Los Reyes Católicos

Julio López Díaz, 25 de noviembre de 2021
Los Reyes Católicos

Es falsa la creencia, tan popular, de que el lema de los Reyes Católicos “Tanto monta” fuera una expresión de unión e igualdad entre ellos. Se ha extendido la falacia de que la versión completa de la frase era algo así como: “Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando”, dando a entender que ambos eran uno solo y que cada uno tenía la misma autoridad e importancia que el otro. Sin embargo, el lema auténtico era “tanto monta cortar como desatar”, una referencia al famoso nudo gordiano de Alejandro Magno. El lema vendría a significar algo así como: mientras se consigan los objetivos, los medios son indiferentes. Como puede comprobarse, nada que ver con el sentido que se nos ha pretendido hacer creer. Algo que se ve en cada negociación de presupuestos del Estado.

Otra de las cosas que se pone de manifiesto también en dichas negociaciones es la famosa ley del péndulo. Si antes nos quejábamos del duopolio de dos partidos, ahora nos quejamos de que cualquier “influencer” un poco venido arriba, puede formar su propio partido político y lograr un escañito que resulte decisivo para lograr cualquier mayoría. Estábamos habituados al pasado fenicio de nacionalistas catalanes y vascos (un gran genio del humor, Íñigo Urkullu, hablando el otro día del dumping fiscal de Madrid) pero hasta los austeros castellanos y los recios aragoneses han empezado a ver que tener un representante de un partido provincial les da mucho más gustirrinín que un tío en la decimosegunda fila del Congreso que vota lo que marca el tío de su partido que alza un brazo o dos para dirigir el sentido de la votación. El principio lo marcó Teruel Existe (19.000 votos un escaño), pero visto lo visto, pueden salir unos cuantos partidos más para arrimar el ascua a su sardina. En cambio, para obtener un escaño en Madrid o Barcelona, se necesitan más de 100.0000 papeletas. Si en lugar de un cómputo provincial nos fijamos en los votos por partidos, podemos ver como a Más País, obtener sus tres escaños le costó 192.000 votos. No parece que valgan todos los votos lo mismo. El sistema premia a los partidos pequeños muy localizados, lo que creará el incentivo para una fragmentación del voto cada vez mayor y más local, y el choque entre la España Vacía y la España de las ciudades se intensificará. Esto no es una cosa exclusivamente española. Si nos fijamos en Estados Unidos, donde sí que tiene importancia el Senado, California con treinta y nueve millones de habitantes tiene la misma representación que Vermont con 623.000. Se podría dar el caso de que un partido podría controlar esa cámara con los votos de los 26 estados más pequeños que tienen una población de 58 millones de habitantes, que es alrededor del 17 por ciento de la población. Debemos recordar también que Donald Trump fue presidente con menos votos totales que Hillary Clinton, y que el sistema electoral americano asigna todos los escaños del Estado a la fuerza más votada, obviando la proporcionalidad. La diferencia en 2016 fue de 3 millones de votos, pero si estiramos el chicle, se puede ser presidente americano con 47 millones de votos, aunque tu contrario tuviera 170 millones, en función de cómo se ganen los Estados.

En fin, que lo que vemos por todas partes es cada vez más polarización. Provincias vacías versus capitales, funcionarios frente a trabajadores privados, pensionistas versus población activa, países del norte contra los del sur, los gaditanos contra los malacitanos, etc. Al final también idealismo frente a realismo, Platón contra Hume. Los datos y las tendencias son los que son, y obviándolas no arreglamos nada. España va a tener un problema demográfico inmenso. Con los índices de natalidad por los suelos, construir escenarios alternativos Disney puede acrecentar las malas decisiones. España va camino de perder alrededor del 20 por ciento de su población en los próximos 40 años. Una vez oí a un demógrafo que para ver los números había que multiplicar por 85 los niños nacidos en un año para saber donde iba a estar la población a largo plazo de esa región, si no teníamos movimientos migratorios (que se vayan o vengan a ese territorio). Si aplicamos esa regla a nivel provincial, nos sale que los 874 nacimientos de Ávila en 2019, nos auguran una población de 74.290 personas, cuando el censo de ese mismo año reflejaba 160.000 habitantes. En Soria ha habido 589 nacimientos, con una población futura de 50.000 habitantes frente a los 89.000 actuales. Lugo, por salir de Castilla, tuvo 1.679 nacimientos, población futura de 142.000 habitantes respecto a los 329.000 actuales. ¿pensamos que Madrid es distinto? Pues no; en 2019 hubo 51.887 nacimientos para una población futura de 4.410.000 habitantes frente a los 6.6 millones actuales. Creo que las cifras hablan por sí mismas. Esto tiene unas consecuencias horrorosas que podemos, en un afán un poco perverso y masoquista, enumerar.

El crecimiento del PIB, como ya hemos comentado otras veces y sin ánimo de discutir sobre su papel como indicador absoluto de relevancia, podría ser la suma de dos sumandos, uno el crecimiento de la población y otro el incremento de productividad. Si miramos la historia de la última centuria podríamos resumir que el incremento de población aportaba un 1% al crecimiento todos los años, y la productividad un 2%, para un crecimiento medio del 3%. Si la primera parte de la parte contratante deja de ser positiva y pasa a ser negativa, todo lo fiamos al incremento de productividad, que además lleva en punto muerto desde 2008, por lo que los crecimientos económicos (si los hay) serán raquíticos. Menos población y menos crecimiento llevan a una carga de la deuda brutal sobre los “supervivientes”, ya sea en forma de deuda pública o de cargas sociales para cubrir los sistemas de pensiones.

La carga territorial también será distinta. Hemos construido un sistema universitario, por ejemplo, en el que cada provincia tiene su universidad, un sistema hospitalario que tiene unos baremos similares. ¿Qué servicios podrá dar una universidad que, si extrapolamos los datos de Ávila, pueda acoger a 437 alumnos en el total de licenciaturas por curso? (Suponiendo que el 50% de la población estudia una carrera). Las cifras no saldrán por ningún lado. Lo mismo podemos pensar de la dotación de hospitales. Se requerirán menos profesores, menos médicos, etc., lo que hará que el movimiento acumulativo de las ciudades funcione como un agujero negro. “The winner takes it all” que cantaban los renacidos ABBA.

Este movimiento también repercute en el patrimonio de las personas y sus decisiones económicas. ¿Cuál es la diferencia de patrimonio entre alguien que compró un piso dentro de la M-30 hace doce años, y alguien que lo compró en Cuellar, provincia de Segovia? ¿Y cuál será la diferencia dentro de diez años con esa tendencia que hemos comentado? Las ciudades son focos de atención, no solo empresarial sino también de ocio, que es el aspecto seguramente más reclamado por las nuevas generaciones. Veo complicado, si no imposible, acabar con esa tendencia y las ciudades, para sobrevivir, tendrán que ganar masa crítica (por ejemplo, la unión de municipios como Don Benito y Villanueva de la Serena en Badajoz) para dar servicios a sus habitantes.

Quien cree que un crecimiento exponencial puede durar siempre en un mundo finito, es un loco o un analista de bolsa.

Feliz semana,

Julio López Díaz,

25 de noviembre de 2021

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