Abraham Lincoln

Julio López, 26 de septiembre de 2022

Abraham Lincoln indultó a ochocientos condenados a muerte por haber desertado del ejército. Uno de los afortunados fue un muchacho que abandonó sus obligaciones para casarse con su novia. Al conocer el motivo, no solo firmó el indulto, sino que apostilló: “Espero que sea muy feliz, y que nunca me reproche el haberle salvado la vida”

Los problemas parecen acumularse sin fin, y empieza a verse el miedo en los mercados financieros y en la situación macroeconómica en general. Todas las minas están saltando con efecto retardado, pero sin pausa. Aunque las causas son muy variadas, casi todas se pueden resumir en una: la preferencia por lo inmediato. El intentar solucionar el problema más cercano, sin caer en la cuenta, que provocas un efecto multiplicador nocivo a más largo plazo. El famoso dar la patada hacia adelante que valía tanto en economía como en la estrategia del Cholo. El dejar que se gangrene el cuerpo por no cortar la uña del dedo gordo. Los delincuentes de la Teoría Monetaria Moderna habían encontrado la forma de convertir el plomo en oro. Un Estado puede dar a la maquinita todo lo que quiera, al fin y al cabo, va a devolver ese dinero imprimiendo nuevos papeles, y con esa premisa, un Estado no puede nunca quebrar. Nunca se dieron cuenta que cuando calientas agua caliente a tope en la olla, al final termina por escaparse, lo único que falta por dictaminar es si lo hará filtrando el agua poco a poco, o con un absoluto petardazo. En el caso actual lo estamos pagando vía inflación. Hay otros que intentan seguir controlando la temperatura del agua vía fijando un control absoluto sobre los tipos de interés, como es el caso de Japón (cada vez que los tipos de su deuda llegan al 0.25% compran todo lo que salga), pero en ese caso la vía de escape es la depreciación abrupta de la moneda, y por tanto el empobrecimiento de sus ciudadanos que tienen que seguir pagando la gasolina en dólares.

Los mercados fijan los precios en función de las dinámicas de oferta y demanda, y lo que hemos tenido los últimos años ha sido una demanda “dopada” vía tipos de interés en negativo, impresión de dinero y gasto público a cascoporro para evitar el riesgo de colapso de las economías por el covid 19, con acciones irresponsables como los cheques de dinero que enviaba el gobierno americano sin medida. En cambio, hemos tenido una oferta contraída por los problemas de las cadenas logísticas, la decisión de las empresas de destinar sus recursos a la recompra de acciones en vez de a nuevas inversiones productivas, y la estigmatización absoluta de la inversión en fuentes tradicionales de producción de energía sin hacer un simple número de lo que eso podría suponer. Eso ha repercutido en una subida de precios, que va a tener un efecto dominó de vuelta que ya estamos viendo en los tipos de interés. Los efectos perniciosos llevan su tiempo y tardan en reflejarse, pero el veneno ya está en el sistema circulatorio. La secuencia es la siguiente: Los Gobiernos no ven el deterioro porque sus ingresos siguen subiendo, beneficiándose en un primer momento de la inflación (ingresan más por los impuestos de la compra de viviendas, de la gasolina, etc, y no deflactan las bases a los contribuyentes). La subida de tipos de interés tampoco se refleja en las cuentas, ya que solo se ve afectada la parte de la deuda que hay que renovar y no el grueso de la misma que ya tenía los tipos fijados. Pero con posterioridad la realidad da el bofetón, y los ingresos fiscales se hunden cuando se para la actividad y sube el desempleo, que como ya comentamos en cartas anteriores son indicadores retrasados, mientras que los gastos se quedan donde estaban (lo que pasó en España que el daño se vio en 2010 y 2011, y no en 2008) lo que vuelve a disparar el déficit y las medidas drásticas para impedir su crecimiento, que paran otra vez la demanda, etc, etc...

Más allá de diferentes posiciones ideológicas, hay algunas premisas que son irrefutables. Primero, mucha parte de nuestro bienestar nos viene de la energía. Esta energía ahora mismo tiene una composición que es la que es. El peso del gas natural es descomunal, y las energías alternativas limpias todavía no pueden cubrir esa parte. El peso de Rusia en la producción mundial no puede ser compensado a cuatro o cinco años por nadie, ya que no hay ni suficientes barcos metaneros (unos mil en el mundo) para transportar el gas licuado, ni capacidad de refino instalada para tratarlo. Eso sin tener en cuenta que el gas se transporta a 160 grados bajo cero con el consiguiente gasto energético para mantenerlo a esa temperatura. Estados Unidos ha suplido mucho de ese gas (solo hay que ver que en el último mes su déficit de balanza comercial ha disminuido en 10.000 millones de dólares por los beneficios de esa partida) utilizando muchos yacimientos de fracking que en muchos casos ya han dado lo que podían dar. Solo disminuyendo la demanda puede aliviarse la factura.

Segundo. Muchos de nuestros campos económicos están basados en sistemas piramidales o Ponzi. Los dos campos más claros son los sistemas de pensiones y la deuda pública por habitante.

Dependen de que las entradas sean mayores que las salidas para mantener su funcionalidad. Estamos viendo ya desde hace tiempo que esos esquemas están rotos. La crisis demográfica empieza a asomar con la guadaña, y aunque desde el punto de vista de necesidad de recursos supondrá un alivio, desde el punto de vista “financiero” es un drama. El crecimiento económico medido en PIB puede reducirse a una ecuación de dos sumandos, crecimiento de población + productividad. El extraordinario crecimiento económico tras la IIGM vino acompañado por una explosión demográfica. Si este sumando se da la vuelta, el resultado de la ecuación también lo hace, y ya solo crecimientos en la productividad importantes aportarían mejoras.

El mercado ya empieza a tomar nota de todas estas cosas y ya no se queda con los titulares, y busca donde descuadra el sudoku. Lo hemos podido ver con la decisión de bajar impuestos del nuevo gobierno británico con el fin de ayudar a la “gente”. A los 60.000 millones de libras ya aprobados en el paquete de apoyo energético, se suman otros 45.000 millones más en rebajas en el impuesto de la renta. Al gato británico le han buscado los pies de qué pasa con su deuda y con su moneda, y han mandado la deuda británica a por encima del 4% y a la libra a niveles históricamente bajos contra el dólar.

En fin, como decía el poeta: “No basta con huir. Hay que huir en la buena dirección”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 26 de septiembre de 2022

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