Casanova

Julio López, 8 de febrero de 2022
Casanova

Ya en 1590, el papa Urbano VII, que solo estaría trece días al frente de la Iglesia, promulgó la primera prohibición de fumar en lugares públicos. Amenazó con excomulgar a todo aquel que tomase tabaco a las puertas o en el interior de las iglesias, ya fuese masticado, fumado en pipa o aspirado en polvo por la nariz. Ante dicha prohibición el aventurero y gran seductor Giacomo Casanova supo buscarse la vida para seguir fumando en sus aposentos mientras era novicio al servicio del cardenal Acquaviva. El resto de los novicios fumadores intentaron conseguir la misma dispensa del cardenal, pero obtuvieron un no por respuesta. Estos decidieron interrogar a Casanova para ver cómo lo había conseguido. Casanova les preguntó cómo le habían formulado la pregunta al cardenal:

—Eminencia, ¿podemos fumar mientras meditamos? —contestaron.
—No lo habéis hecho bien, yo le pregunté: Eminencia, ¿puedo meditar mientras fumo? Y la respuesta fue afirmativa.

La realidad varía mucho simplemente dependiendo desde donde mira uno. Una de las cosas que define nuestra época es la rapidez y la facilidad de proyectar al futuro cualquier novedad en la información que manejamos. Hacemos un cambio de dirección drástica sin necesidad de argumentar sólidamente. Esto ocurre en muchas facetas de la vida, pero los mercados financieros elevan cualquier cosa a la enésima potencia. En la vida real, se puede emitir un real decreto imponiendo la obligación de mascarillas, para una semana más tarde abolirlo sin dar muchas explicaciones o sin que los datos hayan variado. Lo llamativo no es tanto estos cambios, como las penas del infierno que sufren los que no comulguen con piedras de molino. La semana pasada puedes ser multado y tachado de negacionista, pero ésta que entra ya está todo perfecto. Hace una semana podías ponerte una nueva dosis de vacuna si habías pasado la variante Omicron en menos de un mes, ahora, mejor espera cinco meses. Y así todo… Hace una semana Christine Lagarde diciendo que la inflación es transitoria y la siguiente que el riesgo de inflación permanente es muy alto, ¿Really, Cristina? ¿What else?

En los mercados, hemos visto situaciones dispares esta semana, pero con resultados realmente sorprendentes para ambos lados. El miércoles publicó Facebook y pierde 235.000 millones de dólares de capitalización en unos minutos. La cifra me sigue asombrando, pero parece carecer de relevancia en el mar de dígitos inmensos en que nos manejamos. Esa cifra equivale a la capitalización conjunta de las cuatro empresas españolas más grandes (Iberdrola, BBVA, Santander e Inditex), al 20% del PIB de España y casi dos veces el gasto en pensiones españolas del año pasado. Si nos vamos un poco atrás en el tiempo, equivale a 22 Plan Marshall. Al día siguiente, Amazon publica y tiene una revalorización cercana a la cifra que perdió Facebook. ¡Y todas esas variaciones, con la publicación de unos resultados trimestrales!

Total, que lo único que nos enseña la realidad es que no podemos vivir en ella con una montaña de arrogancia y de confianza, pensando que tenemos un conocimiento irreprochable. No tenemos ni idea de las cosas, por eso lo único que podemos hacer es tener un plan de inversión o de trading y tener claro la frontera entre el encabezonamiento y el asumir que nos hemos equivocado, intentando limitar el tamaño de nuestros errores para poder sobrevivir un día más. El ecosistema de la bolsa exige una evolución darwiniana, porque los jugadores y el peso de los mismos cambia en cada momento. Solo hay que mirar el boom del último año de los inversores retail. Según algunas encuestas, el 80 % de los inversores minoristas llevan en mercados menos de tres años y una gran mayoría en Estados Unidos, desde que recibieron los cheques estatales por el COVID. Después de un año de subidas brutales, en apenas un par de meses han descubierto la cara oculta de los mercados, con caídas abruptas de muchas acciones “trending”. Cuando se miran las cifras de desempleo americanas (en el último dato, ocho millones de nóminas menos que antes del COVID) hay que destacar que la tasa de participación sigue bajando y que muchas personas ni siquiera están buscando trabajo. Hay estimaciones que hablan de tres millones de personas dedicadas al trading intradía, fundamentalmente con criptomonedas.

