su programa de compra de activos para combatir la pandemia. Algo por lo que el becario de turno acabaría en la cárcel, sin pestañear el juez, es materia corriente entre los grandes prohombres. El grado de corrupción del sistema es estratosférico, y aunque lo más repetido es que hay un conflicto de intereses, mi opinión es un poco menos ortodoxa. No hay ningún conflicto de intereses, el propio interés es el que está por encima de cualquier otro. Powell, por ejemplo, tenía entre 1.5 y 2.5 millones de dólares en bonos municipales (una ínfima parte de su posición en activos financieros) de los que luego la FED compró más de 5.000 millones de dólares. El que parte y reparte, se lleva la mejor parte, que argumentaba mi abuela.

Ya lo decía Goebbels, si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan. Es mejor hablar de los males de China…

Buena semana,

Julio López Díaz, 22 de septiembre de 2021

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