Hablando de criptomonedas. Los que siguen estas cartas saben que somos unos defensores irredentos del bitcoin. Pero no los somos del 99.5% de las criptomonedas que circulan, que son en su mayoría una tomadura de pelo o directamente una estafa. Después del éxito inobjetable del bitcoin, muchos han querido replicar ese éxito y acogen a muchos incautos. Es un tema de perspectiva. El bitcoin vale 43.000 dólares y “vale mucho”. Doblar su cotización cuesta 43.000 dólares (siempre se me han dado bien las matemáticas) por lo que se trata de buscar criptomonedas que valgan unos pocos céntimos, en las que doblar o multiplicar por diez parezca fácil. Ahora mismo hay unas 17.000 criptomonedas. Creo que me equivoco poco si digo que 16.900 no valdrán nada en un par de años. El último caso de estafa lo tenemos con el lanzamiento de la criptomoneda ligada a la serie coreana el juego del calamar. Salió a cotizar hace un par de jueves a 0.01 céntimos. Alcanzó los 38 dólares el domingo, 90 el lunes y llegando a marcar la semana pasada un máximo de 2.861 dólares (revalorización del 75.000%) para menos de una hora después marcar un precio de 0.0034 dólares y comprobarse que los sostenedores de la criptomoneda habían desaparecido.

En fin… cuál es la situación de los mercados. Tras una pata bajista en las dos últimas semanas de enero, se trata de dilucidar si hay que seguir la estrategia vigente desde hace doce años (buy on dips) o ver si estamos ante un cambio de paradigma. De momento, la contracción de las cotizaciones ha venido por el lado de las valoraciones, más que de los resultados. A pesar de ello, dichas valoraciones, desde el punto de vista histórico siguen disparadas. El índice Wilshire 5000, el más amplio de los índices americanos, ha rebasado en su capitalización el 200% del PIB americano, que es un dato estratosférico. Cabe recordar que el mínimo, del año 2009, lo marcó en el 53.59% del PIP, que es casi la cuarta parte. Los márgenes empresariales se encuentran en máximos históricos. Me parece complicado que permanezcan ahí. Dos partes fundamentales de los costes (salarios y costes financieros) van a pesar sin duda alguna, por no hablar de las actividades en las que el coste de la energía sea una parte fundamental. A esto debemos sumar la retirada de estímulos monetarios (algún informe habla de retirada de cuatro trillones de dólares de estímulos monetarios por parte de los Bancos Centrales del G-4) y ver si a estos le sigue la retirada de estímulos fiscales por mor del incremento brutal de deuda que han tenido muchos países (España a la cabeza). Técnicamente, la situación se pone muy fea si perdemos el 4.000 de Eurostoxx o el 4200 de S&P 500, sobre todo por el efecto psicológico, de no tener una vuelta rápida a nuevos máximos como hemos tenido hasta ahora. En los precios de la deuda estamos viendo también los primeros efectos del cambio de dirección de los Bancos Centrales. La deuda italiana a 10 años ha pasado de una rentabilidad del 0.50% en agosto del año pasado al 1.89%. La deuda española a ese mismo plazo, del 0% al 1.13%. Ese diferencial me parece engañoso. Aunque el monto de la deuda pública italiana sobre el PIB es mayor que el de la española, la deuda total del país es inferior, a lo que debemos añadir que Italia tiene superávit comercial y mucha de su deuda está en manos de inversores italianos, mientras que nosotros tenemos déficit comercial y nuestra deuda está en manos de extranjeros en más del 84%. Va a ser difícil ver dónde se asienta el mercado una vez desaparezca el mayor comprador de deuda, que es el BCE. Los movimientos de deuda están viniendo además con un aplanamiento de la curva de tipos (suben más los tipos de interés a corto plazo que a largo plazo) lo que viene a decir que las primeras subidas de tipos van a acabar con la recuperación económica y que esto terminará por provocar nuevas bajadas futuras de tipos de intervención. El dilema ahora mismo es cruel, porque pensábamos que el enemigo de la inflación estaba derrotado hace tiempo. Se ha estirado tanto el chicle y ha subido tanto el apalancamiento en la economía, que una leve subida de tipos puede hacer descarrilar la economía. Pero históricamente y aunque solo esté en los libros de historia, cuando la inflación se dispara el gasto real casi siempre se hunde. Veremos el efecto que tiene haber contratado una hipoteca a cuarenta años en máximos históricos de precios de casas. La gente va a aprender con sangre el significado de la palabra sensibilidad cuando se aplica al precio de las deudas (una subida de un uno por ciento en tipos de interés puede suponer subidas del 25% en la cuota del préstamo).

Buena semana,

Julio López Díaz, 08 de febrero de 2022

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